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    November 24

    TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO

     

     

     

     

    25 noviembre 2009

     

    A LOS DOS MIL AÑOS

    Y SIGUIENDO LAS HUELLAS DE SAN PABLO

     

    ¡ AQUÍ ESTÁS PRESENTE, SEÑOR !

    PABLO SOBRE LA EUCARISTÍA

     

    Hay para caer de rodillas solamente con escucharlo...

    “Dios está aquí”

     

    Dos protestantes norteamericanos se hallaban en una iglesia católica del norte de Italia. La señora, muy cristiana, acababa de perder a su esposo en el viaje, y, al no tener iglesia episcopaliana en la ciudad, iba al culto católico con la familia que la hospedaba cariñosamente.
    Aquel día en la Misa, al alzarse la Sagrada Hostia en la consagración, le dice con sorna el amigo que le acompañó sólo por caballerosidad:

    - ¿Te das cuenta? A eso llaman los católicos el Cuerpo de Cristo. Un simple recuerdo lo han convertido en el mismo Señor Jesucristo, y eso es lo que adoran.
    La joven señora calló. Pero empezó a discurrir, y contestó seriamente a su amigo:
    - ¿No está aquí Jesucristo? ¿Es la Eucaristía sólo un recuerdo? Entonces, ¿cómo dice San Pablo que el que comulga indignamente se hace reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor?...
    El amigo se calló como un muerto y no supo qué responder.
    Aquí estuvo todo. La señora protestante, bellísima mujer y ahora viuda, se hizo católica con sus cinco hijitos; en la Iglesia Católica comulgó muchas veces, y hoy la veneramos en los altares como la primera norteamericana canonizada: Santa Elizabeth Seton.
    Mujer tan querida, nos pone hoy ante una página verdaderamente excepcional de San Pablo: los capítulos diez y once de la primera carta a los de Corinto. ¿Por qué es tan “excepcional” esta página? Porque nos narra, con una fidelidad asombrosa, la institución de la Eucaristía bastantes años antes de que lo hagan los Evangelios.
    Y lo hace Pablo con las mismas palabras que Marcos, Mateo y Lucas, sin ponerse para nada de acuerdo con ninguno de los evangelistas, y con esta monición previa:

    - Les transmito la tradición que recibí del Señor.

    Es decir: la verdad que Pablo nos narra la ha bebido inmediatamente en la fuente más pura, como eran los apóstoles testigos de la Última Cena, y los primerísimos cristianos de las Iglesias de Damasco y de Antioquía y de Jerusalén, en las que recibió al Señor al celebrarse la Fracción del Pan.

    Por eso dice: “¡Les transmití la tradición que yo mismo recibí del Señor!”.
    ¡Benditas palabras de Pablo, que borran en la Iglesia, independientemente de los Evangelios, cualquier duda acerca de la realidad de la Eucaristía!
    “Dios está aquí”, canta desde entonces la Iglesia, y lo seguimos cantando nosotros con la misma fe de Pablo, de los demás apóstoles, de nuestros primeros hermanos en la fe.
    Como los racionalistas no pueden negar las palabras de Pablo ni las pudo borrar Lutero, todos los que están fuera de la Iglesia, por más explicaciones que se les quieran dar, siempre chocan con la tremenda realidad que dice Pablo: Esto ES ni cuerpo, esta ES mi sangre.
    Si ES, nada vale el cambiar la palabra por otras que se inventan a montones:

    - Celebren esto; “figura” de mi Cuerpo…; hagan esto como “memoria” de mi cuerpo…; conserven esto como “recuerdo” mío…

     

    Es inútil hablar así: Pablo el primero, y los Evangelios después, escribieron nítidamente:

    “Esto ES mi cuerpo, esta Es mi sangre”. Y Juan, ya ancianito, transmite las palabras del mismo Jesús: “Porque mi carne ES verdadera comida, y mi sangre ES verdadera bebida”.

    Pero, vaya, hoy no vamos a salirnos del relato de Pablo.

    Los sacrificios ofrecidos a los ídolos le sirven como de introducción:

    - ¿No se dan cuenta de que nosotros ofrecemos el Cuerpo y la Sangre del Señor? ¿Cómo pueden entonces ustedes comer el Cuerpo y Sangre del Señor, verdadero sacrificio cristiano, a la vez que comen el sacrificio ofrecido a Satanás?... (10,14-21)
    Así, claro. El pan y el vino consagrados SON realmente el Cuerpo y la Sangre del Señor.
    Pablo pasa después a la institución de la Eucaristía, cargada de historia apostólica y de doctrina sublime (11,23-27). Sus palabras no tienen desperdicio alguno:

    “Yo he recibido del Señor lo que les he transmitido a ustedes: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado tomó pan, y, después de dar gracias, lo partió, diciendo: Esto es mi cuerpo, el que se entrega por ustedes; hagan esto en memoria mía.
    “Igualmente, después de la cena, tomó el cáliz, diciendo: Este cáliz es la Nueva Alianza por la sangre mía; cuantas veces lo beban, háganlo en memoria mía.
    “Por lo mismo, cada vez que comen este pan y beben este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que venga.
    “Por lo cual, quien coma el pan y beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor”.


    ¡Hay para caer de rodillas solamente con escucharlo!... “¡Dios está aquí!”.
    Si sabemos analizar este párrafo grandioso, nos asombramos con cada palabra.
    “Yo lo he recibido del Señor”, dice. ¿Y quién se atreve a contradecir a Pablo?...
    “Después de dar gracias”, añade.
    Era el rito de los judíos sobre el pan que iban a comer. Gracias se traducía al griego por “eucaristía”. Y por “Eucaristía” conocemos en la Iglesia el máximo regalo de Dios.
    “Hagan esto”, dijo el Señor, y lo repite Pablo. Es decir: Hagan lo que Jesús ha hecho.
    Y lo que ha hecho Jesús es convertir el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre.

    “En memoria mía”, dijo también Jesús.
    Por poco hebreo que se sepa, “memoria” no es “recuerdo”, sino “memorial”.
    O sea: es la misma acción que hizo el Señor, repetida por los apóstoles y sus sucesores, a los que entonces consagraba Jesús sacerdotes en sucesión ininterrumpida a través de los siglos.
    “Hasta que el Señor vuelva”, añade Pablo.
    Hasta el fin del mundo seguirá la Iglesia repitiendo el gesto del Señor, mientras proclama su muerte y su resurrección.
    “Reo del cuerpo y de la sangre del Señor”, concluye Pablo con severidad.
    ¿Lo entendió bien Elizabeth Seton, la protestante, que se dio cuenta del error en que estaba y creyó después con toda su alma?...
    Su magnífico esposo, al enfermar gravemente, le pidió:

    - ¿No me puedes traer el recuerdo del cuerpo y la sangre del Señor?...
    La esposa querida le trajo un trocito de pan y una copita de vino:
    - ¡Tómalo! ¡Vete al cielo! ¡Jesús te espera!…
    Elizabeth hizo lo que entonces sabía.
    Después, católica, hubiera hecho más con el Pan consagrado.

    A nuestra fe en la Eucaristía se ha unido siempre la poesía más inspirada y más bella.
    “Una espiga dorada por el sol, el racimo que corta el viñador”…, cantamos.
    La naturaleza y el hombre se han unido para poner en manos del Señor lo más rico que produce la tierra y que saben fabricar nuestras manos:
    - ¡Toma, Jesús, este pan y este vino! ¿Qué vas a hacer con ellos?..., le decimos nosotros.
    Y nos contesta Él:
    - ¿Qué quieren que haga? Los amo mucho.
    ¡Tengan, coman, beban! Es el más rico manjar y la bebida más deliciosa que les puedo ofrecer en mi mesa. ¡Cómanme, que soy yo!...


    November 21

    SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

     

     

    22 noviembre 2009

     

    SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

    MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

    (Jn 18, 33-37)

     

    Jesucristo nuestro Señor es Rey Universal

    No quita los reinos de la tierra

    el que a todos da el Reino de los Cielos

     

    Reflexión

    Hemos llegado al último domingo del tiempo ordinario, antes de iniciar el período del adviento. Y la Iglesia siempre celebra y proclama en este día a Jesucristo, Rey universal.

    Las lecturas de la Misa de hoy nos presentan al Cristo Rey ya glorificado y Señor de la historia: en el Apocalipsis aparece Jesucristo, “el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra”. Él es “el que es, el que era y el que viene”; o sea el Eterno, el Todopoderoso. Es este mismo Jesús glorificado a quien contempla el profeta Daniel en su visión apocalíptica: “Yo vi en una visión nocturna venir a un Hijo de hombre sobre las nubes del cielo, y a Él se le dio el poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno, no cesará; su reino no acabará”.

    En el Evangelio, en cambio, vemos al Jesús “terreno”, al Jesús histórico, que comparece ante Pilato poco antes de ser condenado a muerte y colgado sobre la cruz. Y aparece el Cristo Hombre en toda su majestad y grandeza, como prefigurando ya su divinidad: “Tú lo dices –responde a Pilato—: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo”…. ¡Sí! Para ser Rey.

    Pero Cristo no es un rey cualquiera: “Mi reino no es de este mundo”. No es un reino de honores, de riquezas, de poderes y dignidades como lo entiende el mundo. Su reino es de una dimensión trascendente y muy superior. No es un reino terreno, sino celestial. Es un reino de amor, de justicia, de gracia y de paz; un reino que está muy por encima de las ambiciones humanas. Un reino que heredarán los pobres, los mansos, los que sufren, los misericordiosos, los humildes, los pacíficos, los perseguidos… Un reino, en definitiva, que poseeremos plenamente en la otra vida, pero que ya ha iniciado desde ahora.

    Hay en la Biblia una relación, de suma importancia, sobre la unción de David en Hebrón como rey de Israel. Dios lo había escogido hacía muchos años, en sustitución de Saúl. Pero la vida de David había sido hasta el presente muy azarosa. Al principio fue fulgurante, cuando, matado con la honda el gigante Goliat, salían las muchachas bailando y cantando:
    - ¡Saúl ha matado mil, y David ha liquidado a diez mil!

    Era como decir: el próximo rey será David. Y le entraron los celos a Saúl, que, de amigo, se convirtió en enemigo implacable. Llega un momento en que David, después de una vida de guerrero valiente y estratega magnífico, consulta a Dios:
    - ¿Debo ir a alguna ciudad de Judá?
    - Sí; vete a Hebrón.

    Allí se establece David, que desde Samuel había recibido la promesa de que un día llegaría a ser el rey de todo el pueblo. Primero le ungen como rey los hombres de Judá, y en Hebrón reinará siete años. Muerto Saúl, llegan los hombres de las diez tribus de Israel, que le dicen:
    - Somos como huesos tuyos y carne tuya.
    - ¿Qué queréis decirme con esto?
    - Que tú, aunque viviera todavía Saúl, nos guiabas antes como jefe nuestro. Ahora, ha llegado el momento de que se cumpla la palabra del Señor sobre ti, pues te dijo: Tú apacentarás como un pastor a mi pueblo; tú serás el rey de Israel.

    Subido a Jerusalén, allí reinará treinta y tres años, completando, con los siete de Hebrón, cuarenta años de reinado sobre el Pueblo de Dios.
    Pero, esto será nada más que un signo: a David le promete Dios darle en uno de sus descendientes un reino eterno. Cuando llegue el momento, dirá el Angel a María:
    - El hijo que vas a tener será grande; Dios le dará el trono de David, su antepasado; reinará para siempre sobre Judá, y su reinado no tendrá fin.

    Jesús será Rey. ¡Pero será un Rey tan distinto del que soñaban los judíos de su tiempo!...

    Nos basta ver cuándo y cómo es proclamado por los demás, y cómo se proclama Él mismo como Rey, para darnos cuenta de que va a ser y es un Rey muy especial.
    - Mi reino no es de este mundo, le dice a Pilato, el cual, le pregunta a su vez:
    - Entonces, ¿tú eres rey?.
    - Sí; yo soy rey.

    La investidura de semejante Rey es muy original. Los hombres lo hacen todo por burla, pero Dios convierte esa burla en el acto más sagrado y solemne. Herodes, un miserable reyezuelo, acaba de echarle encima una vestidura brillante y vieja, para decirle que es un rey loco... Los soldados brutos, se han dicho:
    - ¿Que éste es el rey de los judíos? ¡Pues, vamos a coronarlo!
    Y le ciñen una corona de espinas. Pilato lo muestra así al pueblo:
    - ¡Mirad al hombre! ¡Mirad a vuestro Rey!...
    Y hace colocar en el patíbulo de la cruz la causa de su condena a muerte:
    - Jesús Nazareno, el Rey de los judíos.

    Está claro, que nuestro Rey Jesús es un Rey muy especial. En vez de empezar su reinado --conquistado con su propia sangre-- aplastando a sus enemigos, lo primero que hace es perdonar:
    - Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen.

    Y al ladrón, que le confiesa como Rey desde su propia cruz, le promete con gozo inmenso:
    - ¡Hoy, hoy mismo, estarás conmigo en el paraíso!...

    Porque su reino va a ser esto: un reinado de amor, de perdón, de santidad, de paz. Y el premio que dará a los suyos, al final de todo --acabada la guerra contra todos los enemigos de Dios--, será hacerles participar de su propio Reino en una gloria inacabable:
    - Venid, benditos de mi Padre, venid al reino que os está preparado desde la creación del mundo.

    La Biblia entera, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, proclama continuamente al Mesías o al Cristo como Rey de todas las cosas.
    La Iglesia lo ha reconocido mejor que nadie, y modernamente ha instituido la Fiesta de Jesucristo Rey para recordar a todos los pueblos que tienen un Soberano con autoridad suprema sobre todas las naciones. Pero no hay que temerlo. Como canta un himno de Navidad ante la matanza de los Inocentes, les dice la Iglesia a todos las palabras dirigidas a Herodes: No quita los reinos de la tierra el que a todos da el Reino de los Cielos.

    Jesucristo es Rey para salvar. Si lucha, no es sino contra Satanás, para arrebatarle su imperio y arrancar de sus garras las almas que lleva a la perdición. Y Jesucristo se las arrebata para salvarlas a todas.

    Los cristianos somos súbditos fieles del Rey de reyes. Y estamos comprometidos a ser los dispensadores de su paz, de su perdón, de su amor. Ahora, nos toca la lucha de cada día, e ir teñidos en sangre, como nuestro Rey en el pretorio de Pilato y en la cruz. ¿El día de mañana?..., nos tocará ceñir corona de oro y manto de púrpura, como Jesucristo, el Rey inmortal de los siglos....


    November 20

    CON MIRADAS A MARIA

     

     

     

    21 noviembre 2009

     

    CON MIRADAS A MARÍA

     

    La mirada hacia María es hermosa,

    es siempre una mirada de amor

     

     

    Recordamos, para empezar, una frase famosa de hace muchos siglos.

     San Bernardo, que pasa como el gran amante de María,

     escribió una página ardorosa, en la que va repitiendo como un estribillo:

    ¡Mira la Estrella, invoca a María!...

    Y esta frase del gran Santo y Doctor,

     nos trae a la memoria una anécdota más cercana a nuestros días.

     El Papa Pío XI, hombre genial, investigador y artista,

     tenía su capilla privada llena de cuadros de la Virgen,

     que él mismo se entretenía en colocar y ordenar según su propio gusto.

    Cuando las paredes de la capilla quedaron llenas y ya no cabía nada más,

     los cuadros asaltaron la habitación contigua,

     mientras el Papa repetía sonriendo:

    - ¡Siempre es hermoso mirar a la Señora!...

    ¡Mirar a la Virgen!...

     Se pueden gastar nuestros ojos

     en contemplar muchas maravillas en el mundo.

    Pero llegar a ver una maravilla mayor

    que la Mujer más bella salida de las manos de Dios,

     nos va a ser un imposible.

     Habrá que esperar al otro mundo, de bellezas muy distintas al nuestro...

    Ahora, sin embargo, nos preguntamos:

     ¿Para qué miramos tanto a María?

     Alguna razón poderosa debe haber en ello...

     ¿Por puro gusto estético? No es motivo suficiente...

     ¿Porque esperamos algo de Ella? Tampoco,

     pues muchas veces no sentimos necesidad especial... ¿Por qué será?

    Y hay que buscar razones más poderosas.

     La primera de todas, la más convincente, será siempre el amor:

     María es nuestra Madre, la queremos sin más,

     y por eso no nos cansamos nunca de mirarla...


    Este amor se convertirá para nosotros en una aventura divina.

     Porque nos va a comprometer toda la vida,

     que, por ser totalmente mariana, será también totalmente cristiana.

    Está muy bien, ante todo, el entusiasmo que sentimos por la Virgen.

    Porque el entusiasmo se halla siempre en la base de la entrega.

     San Antonio María Claret,

     que sabía bien lo que significa amar apasionadamente a María,

     les hacía repetir con él a los penitentes,

     cuando habían acabado su confesión:
    - ¡Viva la Virgen Santísima! ¡Viva la Virgen Santísima!...
    De ese amor entusiasta

     nacerá después el hacer por la Virgen cualquier cosa en la vida cristiana,

     por ardua y difícil que sea.

    Vendrán después las manifestaciones sencillas del amor.

     Por ejemplo, el llevar colgada al pecho la medalla de la Virgen

    o su estampa encerrada en la billetera.

     Por ejemplo, poner ante su imagen una flor o prenderle una vela.

     Por ejemplo, visitarla en una ermita o capilla suya...

    ¿Que todo esto son niñerías? No lo creamos.

     La Virgen, con esas manifestaciones de amor,

     se lleva muchos besos,

     y esos besos nacen solamente de los labios de amantes sinceros.
    De esos labios nacerán también plegarias fervorosas.

    No fallarán las tres Avemarías por la noche antes de dormir.

     Se desgranará el Rosario, la devoción mariana por excelencia.

     Se le invocará a la Virgen en cualquier apuro, en cualquier necesidad.
    Con todo esto, se mantendrá siempre el recuerdo

    y el trato entre Madre e hijos.

     Y así, se estará viviendo siempre de María,

    y Ella seguirá dándonos siempre la vida de Dios

     por la Gracia que nos irá comunicando.

    Finalmente, se manifestará en nosotros esa dependencia de María,

     viviendo como Ella.

    Si nos hemos consagrado a la Virgen,

     querremos tener sus mismos sentimientos

     --que, por otra parte, son los sentimientos de Jesús--;

    querremos actuar como Ella;

     querremos que nuestra vida resulte en todo igual que la suya.

    Entonces, María se habrá convertido de hecho en el modelo

    y ejemplar de la vida cristiana para cada uno de nosotros,

     y llegaremos así a la perfección a que Dios nos ha destinado.
    Hemos empezado hoy mirando a María,

     igual que la miraban un Doctor de la Iglesia y un Papa:

    como algo hermoso y como Estrella de Salvación.

    Y se me ocurre ahora recordar la mirada de un sentenciado a muerte.

     El criminal se había obstinado en su crimen.

     Lo malo no era el no reconocer nada ante los hombres,

    sino que rehusaba todo el auxilio que le brindaba Dios.

     Llaman al sacerdote, pero todo resulta inútil.

     Se niega a la confesión y permanece impenitente.

     No hace ningún caso del padre que le ofrece el perdón de Dios,

     aunque le hayan condenado los hombres como criminal.
    Pero, mientras el padre le habla sin que él le preste ninguna atención,

     se pone a mirar la estampa Milagrosa que lleva el mismo sacerdote,

     la cual presenta al descubierto su Corazón,

    lo mismo que el Niño sentadito en sus rodillas.

     Esta mirada a la Virgen se hace cada vez más intensa.

     Sigue el condenado a muerte sin escuchar al sacerdote,

     porque su pensamiento lo tiene en otra parte.

     Hasta que prorrumpe en esta exclamación salvadora:
    "Muy hermosa es la Virgen de la estampa,

     pero más hermosa la voy a ver yo muy pronto en el Cielo."

    Recibe la absolución, sube los peldaños del cadalso,

     y su alma se escapaba hacia las alturas de la Gloria,

     donde le esperaba una Virgen María radiante de hermosura.


    Nuestras miradas a la Virgen no se van a acabar con nuestra vida en la tierra.

    ¡Hay que ver cómo la miraremos allá arriba, y para siempre!...

     

    November 19

    NUNCA DEJEMOS DE HACER LO BUENO

     

     

     

    20 noviembre 2009

     

    NUNCA DEJEMOS DE HACER LO BUENO

     

    No podemos dejar pasar

    una ocasión inmediata de hacer el bien

    con el engaño de que miramos a cosas

    más grandes y mejores

     

    Deseamos mejorar el mundo,

     extirpar las injusticias, aliviar dolores, eliminar el hambre,

     curar la malaria, y tantas otras cosas buenas.

    Soñamos muchas cosas buenas.

     Pero luego, en la vida cotidiana,

     no somos capaces de barrer el pasillo de casa,

     limpiar los platos, ayudar a recoger la comida,

     llamar por teléfono a un familiar

     o a un amigo necesitado de consuelo.

    Es un peligro que nos acecha a todos:

     queremos hacer grandes cosas,

     pero no somos capaces de empezar por cosas pequeñas.

    Desde luego, vale la pena todo esfuerzo

    por participar en proyectos grandes.

     Pero lo grande se inicia con actos de voluntad en lo pequeño.

     Como decían los antiguos:

     nada se convierte en alto de modo repentino,

     los edificios altos se levantan poco a poco.

    No podemos vivir de sueños ni de buenas intenciones.

     Hay que ir a lo concreto, a lo cercano,

     a lo que está en nuestras manos.

    No podemos dejar escapar

     una ocasión inmediata de hacer el bien con el engaño

    de que miramos a cosas más grandes y más buenas.

     Al final, como advierte santa Teresa de Jesús,

     no haremos ni lo uno ni lo otro.

    No entra e
    n el Reino de los cielos

     el que llena su boca de grandes exclamaciones

    y repite constantemente “¡Señor, Señor!”,

     sino el que pone en práctica

    los consejos que nos ofrece Jesucristo

     y se pone a trabajar (cf. Lc 6,46-49).

    Con uno, cinco o diez talentos

    (no importa si podemos poco o si podemos mucho)

    hoy tenemos ante nosotros un día magnífico,

     lleno de ocasiones concretas para vivir el Evangelio,

     para aprender que el primero en el Reino de los cielos

     es aquel que vive como servidor alegre y generoso,

     en lo grande y en lo pequeño (cf. Mt 25,14-30).

    November 15

    UNA CARTA A LA ESPERANZA


    16 noviembre 2009

     

    UNA CARTA A LA ESPERANZA

     

    Perdona si Te hablo así, con el corazón en la mano.

    Sé que la única esperanza que nos queda a los hombres

    eres Tú

     

    El padre abad llegó cansado a su habitación.

    Tomó la silla y un papel.

     Empezó a escribir.

    “Señor, te mando el mensaje por escrito, desde mi cuarto.

    Tengo mucho que decirte, y no sé cómo empezar.

    Esta semana me has hecho tocar tantas penas de los corazones:
    Padres que han visto morir a uno de sus hijos.
    Hijos que no saben cómo afrontar la vejez de sus padres.
    Novios que rompen después de muchos años de promesas.
    Adultos que pierden su trabajo.
    Jóvenes aprisionados por la droga.
    Ancianos que viven solos y sin el cariño de los suyos.

    Me abruma este mundo de dolor y de lágrimas

    en el que caminamos durante un tiempo frágil.

     Sé que es verdad lo que dice la Carta a los Hebreos:

     no tenemos aquí ciudad permanente.

    Pero muchos no continúan con la segunda parte de ese texto,

     que habla de buscar la ciudad futura (cf. Heb 13,14).

    Me gustaría tener la sencillez de Cristo para hablar a los corazones

     y ayudarles así a contemplar el cielo,

     las estrellas, las golondrinas, los jazmines.

     Me gustaría ayudarles a descubrir en este mundo magnífico

     tantas cosas buenas que son reflejo de tu cariño

     por cada uno de tus hijos.

    Pero muchos no tienen fuerzas para levantar su mirada hacia Ti.

     La enfermedad, la calumnia, el abandono,

     les ha llenado de penas y amarguras.

     Otros viven sumergidos en la tristeza del pecado:

     caen una y otra vez y no saben cómo romper con el vicio,

     cómo dejar la droga, cómo acabar con la adicción al sexo o al dinero.

    Me pregunto cómo ves Tú este mundo de tantas luchas,

    de tantas lágrimas, de tantos rencores, de tanta sangre.

     ¿No sientes pena por los hijos abortados antes de nacer,

     por los ancianos tristes y marginados,

     por los emigrantes despreciados o explotados,

     por los niños que no tienen con qué llenarse el estómago?

    Perdona si Te hablo así, con el corazón en la mano.

     Sé que la única esperanza que nos queda a los humanos eres Tú.

     Pero a veces me dan ganas de hacer mías las palabras

     que hace años te escribió Giovanni Papini,

     cuando Te pedía que al menos hicieses un milagro visible para todos,

     que pisases nuestro suelo

     y volvieses a encender un poco de esperanza.

    Como ves, estoy haciendo un poco el necio,

     porque no hace falta que “vuelvas”.

     Ya estás vivo entre nosotros.

     Estás en el Sagrario, en un silencio lleno de amores y de afectos.

     Estás en el enfermo, esperando una caricia y medicinas.

    Estás en el pobre, pidiendo un poco de limosna.

     Estás en el anciano,

    que desea solamente tener a su lado a alguien

     que le escuche unos momentos.

    Estás en mi corazón, como sacerdote,

     a pesar de que tiemblo por mis miedos

    y que también estoy herido por el pecado.

     Estás en tantas almas contemplativas

     que no dejan de sostener la llama de tu Amor en el mundo entero.

    Te pido la gracia de ser un poco como Tú:

     buen samaritano dispuesto a curar las heridas

    y las penas de los hombres y mujeres

    que encuentre cada día en mi camino.

     Ellos piden sólo la ayuda de un hermano

     que les recuerde y les manifieste tu Amor infinito

     por cada uno de tus hijos”.


    November 14

    ESPERANDO UN TIEMPO NUEVO

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    15 noviembre 2009

     

    DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

    CONSIDERACIONES A LA LUZ DEL SANTO EVANGELIO DEL DÍA

    (Mc 13, 24-32)

     

    ESPERANDO UN TIEMPO NUEVO

     

    A.- La liturgia dominical coloca los textos bíblicos de una manera didáctica, de acuerdo con lo que la Iglesia quiere comunicar en su catequesis precisa, en un momento determinado. Asistimos al final del año litúrgico y, en cierto modo, es como un final de una larga etapa. Y guarda un cierto paralelismo con la idea que podemos tener del final de todo lo creado. El texto de Marcos narra las dificultades que sufrirá el mundo cuando se produzca la vuelta gloriosa de Jesús. Y eso es algo que tendrá que ocurrir porque Él lo ha dicho. Marcos no hace otra cosa que recoger sus palabras. Y aunque una cosa sea que sus argumentos –hoy—concuerden con este final del calendario litúrgico, no podemos dejar de pensar que la Palabra de Jesús es verdadera y que, por tanto, en algún día, algunos hombres y mujeres serán testigos directos de los tiempos difíciles. Por eso no podemos tomarlas como algo lejano e increíble, como un reflejo de una historia antigua. Recordemos que Pablo de Tarso, en un momento, cuando escribe sus primeras cartas, cree fehacientemente que Jesús volverá antes de que el propio Pablo muera y que él mismo, junto con sus compañeros de fe, será arrebatado a la gloria tras el toque de la trompeta del ángel. Pablo comprendió que esa segunda venida iba para largo y se acomodó a la esperanza.

    B.- La espera del fin del mundo es muy frecuente en la vida de la humanidad. Se han dado muchas fechas, y se han hecho falsas profecías al respecto. Los pasos de siglo –y más de milenio—suelen producir esas cosas. Sobre la humanidad que pasaba del año 999 al año 1000 se generalizó la idea de que todo iba a acabar. Tal vez, estabas influenciada por las palabras del Libro del Apocalipsis sobre el encadenamiento de mil años de la bestia. En fin, no se sabe. Pero el hombre puede intuir que existe la posibilidad de ese final y que rota la normalidad de la vida en la tierra, todo ello puede llegar. Un terremoto, el efecto de un tsunami, o el impacto de una bomba atómica sobre las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki, son cosas terribles que pueden dar idea de la gran hecatombe. Además, hombres y mujeres sabemos que si nosotros morimos, y lo hacen también árboles milenarios, también puede desaparecer la vida en un planeta. En estos tiempos recientes, en estos años y meses, los científicos quieren descubrir si hay agua en la Luna o en Marte, y la realidad es que tanto juegan a que esa presencia del liquido elemento básico para la vida, bien puede venir del momento posterior a una gran catástrofe o, por el contrario, como elemento previo para que la vida se haga posible. Realmente la ciencia avanza, pero poco, y muy despacio. Téngase en cuenta que la teoría del Bing Bang –que algunos creen a pies juntillas—es sólo una hipótesis. El mundo pudo haber nacido de cualquier otra manera, científicamente hablando.

     

    C.- La primera lectura, de la profecía de Daniel, describe el momento de la llegada del Mesías que vendría acompañada de grandes prodigios. La profecía de Daniel es uno de los grandes textos apocalípticos del Antiguo Testamento y, en cierta medida, Jesús habla de su Segunda Venida, en una cierta unidad con lo que describe Daniel. Es lógico pensar, de todos modos, que los grandes cambios vienen acompañados de hechos prodigiosos. El refrán castellano habla que “tras la tormenta llega la calma”. Es decir, que en el juego de los tiempos y de los aconteceres, todo está relacionado. Cuanto menos, nosotros hemos de tomar conciencia y consciencia de que estamos a punto de iniciar un nuevo tiempo que nos habrá ayudar a mejorar. El Adviento, en la espera del nacimiento del Hombre Dios, es tiempo de conversión, es camino de infancia espiritual, es sin duda un tiempo nuevo y no sólo porque, cada año, en el primer domingo de Adviento, se inicia un nuevo año litúrgico.

     

    D.-  La segunda lectura, de Carta a los Hebreos, que hemos ido leyendo estos domingos, marca de manera magistral –y, sobre todo, para la mentalidad de los judíos de la generación de Jesús—que su sacerdocio es eterno y que su sacrificio solo ha ocurrido una vez. La estructura de la Carta a los Hebreos refleja la condición de Jesús como Sumo Sacerdote, es el sacerdocio de Jesús, en el que la Iglesia, año tras año, se ha visto reflejada. Pero, además, el sacrificio de Jesús vale para todos y en todos los tiempos. Es decir, no es una cuestión particular ligada al Templo de Jerusalén o a los templos de la Iglesia Católica. Sirve para todos los hombres y mujeres de antes, de ahora, y de todo el futuro. La definición como sacrificio universal de Jesús que hacer la Carta a los Hebreos es lo que cada grandeza a este tan importante y llamativo texto canónico sin autor conocido.

     

     E.-  No hemos de confundir pues las precisiones que Jesús hace sobre su futura venida con tanta literatura pseudo-religiosa sobre el fin del mundo. La espera sobre la Segunda Venida es otro motivo de alegría para los cristianos. Es la definición de que no estamos abandonados por Él y que un día, en su presencia y cercanía real y física, nacerá un nuevo mundo. Es la Jerusalén celestial que bajará del cielo ataviada con las mejores galas de una novia bellísima. Pero es cierto, también, que la espera de Jesús puede estar llena de problemas, inconvenientes y hasta hechos muy graves. No es fácil la vida de los cristianos es estos tiempos. No podemos pensar como Pablo que el Señor va a llegar pronto. La experiencia de Pablo así nos lo dicta. Pero tampoco podemos dejar de pensar que vendrá… Ciertamente, la fecha y el momento solo lo sabe el Padre. Ahora con el nacimiento del Tiempo del Adviento, de un nuevo Adviento lo que hacemos es esperar con alegría y emoción esa Primera Venida, allá en una noche muy quieta y tranquila de Judá.

     Y esa espera marca un tiempo nuevo que no debemos desaprovechar.

     

    CANTAR A MARIA

     

     

     

    14 noviembre 2009

     

    CANTAR A MARÍA

     

    Porque necesitamos la paz de su mirada,

    el calor de su compañía,

    la ternura de su afecto,

    la alegría de su sí al Padre

     

    Cantar a María

     es una manera íntima, humana, muy nuestra, de cantar a Dios.

     Es reconocer que la Redención ha sido completa en nuestra Madre.

     Es celebrar que Ella,

     en cierto modo, nos representa ante el Dios amante de la vida,

     redentor del hombre y de la historia.

    Cantar a María es mirar al mundo con ojos distintos.

     Porque la santidad divina

     purificó completamente una existencia humana.

     Porque el sí de la creatura fue genuino y alegre.

     Porque el Amor encontró en una joven de Nazaret su morada.

     Porque no faltó el vino en Caná

     y empezaron, para todo el mundo, las bodas del Cordero.

    Cantar a María es reconocer la grandeza de Dios.

     Porque mira al humilde, porque acoge al débil,

     porque rechaza al soberbio,

    porque salva al pecador arrepentido.

     Porque quiso ser Niño,

     porque quiso tener Madre humana,

    porque empezó a ser Hermano nuestro.

     Porque tuvo necesidad de alguien que sufriese,

     como Mujer, como Mediadora,

    al lado de la cruz.

    Cantar a María es aprender a ser como niños.

     Porque necesitamos la paz de su mirada,

     el calor de su compañía,

    la ternura de su afecto,

     la alegría de su sí al Padre.

     Porque queremos ser creyentes como Ella,

    porque necesitamos fiarnos de Dios,

     porque no nos resulta fácil caminar en las tinieblas,

     porque necesitamos ayuda para escuchar la voz del Espíritu.

    Cantar a María es parte de nuestro caminar cristiano.

    No hay Hijo del Hombre sin la Madre.

    Jesús la quiso, y, en Ella, nos quiso a todos.

    También a quien lucha contra el egoísmo,

     a quien siente difícil la pureza,

     a quien piensa que es imposible el amor al enemigo.

     También a quien se levanta, una y mil veces, tras la caída,

     para pedir perdón a Dios

     (un Dios presente a través del sacerdote

    que repite lo que diría el Hijo: te perdono).

    Cantar a María

    es decir, simplemente, desde el corazón, un gracias a Dios.

     Porque en su Madre nos ha amado con locura.

     Porque venció así nuestro pecado.

     Porque nos abrió el cielo, donde está Ella esperándonos.

    Porque nos quiere pequeños, débiles, pero seguros:

     no hay miedo junto a la Madre.

     Sólo hay esperanza, alegría y amor sincero.

    November 12

    NOVIEMBRE, MES PARA MEDITAR

     

     

    13 noviembre 2009

     

    NOVIEMBRE, MES PARA MEDITAR

     

    Es el mes en que se habla de la muerte Jesús mío...

    y no nos gusta.

    No estamos preparados para ello

    y tan solo nos causa desasosiego

     

    El día está desapacible....soledad en la Capilla,

     la luz roja parpadea y tu estás ahí Señor...

    y yo como siempre estoy frente a ti

     y no se por qué tengo un sentimiento de melancolía...

    debe ser el mes de noviembre.

    Este mes que nos llena de recuerdos

    de los seres que ya no podemos ver,

     lugares vacíos, ecos de voces queridas ... que ya no oímos,

     siluetas y rostros que llevamos en nuestro corazón,

     pero...que ya no están.

    Es el mes en que se habla de la muerte

    y los crepúsculos tienen una luz mortecina

     y el viento que va arrancando las hojas de los árboles

     nos habla de la proximidad del invierno.

     Si tuviera color le pondríamos un tono gris, serio y formal,

     con pinceladas de color cobre y oro....

    Es el mes en que el pensamiento de la muerte nos pone inquietos

     pero solo por unos días

    pues pronto nos liberamos de este,

     para seguir, con alegría inconsciente,

     sumergiéndonos en el bullicio de la vida.

    Pensar, meditar en la muerte no nos gusta.

     No estamos preparados para ello y tan solo nos causa desasosiego.

    Sabemos que algún día llegará...

     Tu, Jesús, nos dices: Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora.

     Estad alerta, para no ser sorprendidos.

    La muerte ha de llegar, eso no cabe duda,

    pero tu Señor, nos trajiste la esperanza de la resurrección.

     Creer en que vamos a resucitar es algo que nos aligera el alma

    y que en realidad no es la muerte

    sino una transformación de la propia vida.

    Y San Pablo nos dice en su primera carta a los corintios:

     Ahora bien,

     si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos,

     ¿cómo andan diciendo algunos de entre vosotros

    que no hay resurrección de muertos?.

    Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó

     y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación,

     vana también vuestra fe.

     Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos

    como primicia de los que se durmieron

    Esta fe es la que nos alimenta, Señor,

     y hace que tengamos una esperanza en esa muerte

    como puerta hacia la otra vida,

     hacia la vida eterna.

    Pero eso si,

    ese viaje a la eternidad nos obliga a tener listo "el equipaje",

     nos hace vivir día a día con el esfuerzo y la voluntad de ser mejores.

    No podemos despreciar el momento presente

     para obtener méritos que serán presentados ante tu Juicio, Señor.

    Los seres queridos que se fueron

    nos impelen de mil formas y momentos

     a que preparemos "ese camino"

    y ese final de nuestra vida terrena,

     porque ellos ya saben que el gozo será infinito

     cuando traspasemos esa temida puerta de la muerte

    y podamos contemplar el rostro de tu amado Padre,

     el tuyo , el de tu Santísima Madre

    y también el de todos los que se nos adelantaron.

    Mes de noviembre.... mes para meditar.

    November 11

    LA FE QUE TANTO ANHELAMOS

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    12 noviembre 2009

     

    LA FE QUE TANTO ANHELAMOS

     

    Dios quiere darla a mi corazón,

    a pesar de mis dudas, de mis caídas, de mis fracasos,

    si abro mi corazón, si me dejo tocar

     

    Tienes razón: la fe parece un regalo difícil, que pocos reciben,

     que resultaría inalcanzable para algunos.

    Hay quienes creen con naturalidad, como el pez que nada en el agua.

    Otros viven en un desierto interior:

     no encuentran (o no reconocen) señales para saber dónde está el agua,

     para iniciar el camino que les lleve al encuentro con Dios.

    Es cierto que duele vivir sin fe.

    Pero también es cierto que Dios quiere dar la fe a todos,

     pues de lo contrario no sería ni justo ni bueno.

    La quiere dar a mi corazón,

     a pesar de mis dudas, de mis caídas, de mis fracasos.

     La quiere dar al tuyo, al de todos,

     si nos abrimos, si nos dejamos tocar,

     si quitamos andamios de racionalismo

    y empezamos a mirar las cosas con ojos nuevos.

    Es fácil decirlo, pero el camino a veces se hace largo.

     Además, hay tantos obstáculos...

    El primero, quizá el más difícil,

     es ese egoísmo que exige agarraderas firmes

    y satisfacciones inmediatas,

    cuando la fe me pide que deje lo fácil y lo seguro

     para empezar un camino hacia lo desconocido,

     como Abraham, como Moisés, como Elías, como María de Nazaret.

    La mentalidad moderna, además,

     nos dice que la fe pertenece a un mundo superado,

     a corazones débiles, a personalidades inmaduras y manipulables.

     En realidad, como explicaban los Padres de la Iglesia,

     quien renuncia a servir a Dios, el Señor,

     termina encadenado a muchos “señores”

     (dinero, alcohol, aplausos, poder, sexo, triunfos profesionales,

    técnicas psicológicas, medicinas y consultorios, dietas y métodos de relajación).

    Al final, uno que deseaba ser independiente, maduro, realizado,

     acaba por vivir atento a la báscula,

     a la cuenta del banco,

    a los niveles de colesterol.

     Como si todo fuese bueno

     mientras las cosas están en los cauces que esperamos,

     y como si todo perdiese su sentido

     cuando inicia el declive o cuando un golpe de la vida

    (accidente, crisis económica, fracaso familiar)

    nos hace descubrir que no éramos invulnerables.

    No sé si con estas líneas te pueda abrir un horizonte a la esperanza

     y un camino para la fe.

     Estoy seguro de que Dios ya está tras tus huellas,

     como lo está tras las mías,

     con un respeto y un cariño que no imaginamos.

    Porque también Dios,

     en modos que para nosotros son desconocidos,

     “espera”, sin límites de lugares, de tiempo, de historias personales.

    Te dejo así estas ideas, un poco incompletas y pobres.

     Estoy seguro de que Dios hará el resto.

     Rezaré por ti.

     No dejes de pedir por mí, pues todos somos del mismo barro:

     tarde o temprano nos llegan momentos de oscuridad y de tristeza,

     y necesitamos ese apoyo sincero del hermano,

     del amigo, del compañero de viaje.

    El resto, y siempre es lo más importante (es todo), lo hará Dios,

    en quien creo, en quien espero, a quien amo,

    con mis heridas y mi flaqueza.

     Ojalá que pronto lo descubras también tú,

     y podamos, entonces, decir juntos, pausadamente,

     “Padre nuestro...”.

    November 10

    SIGUIENDO LAS HUELLAS DE PABLO

     

     

     

    sanpablo01

     

     

    11 noviembre 2009

     

    A LOS DOS MIL AÑOS

     

    Y SIGUIENDO LAS HUELLAS DE SAN PABLO

     

    OLIMPIADAS CRISTIANAS

     

    A correr los valientes

    ¿Y nosotros, los cristianos?...

     

    No una corona de laurel, ni una medalla de oro,

    sino la vida eterna

     

    Cada cuatro años, ya lo sabemos: ¡las Olimpíadas!...

    Y hay que ver las horas que pasamos ante el televisor, y cómo devoramos los periódicos, y cómo contamos oros, platas y bronces, y cómo nos llenamos de orgullo con los vencedores de nuestra tierra…
    Todo eso está magnífico. Felicitamos a Grecia que inventó e inició las Olimpíadas hace ya veintisiete siglos. Y las seguimos celebrando para aprender a cultivar sanamente los ideales de humanismo y de fraternidad que entrañan.
    Pero, colocándonos ahora en la mente de San Pablo, queremos aprender sobre todo las enseñanzas que nos dan en orden a la vida cristiana. Sí, cristiana, como suena. El Apóstol las vivió en su tiempo y de ellas sacó lecciones inolvidables.
    ¿De veras que San Pablo se metió en las Olimpíadas?... Ciertamente, las aprovechó para enseñar. Lo mismo que el Papa con los deportistas de hoy.
    Por ejemplo, Juan Pablo II, en el Gran Jubileo del año 2000, acudió al Estadio Olímpico de Roma para presenciar y animar el partido de fútbol durante el Jubileo organizado especialmente para los deportistas.

    Unas Olimpíadas propias, se celebraban cada dos años en Corinto: eran los Juegos Ístmicos, que apasionaban a los corintios como hoy a nosotros las grandes ligas deportivas.

    ¿Qué hace entonces Pablo en sus cartas?... Toma las competiciones deportivas para enseñarnos lo que es la vida del cristiano:
    -¡Corre como los atletas! ¡Entrénate antes como hacen ellos! ¡Lucha conforme al reglamento! ¡Conquista la corona de laurel! ¡No te canses y sigue hasta el fin!...
    San Pablo recurre muchas veces a esta comparación tan bella y tan apasionante. Con frecuencia lo hace usando solamente una palabra deportiva, y se entiende lo demás.
    Por ejemplo, cuando le escribe a su discípulo más querido:

    “Corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura” (1Tm 6,11)

    O como cuando le escribe:

    “Conquista la vida eterna a la que has sido llamado” (1Tim. 6,12)

    Las palabra “corre” y “conquista” lo dicen todo.

    El pregonero gritaba en el estadio ante la multitud: -¡Timoteo ha quedado vencedor!...
    Y viene el premio: -¡Agarra la corona que te alarga Cristo como a vencedor, Timoteo!
    Sin embargo, hay en las cartas ocasiones en que Pablo explana la comparación. La más notable la tenemos en la carta precisamente a los de Corinto, y poniéndose como ejemplo él mismo, como si fuera uno de los atletas:

    “¿No saben que en las carreras del estadio todos corren, pero uno sólo se lleva el premio? ¡Corran ustedes de manera que lo consigan!
    “Los atletas se privan de todo; y eso, ¡por una corona corruptible!; nosotros en cambio lo hacemos por una incorruptible.
    “Así, pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado” (1Co 9,24-27)

    ¡Qué párrafo tan magnífico! Soñando en una corona de laurel o de olivo, los atletas se imponían una vida austera a fin de ganarla y lucirla después en sus cabezas coronadas, con la admiración de todos:
    -¡Ahí va el héroe! ¡Este es el mejor corredor de Grecia!...
    ¿Cuánto duraba incorrupta la corona, cuánto tiempo estaban las alabanzas en la boca de todos?...
    Y para eso se imponían toda clase de sacrificios mientras duraban los entrenamientos.
    Ni la satisfacción del sexo se permitían, como atestigua el poeta pagano Horacio. ¡Nada, austeridad total!

    Pablo saca la consecuencia:

    - ¿Y nosotros, los cristianos?... No una corona de laurel, ni una medalla de oro, sino la vida eterna, ¡qué ya es decir!... Por sacrificios y deberes que imponga la vida cristiana, ¿qué son ante la gloria que espera a los triunfadores?...
    Precioso, sencillamente. Pero en una ocasión Pablo se supera a sí mismo.
    Es cuando a los de Filipos les narra su conversión.
    Jesucristo se le tira detrás a aquel fariseo, lo alcanza ante las puertas de Damasco, y Pablo se da cuenta de quién le ha perseguido y quién le vence.
    Entonces, en vez de rendirse, Pablo se tira detrás de Jesucristo, diciéndose:
    -¿Si? ¡Veremos a ver si gano o no!...
    Se lanza detrás del que le ha dado alcance, y confiesa:
    - No he atrapado todavía del todo a Jesucristo. Aún no soy perfecto. ¡Pero sigo adelante en mi carrera hasta alcanzarlo, igual que Cristo Jesús me alcanzó a mí! Sigo corriendo hacia la meta, al premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús. (Flp 3,8-15)

    Sublime lo de Pablo, que entusiasma con esto de las Olimpíadas. Y ese su discípulo que escribió la carta a los Hebreos, conocedor del pensamiento de su maestro, nos coloca a todos en el estadio.
    En las gradas, como espectadores, están todos los que ya triunfaron: santos y santas innumerables, que entre gritos y aplausos van animando a todos desde el Cielo:

    - ¡Venga! ¡Corre! ¡Aprisa! ¡No te detengas! ¡Que ya falta poco!...
    ¡Para ti una medalla de oro! Y tú, ¡no te contentes con la de bronce!...
    Para correr bien, quítate de encima todo lo que te estorbe, ¡sé valiente!...
    ¡Mira a Jesús que va delante de ti! Él no tuvo miedo ni a la cruz, y ya ves con qué medalla lo condecoró el Padre…

    Esto significa ese párrafo entusiasmarte:
    “También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, por el gozo que se le proponía, soportó la cruz y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hbr 1,1-4)

    Las Olimpíadas que contemplamos cada cuatro años en el televisor son bellas y estimulantes, es cierto. Pero están limitadas para pocos.

    Las Olimpíadas cristianas cuentan con atletas innumerables y magníficos, con un Dios que es espléndido en las medallas que reparte.

    A cada uno le enseña la de oro, mientras le dice sonriendo:

    -Es para ti. ¿La quieres?...

    November 09

    QUIÉN ES DIOS

     

     

     

     

    10 noviembre 2009

     

    EXPLÍCAME QUIÉN ES DIOS

     

    La mejor respuesta la darán

    quienes tratan con Dios como lo que es:

    nuestro Padre, nuestro mejor Amigo y Redentor

     

    En la ciudad de Barcelona dos esposos se acercan a un sacerdote y le preguntan si sabía inglés. Ante la respuesta afirmativa, piden un favor especial: que explique a su hijo de 10 años quién es Dios.

    El mismo hijo había formulado varias veces esa pregunta a sus padres. Pero como ellos eran ateos, no se sentían capaces de ofrecer una respuesta. El niño no sabía prácticamente nada sobre Dios, pues no había recibido ninguna educación religiosa en casa o en la escuela. Quizá habría escuchado en algún lugar algo sobre ese ser misterioso que algunos llaman “Dios”. Un día empezó a buscar a alguien que le pudiese decir algo más sobre este “tema”.

    Esta anécdota nos pone ante dos realidades. La primera es que hay familias en las que la religión brilla por su ausencia. Algunas de esas familias han aceptado un ateísmo teórico y práctico. Organizan su vida según lo que resulta “normal” y racionalizable: obtener dinero con un trabajo honesto, acoger a los hijos, tener momentos de descanso y de vacaciones, quizá realizar alguna actividad de tipo filantrópico. Los hijos son educados en un completo vacío religioso, pues Dios no tiene ningún espacio en esos hogares: se vive como si no existiese, como si fuese totalmente ajeno a la existencia humana.

    Otras familias se caracterizan por poseer un “barniz” de algunos principios religiosos. Creen en la existencia de Dios, incluso quizá pertenecen a la Iglesia católica o a alguna confesión cristiana. Pero, en la práctica, la vida se desarrolla alrededor de preocupaciones y de proyectos que son comunes a quienes no creen en Dios. Los hijos reciben algunas ideas cristianas, pero no ven casi nunca orar a sus padres, ni tienen momentos para leer la Biblia o hablar de religión con ellos.

    La segunda realidad es ese deseo de conocer a Dios que nace, espontáneo o provocado, en los niños y en no pocos adultos. Algunos han vivido en el ateísmo más radical, teórico o práctico, pero un día se preguntan si sea posible que exista un Dios. Y, si Dios existe, quieren saber cómo es, qué hace, si se puede tratar con Él y si interviene en la vida de los hombres y mujeres del planeta.

    La pregunta de un niño de 10 años podría suscitarnos una extraña sensación interior de desasosiego. ¿Qué hubiese ocurrido si me hubiese preguntado a mí? ¿Cómo le respondería?

    No es fácil hablar de Dios a quien nada sabe de quien nos ama con locura, como un Padre, como una Madre. Cada vez será más frecuente tener que responder a este tipo de preguntas. La mejor respuesta la darán quienes tratan con Dios como lo que es: un Ser superior y cercano, nuestro Creador y nuestro mejor Amigo, nuestro Redentor. Quienes han descifrado lo que es su amor de Padre y lo que ha hecho al enviarnos a su Hijo. Quienes tienen un corazón de niños, manso y humilde, puro y pacífico, y se dan con alegría al servicio de los que viven a su lado. Quienes han dejado su egoísmo y han aprendido que en el Reino de los cielos es mejor dar que recibir, servir que ser servido, humillarse que enaltecerse, morirse en el surco, como la espiga, que conservar los dones de Dios escondidos bajo la almohada. Quienes, en definitiva, aman mucho porque se les ha perdonado mucho...

    November 08

    VANDALISMO ANTIRRELIGIOSO

     

    9 noviembre 2009

     

    PENA ANTE EL VANDALISMO ANTIRRELIGIOSO

     

    Tengo un deber de reparar, de rezar, de pedir perdón

    por un gesto de odio antirreligioso,

    por un acto grave de intolerancia

     

    El padre abad escribió sus reflexiones después de lo sucedido.

    «Este día ha sido especialmente difícil para mí y para otros compañeros.

    Fuimos a una montaña de paseo. Antes de llegar a la cumbre pasamos, como siempre, ante una imagen de la Virgen y una placa con la dedicatoria de los católicos del pueblo. También había allí una pequeña estatua del Sagrado Corazón.

    Allí nos encontramos con una sorpresa desagradable: alguien vino antes de nosotros para destruir, para romper, para ultrajar.

    El rostro de la Virgen estaba marcado por los golpes. El Niño Jesús que llevaba en brazos había perdido una mano. La placa del pueblo había sido derribada. Y el Sagrado Corazón estaba ahora sin cabeza.

    Allí mismo rezamos unas breves oraciones de desagravio. Queríamos pedir perdón a Dios por quienes cometieron un gesto salvaje, por quienes han despreciado la fe de nuestra gente. Queríamos decirle que le amamos, que le veneramos, que le tenemos por nuestro Dios y nuestro Señor, que su Madre es muy querida por nosotros.

    ¿Por qué este acto sacrílego? Uno de mis compañeros estaba muy indignado. Dijo que los que cometieron este ultraje eran irracionales, peores que animales. Yo no pude no corregirle: por desgracia los agresores blasfemos son seres que piensan, dotados de libertad: pueden amar y pueden odiar, pueden comprender o pueden dejarse vencer por la ignorancia, pueden tolerar sanamente a los demás o pueden ceder a acciones violentas y salvajes.

    Sí: son seres humanos, no son animales. Porque los animales siguen instintos muy precisos, “respetan” en cierto sentido a Dios y saben vivir dentro de sus propios límites. Los hombres, en cambio, podemos matar, podemos robar, podemos escupir al cielo, podemos vivir en la mentira y el odio.

    Pero luego también tuve que mirar mi propia alma. Las personas que cometieron este atentado contra objetos de nuestra fe católica sabían ciertamente que iban contra Jesús y contra la Virgen, pero seguramente no tienen la menor idea de lo bueno que es Jesús y lo amorosamente Madre que es la Virgen.

    En cambio, yo, que he estudiado teología, que he tenido tantos días de oración y de retiro, que he recibido los sacramentos, que he leído la Biblia, que he sido ayudado por sacerdotes muy buenos en dirección espiritual, que sé quién es Jesús y quién es la Virgen; yo, que he sido tan mimado por Dios, ¿no he cometido cientos de pecados en mi vida?

    En cada uno de esos pecados mi malicia podría incluso ser mayor que la de aquellos gamberros, porque yo sí sé muy bien lo que es ir contra el Salvador, lo que significa despreciar a mis hermanos, lo injusto y ruin que es el pecado.

    Quizá las personas a las que llamo “salvajes” por destrozar nuestras estatuas no conocen casi nada de la fe cristiana, aunque sus actos no por ello dejan de ser terribles. Al menos, con un mínimo de educación, sabrían respetar los objetos de quienes pertenecen a una religión distinta de la que ellos tengan (si es que tienen alguna).

    Pero, de nuevo, yo he aprendido desde niño que Dios es Bueno, que existe la misericordia, que si no perdonamos no seremos perdonados, que el amor es el centro de nuestra vida cristiana. ¿Y cómo vivo? ¿Qué hago? ¿Cómo permito todavía al egoísmo dominar en mi vida y destruirla entre mis miserias y pecados?

    Tengo un deber de reparar, de rezar, de pedir perdón por un gesto de odio religioso, por un acto grave de intolerancia contra dos imágenes muy importantes de nuestra fe católica. Pero tengo, sobre todo, que renovar el camino de conversión, para arrancar de mi vida todo pecado. Porque esos actos míos quizá (y sin quizá) le duelen a Dios mucho, más de lo que puedan hacer unas personas inconscientes y llenas de odio contra la Iglesia.

    Hoy es un día para rezar, para pedir perdón, para cambiar. Dios Padre está triste, seguro, por haber visto a quienes destrozaron la imagen de su Hijo y de su Madre. Pero Dios Padre también está triste por mí y por tantos católicos que vivimos llenos de tibieza y de pecados.

    Señor, desde lo más íntimo de mi corazón, Te pido perdón y misericordia por tu pueblo, por todos y cada uno de tus hijos. Arreglaremos pronto las imágenes y rezaremos para reparar el sacrilegio.

    Pero, sobre todo, Te prometo que buscaré ser menos egoísta, menos tibio, menos cobarde. Desde hoy me esforzaré por vivir la caridad y testimoniar el Evangelio para que en el futuro no haya nadie que vuelva a despreciar imágenes sagradas; y para que todos podamos vivir el mandamiento del Amor que nos dejaste en tu Evangelio».

    November 07

    DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

     

    8 noviembre 2009

    DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

    REFLEXIÓN SOBRE EL SANTO EVANGELIO DEL DIA

    (MC 12, 38-44)

    POBRE POR FUERA, PERO BELLA Y GENEROSA POR DENTRO

    Poco a poco,

    Jesús, nos va desplegando todo su programa de vida:

     su percepción de las cosas y de las personas.

     La relación, sincera y fluida, que hemos de tener

    los hombres y mujeres de fe respecto a Dios.

     Hoy, al asomarnos por la ventana del Evangelio,

    contemplamos a una viuda pobre.

     Una mujer que, más allá de dar de la abundancia,

     ofrecía desde la escasez, desde su pobreza:

     lo daba todo.

     Era su beldad, su grandeza:

     en Dios estaba toda su esperanza

     

    A.- Una lección bien práctica y sugerente en esta eucaristía. No nos podemos contentar con proporcionar bienes materiales si, ese desprendimiento, no supone una donación de nuestras personas, de nuestros talentos. Es decir, el mérito no está tanto en el cuánto se da, sino en el cómo y desde dónde se da. Podríamos decir que, la calidad de nuestra generosidad, no está en la cantidad sino en el sacrificio que supone. Se suele decir que, el amor, es más puro cuanto más cuesta cuidarlo, mantenerlo y consolidarlo.

     

    -Es fácil hablar mucho, para quien es elocuente.

     

    -Es factible ser generoso, para quien lo posee todo.

     

    -Es viable salir al paso de las necesidades de los más pobres desmigajando un poco el gran pan de nuestra riqueza. Pero, lo meritorio, es cuando sin tener demasiado, se comparte hasta lo que no se tiene. Cuando, sin saber demasiado, se habla lo justo y necesario. Cuando, sintiendo uno necesidad en su propio entorno, mira más allá de sí mismo y, olvidándose de sí , ve más estrechez al lado que en su indigencia personal.

    Todos, como la viuda, podemos enajenarnos de aquello que nos hace falta.

    -Tiempo. Vamos deprisa, andamos escasos de él. Detengámonos un poco. Escuchemos a los hijos. Dialoguemos en familia.

    -Amor. Nunca, el mundo, ha estado tan lleno de todo como escaso de afecto. El ser humano anda mendigando amor. Ofrezcámoslo. Un amor sincero que se traduce en compañía y silencio, una visita oportuna a un enfermo o una palabra de aliento al que se encuentra abatido, deprimido.

    -Humildad. Brilla por su ausencia en muchos de nosotros. ¿Por qué escuchamos con cierta frecuencia “creo en Dios pero no en muchos cristianos”? En algunos casos será justificación para no integrarse ni comprometerse con la vida eclesial. Pero, en otros, nos debiera urgir el interrogarnos, interpelarnos seriamente sobre nuestra coherencia de vida. Si, en verdad, lo que decimos creer se refleja o no en nuestro pensamiento, actitudes, alegría, etc.

     

    B.- La viuda del evangelio de hoy, no daba lo que tenía. ¡Daba mucho más! ¡Se desprendía de todo lo que tenía! De aquello que precisaba para seguir adelante. Y, lo bueno, es que Dios no pasaba por alto su causa.

    Una vida acomodada no es el mejor garante ni acompañante para un cristiano. Tampoco es que, el Señor, nos ponga la soga al cuello o boca abajo para que nos vaciemos de todo lo que poseemos. ¡Va mucho más allá! Quiere lo que llevamos dentro. Que sepamos que, todo lo que hacemos o dejamos de realizar, no le es indiferente.

    Caminaban dos peregrinos por el desierto. Y, en medio del sofocante calor, uno de ellos –habiendo quedado sin agua- le pidió al otro (que también la necesitaba para seguir caminando) su cantimplora. Cuando llegaron al final de su peregrinación, el primero le dijo al segundo: “dame por favor, esa fuerza interior, que te ha empujado a darme el agua que tú necesitabas”.

    Esto es lo que, el Señor, nos pide en nuestro itinerario cristiano. La vida interior. La belleza interior. Esa capacidad que nos convierte tremendamente generosos y no egoístas; esa intuición que nos hace estar presentes ahí donde la humanidad nos necesita y no mirándonos al propio ombligo. Esa satisfacción de decir “he hecho aquello que tenía que hacer y punto”. Sin orgullo ni llevando cuentas de lo mucho que hemos hecho por los demás. Entre otras cosas porque, si lo hemos llevado a cabo, es porque hemos podido. Porque Dios nos ha bendecido con la abundancia.

     

     C.- Bueno sería, terminar esta reflexión, observando nuestras manos. Cuando se abren, son manos del Señor; cuando se cierran, son manos de uno mismo. Nuestros ojos: cuando miran lo que dan, son ojos humanos; cuando miran hacia un lado y otro, buscan saciar una y otra vez necesidades. Nuestro corazón: cuando no pone su atención en lo material, es corazón que busca a Dios; cuando se siente preso entre las rejas de lo efímero, es que no sabe vivir en la libertad de los hijos de Dios.

     

    November 06

    MARIA ES NUESTRA INTERCESORA


     

     

     

     

    7 noviembre 2009

     

    MARÍA ES NUESTRA INTERCESORA

     

    ¿Quién mejor que ella para comprendernos

    y pedir por nuestras almas a Su Hijo?

     

    Jesús, elevado en la Cruz, nos regaló una Madre para toda la eternidad.

     Juan, el Discípulo amado, nos representó a todos nosotros en ese momento

    y luego se llevó a María con él,

    para cuidarla por los años que restaron hasta su Asunción al Cielo.

    María se transformó así no sólo en tu Madre,

     sino también en la Madre de nuestra propia madre terrenal,

     de nuestro padre, hijos, de nuestros hermanos, amigos, enemigos, ¡de todos!.

    Una Madre perfecta, colocada por Dios en un sitial muchísimo más alto

     que el de cualquier otro fruto de la Creación.

     María es la mayor joya colocada en el alhajero de la Santísima Trinidad,

     la esperanza puesta en nosotros como punto máximo de la Creación.

     La criatura perfecta que se eleva sobre todas nuestras debilidades

    y tendencias mundanas.

    ¡Por eso es nuestra Madre!.

    La Reina del Cielo es también el punto de unión entre la Divinidad de Dios

     y nuestra herencia de realeza.

    Nuestro legado proviene del primer paraíso,

     cuando como hijos auténticos del Rey Creador

     poseíamos pleno derecho a reinar sobre el fruto de la creación,

    la cual nos obedecía.

     Perdido ese derecho por la culpa original,

     obtuvimos como Embajadora a una criatura como nosotros,

     elevada al sitial de ser la Madre del propio Hijo de Dios.

    ¡Y Dios la hace Reina del Cielo, y de la tierra también!.

     Allí se esconde el misterio de María

    como la nueva Arca que nos llevará nuevamente al Palacio,

     a adorar el Trono del Dios Trino.

    María es el punto de unión entre Dios y nosotros.

    Por eso Ella es Embajadora, Abogada, Intercesora, Mediadora.

     ¿Quién mejor que Ella para comprendernos

    y pedir por nuestras almas a Su Hijo, el Justo Juez?.

     María es la prueba del infinito amor de Dios por nosotros:

     Dios la coloca a Ella para defendernos,

    sabiendo que de este modo tendremos muchas más oportunidades de salvarnos,

     contando con la Abogada más amorosa y misericordiosa

     que pueda jamás haber existido.

     ¿Somos realmente conscientes del regalo que nos hace Dios

    al darnos una Madre como Ella,

     que además es nuestra defensora ante Su Trono?.

    Si tuvieras que elegir a alguien para que te defienda en una causa difícil,

     una causa en la que te va la vida.

     ¿A quien elegirías?.

    Dios ya ha hecho la elección por ti, y vaya si ha elegido bien:

     tu propia Madre es Reina y Abogada, Mediadora e Intercesora.

    ¿Qué le pedirías a Ella, entonces?.

    Reina del Cielo, sé mi guía, sé mi senda de llegada al Reino.

     Toca con tu suave mirada mi duro corazón,

     llena de esperanza mis días de oscuridad

    y permite que vea en ti el reflejo del fruto de tu vientre, Jesús.

     No dejes que Tus ojos se aparten de mi,

     y haz que los míos te busquen siempre a ti,

     ahora y en la hora de mi muerte.



    November 04

    EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO



     

     

     

    5 noviembre 2009

    EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO

     

    UNA PALESTRA DE CASTIDAD

    ¡ PRECISAMENTE EN CORINTO !

     

    Maridos, ¡ entréguense a sus esposas !

    Mujeres, ¡ entréguense a sus maridos !

    Es un derecho y una obligación de todos,

    a la vez que un regalo de Dios

     

    La carta de Pablo a los Corintios nos trae hoy una sorpresa grande. Sabemos que ciudad de Corinto no tenía más rey que el dinero ni otra reina que la lujuria.

    Se popularizaba esto con dichos que nos han llegado hasta nosotros. “No cualquiera puede ir de viaje a Corinto”, decían los turistas de aquel entonces, pues la billetera tenía que estar bien llena.

    Y por todas partes corría la palabra griega “corinciáceszai”, “vivir a lo corinto”, es decir, divertirse y gozar lujuriosamente, como lo enseñaban las mis sacerdotisas prostitutas de la diosa Afrodita, la Venus de los griegos, la cual tenía su templo en la cima del Acrocorinto que dominaba la ciudad.

    Pues bien, en este trasfondo de la inmoralidad de Corinto, hay que situar todo lo que la carta primera de Pablo dice sobre la castidad, sobre el matrimonio, sobre la virginidad, sobre el celibato.

    Por encima de las miserias humanas, que las hubo y grandes, ¿cómo es posible que se alce tan alto un ideal de pureza que casi resulta inconcebible?...

    Desde luego, que en la Iglesia de Corinto había miserias. No era fácil desarraigar de repente la inclinación al vicio de algunos convertidos. Por ejemplo, el caso que hizo a Pablo levantar el grito hasta el cielo:
    “¿Cómo es posible que se dé entre ustedes una fornicación que ni entre los paganos, hasta tener uno por mujer a su propia madrastra”, quitándosela a su padre? (1Co 5,1)

    Y les advertía a todos, porque eran muchos los que necesitaban el aviso:

    “¿No saben que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿Y hay que tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta? ¡Huyan de la fornicación!
    “Su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y ya no se pertenecen.
    “Pues el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor” (1Co 6,13-19)

    Sin embargo, aquí viene lo sorprendente. Pablo no se tiró para atrás al anunciar el Evangelio de Jesucristo, y se encontró, -¡en Corinto precisamente!-, con matrimonios bellamente unidos, y con el ideal de la virginidad y del celibato por el Reino de los Cielos.

    Por lo visto fueron muchos, bastantes al menos, los que dijeron:
    - Sí!, por el Señor Jesús, vale la pena…

    Pablo reconoce esta gracia y este carisma del Espíritu Santo en Corinto. Recibe consultas sobre el asunto, y contesta de modo que admira y hasta nos asombra. El capítulo séptimo de la carta primera no se puede leer sin emoción.

    ¡Cuánta gracia de Dios!...

    Pero Pablo, aunque se entusiasme y bendiga al Señor por sus queridos corintios - que le causan tantas alegrías a la vez que tantos quebraderos de cabeza-, es un hombre sensato y va respondiendo a cada pregunta con gran prudencia.

    ¿Quieren saber mi parecer, pues creo tener el carisma del consejo, recibido del Señor?
    Está muy bien eso de la virginidad y el celibato.
    ¡Qué más quisiera yo sino que todos fueran esto que soy yo, célibes!
    Pero cada uno tiene su propio don del Espíritu Santo: uno de una manera, otro de otra.
    El celibato es un don, y el matrimonio es otro don de Dios.
    El casado tiene un regalo de Dios, y el célibe tiene otro regalo venido de Dios también.

    Ya en la primera respuesta indica Pablo el gran corazón que tiene. Y sigue:

    Sí, me gustaría, varones, que fueran célibes; y ustedes, mujeres, que optaran por la virginidad.
    Sin embargo, y ya que me lo preguntan, les digo que, para evitar la fornicación, cada uno tenga su propia mujer y cada mujer tenga su propio marido.
    Sigan si quieren ese alto ideal del celibato.
    Pero si les cuesta mucho, cásense, que les resultará mucho mejor.

    Pablo hace gala de un gran sentido común.
    Y quiere que los esposos cristianos cumplan como tales:

    Maridos, ¡entréguense a sus esposas! Mujeres, ¡entréguense a sus maridos!... Es un derecho y una obligación de todos, a la vez que un regalo de Dios.

    Ante la plaga del divorcio, viene ahora Pablo y repite a los de Corinto el precepto expreso de Jesucristo:

    Miren lo que les mando, no yo, sino el Señor en persona: que el hombre no se separe de su mujer ni la mujer de su marido.

    Este era bien claro el mandamiento de Jesús en el Evangelio. Pero, ¿qué hacer si se ha dado el caso de una separación? Ahora encarga Pablo con seriedad, pero se adivina el mucho cariño de su corazón:

    - ¡No se separen! Y, si se separan, sepan que no pueden volver a casarse. Entonces, lo mejor es que, si se ha dado la separación, vuelvan a reconciliarse: el marido no rechace a la mujer, y, naturalmente, tampoco la mujer deseche al marido.


    Ante la inquietud que sentían algunos casados de dejar el matrimonio para darse del todo al Señor, Pablo les sale al frente y les dice:

    -¡No se les ocurra! Siga cada uno en su matrimonio. Continúen en el mismo estado que tenían cuando recibieron la fe y fueron bautizados. Porque ésa es la vocación en que fueron llamados y en la cual han de perseverar.

    Como vemos a cada paso y en cada cuestión, Pablo es sensato de veras y tiene una visión amplia del cristianismo.

    Por eso les insiste a sus lectores, todos ellos discípulos tan queridos:

    Para que vean que no les fuerzo, les repito:

    ¿Estás casado o casada? No busques separación.
    ¿Te quieres casar? Cásate, pues no faltas.
    Lo único que yo quiero es ahorrarles preocupaciones en el servicio del Señor.

    Pablo no ha podido mostrarse más comprensivo, más generoso, más noble.
    Al predicar y escribir así, Pablo es fiel al Señor Jesús, y es fiel también a los cristianos, que deben gozar de plena libertad en sus decisiones.

    Este capítulo siete de la primera a los Corintios es de lo más notable que hay en las cartas de Pablo. ¡Qué corazón el del Apóstol! ¡Qué generosidad la de aquellos primeros cristianos!

    ¡Y qué lección también para el mundo de hoy!...

    Sobre el ansia de placer desbordado que entontece a tantos, triunfa en muchos, hoy como entonces, la fuerza de Jesucristo, el cual no se deja vencer…

    November 03

    PARA LOS QUE SE FUERON...

     

     

     

     

    4 noviembre 2009

     

    PARA LOS QUE SE FUERON...

    EL MEJOR DE LOS RECUERDOS

     

    Dios conoce el corazón del ser humano,

    y sabe de ese sufrir originado por esa partida.

    Él ha de poner en nuestro corazón el consuelo sobrenatural

     

    Qué gratificante y consolador es poder pensar, por el don de la fe y la virtud de la esperanza, que aunque ya no estén a nuestro lado los seres queridos, ellos viven con su propia identidad en la presencia de Dios y abogan por nosotros.

    A ellos podemos acudir en nuestras dificultades para que por su intercesión logremos y alcancemos la paz en las angustias o penas por las que frecuentemente tenemos que atravesar en esta vida.

    Por esto y por muchas cosa más es que la religión católica es tan completa y hermosa. Nada de lo que hay en el corazón del hombre deja Dios sin satisfacer.

    El mayor de los anhelos de la humanidad es no morir. Permanecer siempre, ser inmortal. Y esto es lo que Cristo nos promete cuando nos dice: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, el que cree en mi, vivirá para siempre".

    Cristo pasó por la muerte. Murió, pero resucitó.. Vencedor de la muerte, soberano de la Vida. Creer en la resurrección de los muertos ha sido, desde sus comienzos, un elemento esencial de la Fe cristiana. No hay reencarnación. Tenemos una sola vida desde nuestra concepción hasta siempre. "La resurrección de los muertos es la esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella" ( Tertuliano. 1-1).

    Según la vida va pasando, los seres que amamos van partiendo.... algún día sabemos que nos tocará a nosotros. Como los árboles que en el otoño dejan caer sus hojas, así de los troncos familiares y sus ramas las personas se van. Ya no están con nosotros, los abuelos, los tíos, los padres, el esposo o la esposa, a veces algún retoño fresco y nuevo también le toca irse...tal vez es entonces cuando más duele, cuando más difícil es la disponibilidad para la aceptación.

    Dios conoce el corazón del ser humano, sabe de ese sufrir originado por "esa partida", a veces sorpresiva y si tomando ese dolor se lo entregamos, El ha de poner en nuestro corazón el consuelo sobrenatural, pues de no ser así, hay separaciones tan dolorosas que humanamente no serían soportables.

    Un día de noviembre, un día triste y gris, lleno del vacío que dejan los seres queridos cuando se van, leí algo que trajo a mi alma consuelo profundo e inolvidable.

    Decía así: "No es que se han muerto, se fueron antes... Lloras a tus muertos con un desconsuelo tal que pareciera que tu eres eterno. Tu impaciencia se agita como loba hambrienta, ansiosa de devorar enigmas. ¿Pues no has de morir tu un poco después y no has de saber por fuerza la clave de todos los problemas que acaso es de una diáfana y deslumbradora sencillez? Déjalos siquiera que sacudan el polvo del camino. Déjalos siquiera que restañen en el regazo del Padre las heridas de los pies andariegos. Déjalos siquiera que apacienten sus ojos en las verdes praderas de la paz... El tren aguarda, ¿por qué no preparas tu equipaje?

    Esta será más práctica y eficaz tarea. El ver a tus muertos es de tal manera cercano e inevitable, que no debes alterar con la menor festinación las pocas horas de tu reposo. Ellos en un concepto cabal del tiempo, cuyas barreras transpusieron de un solo ímpetu, también te aguardan tranquilos. Tomaron únicamente uno de los trenes anteriores.... No es que se hayan muerto: se fueron antes"

    Se fueron antes y nos dejaron el vacío profundo y doloroso de su partida pero al mismo tiempo la inexorable verdad de que un día también nosotros partiremos y de esa partida lo único y más importante es la imagen que dejaremos a los que se quedan, el recuerdo del testimonio que dimos de nuestro paso por esta vida, de nuestra ternura, de nuestra comprensión, de nuestro amor...

    De eso, solamente de eso es de lo que nos debemos preocupar: del ejemplo de amor a Dios, de honestidad, de misericordia y bondad que dejaremos como el mejor de los recuerdos.

    November 02

    LA CASA DE LOS MIL ESPEJOS

     

     

     

     

     

     

     

    3 noviembre 2009

     

     

    LA CASA DE LOS MIL ESPEJOS


    Una historia que ilustra

    sobre la visión que tenemos de nosotros mismos


    Cada uno tiene un espejo,.... escojan el suyo.
    Hace mucho tiempo, en un pequeño y lejano pueblo,

    existía una casa abandonada.

    Cierto día, un perro buscando refugio del sol, logró meterse

     por un agujero de una de las puertas de dicha casa.

     El animal subió lentamente las viejas escaleras de madera.

     Al terminar de subir, se topó con una puerta semi-abierta;

    lentamente entró en el cuarto.

    Para su sorpresa,

    se dio cuenta que dentro de ese cuarto había 1000 perros más

    observándolo tan fijamente como el los observaba a ellos.

    El perro comenzó a mover la cola

    y a levantar sus orejas poco a poco.

     Los otros 1000 hicieron lo mismo.

    Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos.

     El perrito se quedó sorprendido

    al ver que los otros 1000 también le sonreían

    y ladraban alegremente con él.

    Cuando el perro salió del cuarto

    se quedó pensando para sí mismo:

    - "Qué lugar tan agradable.

     ¡Voy a venir con más frecuencia a visitarlo!"

    Tiempo después, otro perro callejero entró al mismo sitio,

    y por ende, al mismo cuarto.

    Pero a diferencia del primero,

    este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto

    se sintió amenazado

     ya que lo estaban observando de una manera agresiva.

     Éste empezó a gruñir

    y obviamente vió como los otros 1000 le gruñían.

    Comenzó a ladrarles ferozmente y ellos también le ladraron.

     Cuando salió del cuarto pensó: -

    - "Que lugar tan horrible es este.

     ¡Nunca mas volveré a entrar allí!

     Frente a dicha casa había un viejo letrero que decía:

    "La casa de los 1000 espejos".

     Varias veces he escuchado

    que "todos los rostros del mundo son espejos"...

     ¿Cómo te gustaría enfrentar al mundo?.

    Decide cuál rostro mostrarás y decide llevarlo por dentro.

     Las cosas más bellas del mundo no se ven ni se tocan;

    sólo se sienten con el corazón.

    Antes de ver un arco iris, tienes que ver un poco de lluvia...

     No eres responsable de la cara que tienes,

     eres responsable de la cara que pones.



    ¡ VA POR VOSOTROS, QUERIDOS DIFUNTOS !

     

    2 noviembre 2009

    ¡VA POR VOSOTROS, QUERIDOS DIFUNTOS!

    A nadie se nos ha prometido una vida lisa y llana,

     sin dificultades o tropiezos.

    Todos, en nuestra existencia,

     hemos comprobado y lo vamos sintiendo,

    como la vida tiene muchos contrastes:

    luz y oscuridad,

    alegría y pena,

    dudas y certezas,

    vida y muerte.

     

    A.- Hoy, en este día,

     recordamos a todos aquellos que nos han precedido

    en el camino de la fe y en nuestra existencia.

     

     ¡Cuánto les debemos! ¡Cuánto les añoramos!

    ¡Cuántas gracias damos a Dios

    por la oportunidad que nos dio de quererlos, cuidarlos y despedirlos!

     

    Nos precedieron en el camino de la fe.

     Nos enseñaron a ser fuertes en estos momentos.

    En definitiva nos dijeron que, por el hecho de ser hijos de Dios,

     su muerte no podía ser un “hasta nunca”

    sino, por el contrario, “hasta la vuelta de la esquina”,

     “hasta que, con nuestra muerte, nos encontremos todos de nuevo”

     

    B.-  Nos reunimos en este día de difuntos

     por muchas y poderosas razones.

     

    Primero: porque el testimonio y el paso de los nuestros

     no nos ha dejado indiferentes.

     Fueron escuela

    en la que nos sentamos aprender los principales valores de la vida.

     Nada ni nadie podrá sustituirles.

     Ellos, aun estando ausentes, son referencia en muchos momentos

    en los que necesitamos reflexionar, pensar o decidir.

     Esta convocatoria, por lo tanto,

     nos invita a agradecer a Dios por tantos y tantos frutos

     que supimos ver madurar y recoger en el árbol

     de nuestros seres queridos, los difuntos.

     ¡Dales el descanso, Señor!

     

    Segundo: porque, si ya aquí, quisimos lo mejor para ellos,

     es ahora cuando pedimos a Dios

     que no tenga en cuenta aquellos borrones

    que se pudieron dar en alguna de las hojas de sus vidas.

     ¿Quién es perfecto? Sólo Dios.

     Por ello mismo, orar por nuestros difuntos,

     significa confiar en Dios, hablarle de ellos

     y –sobre todo- recordar al Señor que murieron creyendo,

     y esperando en El.

     ¡Dales, la vida eterna, Señor!

     

    Tercero: porque en la cruz de Cristo todo se ilumina.

    Y, con la muerte de nuestros seres queridos

     (padre, madre, hijo, hermano…….)

    hemos visto como, la cruz, se plantaba en el centro de nuestra familia,

    en el núcleo de nuestra felicidad,

    en lo más hondo de nuestro corazón.

     Mirando a la cruz de Jesús todo adquiere un sentido distinto:

     “volveré”. Y, con esa promesa del Señor, nos quedamos.

     Volveremos a vernos.

     En cuerpos glorificados.

     En mañana de resurrección.

     En aquel día en que, cuando Dios quiera,

     seremos llamados a dar cuenta de nuestra fe,

     de nuestra esperanza y de nuestra caridad.

     Mientras tanto, aún siendo dura la prueba,

    en la cruz que mata, nos consolamos

    y hasta nos hacemos invencibles

     por Aquel que venció al peor enemigo del hombre

     (la muerte) en una cruz.

     ¿Pudo dar algo más que su sangre Jesús?

     ¡Dales, el abrazo de Hermano Mayor, Señor!

    --Que el silencio hable,

     no son necesarias muchas palabras

    --Que la Palabra del Señor nos ilumine,

     sobran las nuestras

    --Que el recuerdo aflore,

    pero que para fortalecer nuestra fe

    --Que la oración brote,

    es lo único que llega hasta ellos

    --Que la Eucaristía se reparta,

    para que sea anticipo de lo que nos espera

     

    C.-  Pidamos al Señor que,

     

    todos nuestros familiares difuntos, gocen de esa paz,

     de esa alegría, serenidad y reconocimiento que tal vez el mundo

     –o nosotros mismos- no les supimos dar.

    Pidamos al Señor que, esta celebración,

     sea una firme profesión de lo que creemos y esperamos:

    la resurrección que conquistó Cristo en su alzada a la cruz,

    descendimiento al sepulcro y triunfo sobre la muerte.

     

    ¡ Por vosotros, queridos difuntos !

    ¿POR QUIÉN TOCAN LAS CAMPANAS?

    ¿Por los que marcharon o por los que aquí quedamos?

    Suenan por todos y para todos

    Por los que ya no pueden hablar, y tanto nos dijeron

    Por los que ya no pueden amar, y ¡cuánto nos amaron!

    Por los que creyeron, y nos enseñaron a confiar en Dios

    Por los que esperaron, y nos invitaron a no desesperar

    Suenan, las campanas, por vosotros –queridos difuntos-

    pero suenan para que no olvidemos

    que un día, también con vosotros,

    estamos llamados a compartir la misma suerte:

    ¡¡¡ MORIR PARA RESUCITAR !!!

     

    October 31

    TODOS LOS SANTOS

     

     

     

     

    1 noviembre 2009

     

    SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

     

    CONSIDERACIONES EN TORNO A ESTA FIESTA

     

    La fiesta de todos los santos nos recuerda la multitud de los que han conseguido de un modo definitivo la santidad, y viven eternamente con Dios en cielo, con un amor que sacia sin saciar. Es también la fiesta de todos os que estamos llamados a unirnos a los que forman la Iglesia triunfante: nos anima a desear esa felicidad eterna, que solo en Dios podemos encontrar. Vivimos en esperanza, somos varones de deseos (como el profeta Daniel), de que Dios saciará todo el afán de felicidad que anida en nuestro corazón, como decía San Agustín: “nos has hecho, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. San Pablo dice que nadie puede imaginar las maravillas que Dios nos tiene reservadas. Saciarán sin saciar, y este pensamiento de plenitud nos ha de ayudar a llevar la cruz de cada día sin caer en conformarnos con premios de consolación, con pequeñas compensaciones efímeras, que a la hora de la verdad son engaños, cartones repintados que defraudan las ansias de cosas grandes de nuestro corazón.

    San Juan Apóstol, que en sus años mozos siguió al Señor, nos dice ya en su madurez que vale la pena: “El que existía desde el principio, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplaron y palparon nuestras manos... lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su hijo Jesucristo. Esto os lo escribimos para que vuestra alegría sea completa” (1 Juan, 1). Estamos llamados a pertenecer a la familia de Cristo, desde toda la eternidad hemos sido pensados, amados, para este fin, y para ello hemos sido creados: predestinados como hijos queridísimos, por puro amor (como comienza diciendo la carta a los Efesios. Esta gratuidad de la llamada a la amistad con Dios está desarrollado en muchos otros lugares como 1Tes. 4,3).

    "La meta que os propongo -mejor, la que nos señala Dios a todos- no es un espejismo o un ideal inalcanzable: podría relataros tantos ejemplos concretos de mujeres y hombres de la calle, como vosotros y como yo, que ha encontrado a Jesús que pasa ‘quasi in occulto’ por las encrucijadas aparentemente más vulgares, y se han decidido a seguirle, abrazados con amor a la cruz de cada día. En esta época de desmoronamiento general, de cesiones y desánimos, o de libertinaje y de anarquía, me parece todavía más actual aquella sencilla y profunda convicción...: estas crisis mundiales son crisis de santos” (san J. Escrivá).

    Para ello tenemos los medios de siempre, que hay que adaptar a las circunstancias de cada vida: oración y sacramentos, que son medios y no fines, el fin es al que se va avanzando como el que va hacia una luz, paso a paso: con la gracia de Dios, y la lucha alegre, vamos hacia Jesús, a corresponder a su amor con nuestra correspondencia que se manifiesta en la sensibilidad para hacer la voluntad de Dios. Con estos medios tenemos experiencia de Dios, como la tuvo Moisés en el Monte Sinaí ante la zarza ardiendo sin consumirse, cuando se le manifestó el Señor diciéndole: “descálzate porque este lugar es santo”, y cuando bajó del monte, cuando su faz reflejaba la luz divina. Es también la experiencia de San Pablo camino de Damasco: ciego ante la luz, para penetrar en la luz interior. Eso es la santidad: sentir a Dios en nosotros, sentirse mirados por Dios que tira de nosotros con suavidad y fuerza hacia arriba, si le tomamos la mano que nos ofrece para que allá donde está Él también vayamos nosotros. Esa determinación de seguir a Cristo se va desplegando en una serie de virtudes que al procurar vivir con alegría y constancia, se va haciendo heroísmo.

    Ha dicho Jesús: “Una sola cosa es necesaria” (Lc 10,42): la santidad personal. Este es el secreto de la alegría, la buena nueva para el mundo, la siembra de paz que necesita la sociedad. La gran solución para todo, es la santidad: ese encuentro personal con Dios, que ponemos –ante el ofrecimiento de su gracia- buena voluntad, es decir correspondencia: lucha, esfuerzo personal por ser mejores y hacer el bien, pues la fe, si no va unida a las obras, está muerta.
    En esta vocación que es la vida, escucha y correspondencia, diálogo abierto del hombre con Dios, parece que lo más importante es lo que hacemos nosotros sin embargo luego vemos que en realidad lo fundamental es lo que hace Dios, de ahí la vida como “dejar hacer” a Dios, como ofrenda agradecida, de acción de gracias. Decía P. Urbano que “un santo es un avaricioso que va llenándose de Dios, a fuerza de vaciarse de sí... un débil que se amuralla en Dios y en Él construye su fortaleza… un hombre que todo lo toma de Dios: un ladrón que le roba a Dios hasta el Amor con que poder amarle... El quid de la santidad es una cuestión de confianza: lo que el hombre esté dispuesto a dejar que Dios haga en él. No es tanto el ‘yo hago’, como el ‘hágase en mí’... El santo ni ama, ni cree, ni espera a solas: él siempre cuenta con el Otro. Por eso el santo confía... uno de esos que se fía de Dios. Pero hay que decir que, antes, Dios se ha fiado de él”. Y la meta es inabarcable, siempre en construcción: “¿La cima? Para un alma entregada, todo se convierte en cima que alcanzar: cada día descubre nuevas metas, porque ni sabe ni quiere poner límites al Amor de Dios”.

     

     

    October 30

    Y SE LLAMABA MARÍA...

     

     

     

    maria

     

     

    31 octubre 2009

     

    Y SE LLAMABA MARÍA...

     

    María creyó en el Dios del amor,

    de él se fió y a él le cantó todas las maravillas

    que hizo en ella y en su pueblo

     

    No más que el cielo puede ser espejo tuyo. ¡Oh sol!-suspiró la gotita de rocío.

    “Yo siempre estoy soñando contigo. ¿pero qué puedo esperar? Soy tan pequeña para tenerte en mí –Y se echó a llorar desconsolada.

    “Le contestó el sol: Yo lleno el cielo infinito; pero también puedo estar en ti, gotita de rocío. Yo me haré chispa para llenarte y tu vida pequeñita se hará un mundo de luz”. (Tagore)


    María era como una pequeña gota de rocío

    que, por recibir a Dios, se hizo luz para el mundo.

     María creyó en el Dios del amor,

    de él se fió y a él le cantó todas las maravillas

     que hizo en ella y en su pueblo.

    La Virgen se llamaba María.

     Así la pusieron sus padres.

     Era un nombre muy corriente, pero que tenía un gran significado:

     “La llena de gracia”.

    María, la criatura más cercana a la Trinidad, estuvo llena de Dios.

     Dios estaba en María y María vivía en Dios y de Dios.

    El creador dejó una profunda huella en su alma

    y por donde caminaba María,

     se palpaba la presencia del Omnipotente.

    Sin darse cuenta, un día cualquiera, Dios la cambió.

     “Fue un día en que no te esperaba.

     Entraste, sin que yo lo pidiera, en mi corazón.

     Y pusiste un sello de eternidad en los instantes fugaces de mi vida" (Tagore).

    María creyó y por eso fue alabada.

     “Ella concibió la Palabra de Dios antes en la mente que en el seno”

     (San Agustín).

     Isabel pone la fe de María como fundamento

    de todo lo que ha realizado y va a poder realizar.

     Así dice “Feliz la que ha creído

    que se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor”

     (Lc 1,45).

     San Pablo habla de la fe como fundamento de toda vida cristiana:

     “El justo vive de la fe”(Rom 1,17).

     Así lo entendió San Juan de la Cruz

     al poner la fe como único medio adecuado para unir el alma a Dios.

     Para conocer y poseer a Dios es necesario,

     despojarse de todos los bienes para quedarse con sólo Dios.

    Aunque la Virgen recibe la alabanza de su prima,

     expresa con el canto del Magníficat lo que Dios es para ella: todo.

     Este himno de acción de gracias alaba a Dios

    por la elección que hizo en ella,

     a pesar de ser tan pequeña;

     reconoce, además, la providencia y misericordia de Dios en el mundo

    y el cumplimiento de las promesas hechas a los padres antiguos.

    María experimenta en su vida que “para Dios no hay nada imposible”

     (Lc 1,37).

     Dios visitó a María y de este encuentro nació el Amor.

     Es imposible explicar la acción de Dios.

     Algo nos pueden aclarar estas palabras de Tagore:

     “El que puede abrir los capullos, ¡lo hace tan sencillamente!.

     Los mira, nada más, y la savia de la vida corre por las venas de las hojas.