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9月30日

1 octubre 2009
CACHORROS EN VENTA
Esta historia nos invita a aceptarnos y amarnos
tal como somos
El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio
en la puerta, que decía:
"Cachorritos en venta". Esta clase de anuncios siempre atraen a los niños,
y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando
cual era el precio de los perritos.
El dueño contesto que oscilaba entre $30 y $50.
El niño metió la mano en su bolsillo,
sacó unas monedas y dijo:
"Sólo tengo $2.37, ¿puedo verlos?".
El hombre sonrió y silbó.
De la trastienda salió su perra corriendo
seguida por cinco perritos.
Uno de los perritos
estaba quedándose considerablemente atrás.
El niño inmediatamente señaló al perrito rezagado
que cojeaba y preguntó que le pasaba.
El hombre le explicó que cuando el perrito nació,
el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa
y que cojearía por el resto de su vida.
El niño se emocionó mucho y exclamó:
"¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!".
Pero el hombre replicó:
"No, tú no vas a comprar ese cachorro,
si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo".
El niño entonces se disgustó,
y mirando directo a los ojos del hombre le dijo:
"Yo no quiero que usted me lo regale.
Él vale tanto como los otros perritos
y yo le pagaré el precio completo".
"Le voy a dar mis $2.37 ahora
y 50 centavos cada mes hasta que lo haya pagado completo".
El hombre insistió contestando:
"Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo.
Él nunca será capaz de correr,
saltar y jugar como los otros perritos".
El niño se agachó y se levantó la pierna de su pantalón
para mostrar su pierna izquierda,
cruelmente retorcida e inutilizada,
soportada por un gran aparato de metal.
Miró de nuevo al hombre y le dijo:
"Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco,
y el perrito necesitará a alguien que lo entienda".
El hombre estaba ahora mordiéndose el labio,
y sus ojos se llenaron de lagrimas.
Sonrió sonrió y dijo:
"Hijo, espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos
tenga un dueño como tú".
En la vida no importa quien eres,
sino que alguien te aprecie por lo que eres,
y te acepte y te ame incondicionalmente.
Un verdadero amigo
es aquel que llega cuando el resto del mundo se ha ido.
9月29日

30 septiembre 2009
CONMEMORANDO A SAN PABLO
PRIMERA CARTA A CORINTO
MUCHA LUZ ENTRE SOMBRAS
Pablo nos descubre de manera patente
lo que era la vida cristiana
en aquellos tiempos primeros de los apóstoles
¡Los Corintios!... ¡Cómo nos suena esta palabra!
Porque son muchas las veces que la oímos en las celebraciones de la Iglesia.
Las dos cartas que dirigió Pablo a la Iglesia de Corinto son un alimento sabroso y nutritivo de nuestra fe y de nuestra piedad cristiana. Hoy vamos a ver a Pablo en Efeso dictando durante muchos días del año 56 la carta que conservamos como primera y que nos resulta interesantísima. La carta no tiene ningún orden. Como fue escrita a ratos y en muchos días, pasa de un tema a otro sin ilación alguna. Enseña puntos de doctrina sublimes, reprende vicios, corrige, alaba virtudes, da órdenes, entusiasma…, en fin, afloran en la carta todos los sentimientos del alma de Pablo para con sus hijos queridos.
¿A qué venía esta carta?
Ya vimos lo que era Corinto: una de las ciudades más difíciles del Imperio para implantar en ella el Evangelio. Después del fracaso de Atenas, Pablo se dijo con audacia: - ¿A que en Corinto me va mejor? ¿A que la Cruz de Cristo se demuestra más eficaz que la sabiduría humana? Desde el primer momento, no he de predicar sino a Jesucristo, y a Jesucristo precisamente Crucificado. Y Pablo no se equivocó. Dificultades a montones, pero fueron también admirables los frutos, como reconoce Pablo nada más iniciar la carta: “Doy gracias a Dios sin cesar, por la gracia que Dios les ha dado en Cristo Jesús, pues en él han sido enriquecidos con todos los dones de la palabra y del conocimiento”.
Entonces, ¿qué había pasado en Corinto para que venga una carta como ésta?
Pablo ha tenido noticias desagradables, en medio de tantas satisfacciones como le daba la comunidad corintia. Y el primer disgusto fueron las discordias que se estaban creando en la comunidad: ¿Qué es eso de divisiones entre ustedes? ¿A qué viene el formar grupitos separatistas? ¿Por qué vienen unos diciendo: Yo soy de Pablo, que fue el primero que nos predicó? ¿Por qué otros se ufanan diciendo: Yo soy de Apolo, tan elocuente orador? ¿Por qué otros, venidos de Judea, y para desautorizarme a mí, se apoyan en el de más autoridad, y reclaman: Yo soy de Pedro? ¿Y por qué otros, más audaces, se han de agarrar del que es de todos, y se glorían diciendo: Pues soy de Cristo?...
Pablo puntualiza entonces:
¿Qué quieren que yo les diga? ¿Es que Cristo está dividido? ¡Hacen muy mal! Si Cristo no está dividido, ¿por qué ustedes dividen a la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo?... Y vino otra regañada, debida a la inmoralidad. Aunque no era de extrañar del todo, pero Pablo no la podía consentir. Corinto pasaba por ser la ciudad más corrompida del Imperio. La libertad sexual campeaba por doquier. Y algunos de los bautizados recaían después en vicios inveterados.
Pablo se muestra enérgico:
- ¿Y eso otro que me cuentan, que se da entre ustedes una fornicación que ni entre los paganos?... ¡Hagan el favor de no juntarse con gente inmoral!...Y por parte de ustedes, ¿no saben que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿O es que van a convertir los miembros de Cristo en miembros de una prostituta? Eso, ¡de ningún modo!... Ante estas expresiones de Pablo, cualquiera diría que toda aquella comunidad se había relajado de manera irreparable. Pero no era así. Nos lo dice claro lo que sigue de la carta, tan extensa y tan preciosa. Pablo va a responder en ella a las cuestiones que le han planteado, las cuales demuestran una Iglesia llena de los carismas mejores del Espíritu Santo. - Felicito a los que rayan tan alto en su vida matrimonial, con toda pureza. Y felicito en especial a las valientes que se entregan del todo al Señor.Esto no se explica en Corinto sino admitiendo una gracia abundantísima del Espíritu Santo en aquella Iglesia (7.1-40)
La carta entusiasma, porque aquellos cristianos, en medio de sus problemas, rebosaban generosidad para con el Señor.
El Concilio de Jerusalén había pedido a los cristianos helenistas que no comieran carne sacrificada a los ídolos en atención a los cristianos judíos. Y los cristianos venidos del paganismo lo cumplían. Aunque Pablo, si les anima a ser libres, les encarga a la par ser delicados de conciencia:
- No hagan caso de la carne que compran en el mercado sacrificada a los ídolos, que son dioses falsos. Coman con buen apetito esa carne, que no les hará ningún mal. Pero vayan con cuidado con los escrupulosos. Yo por mi parte, si la comida causa escándalo, no comeré carne jamás, a fin de no perjudicar la conciencia de un hermano por el que murió Cristo.
Al corregir los abusos en los banquetes sagrados, Pablo pasa a hablar de la Eucaristía hasta entusiasmarnos, aunque fustiga a los que reciben indignamente el Cuerpo del Señor. Al poner orden en las asambleas, sigue Pablo con páginas oportunas sobre los carismas y dones que el Espíritu Santo derramaba con profusión sobre aquella Iglesia de Corinto. Y entona un himno lírico de tal calidad al carisma del amor, que se ha dicho muchas veces que ese capítulo trece de esta carta es la página más bella de toda la Biblia. Ante las dudas de algunos griegos, Pablo escribe magistralmente sobre la resurrección que nos espera al final de los tiempos, en todo conforme a la Resurrección de Jesucristo.
Esta carta primera a los de Corinto es de lo más fácil de leer, de entender, de saborear. Ella nos descubre de manera patente lo que era la vida cristiana en aquellos tiempos primeros de los apóstoles. Mucha fe, mucho amor al Señor, mucha generosidad, muchos dones del Espíritu Santo, mucha obediencia a los Pastores puestos por Dios al frente del rebaño.
Y también, ¿por qué no?, una Iglesia con defectos, con pecados de muchos hijos suyos, consecuencia de la debilidad humana. Pero era una Iglesia que sabía arrepentirse de los errores, de purificarse y de caminar siempre hacia el Señor. Una carta como ésta, Pablo la acaba de la manera más formidable, cuando escribe de su puño y letra al estampar la firma:
“¡Y el que no ame a nuestro Señor Jesucristo, que sea maldito!”.
¡Bien por el desahogo de Pablo! A los de Corinto entonces, y a nosotros ahora, nos sobra esta maldición, porque a Jesucristo lo amamos entrañablemente.
¿Verdad que sí?... 9月28日

29 septiembre 2009
Mayuca
Tengo un amigo de nombre Diego que, cuando iba a empezar el año 2004 me decía: "Ya verás, este va a ser tu mejor año", y no le faltaba razón...
En enero, a mi madre le diagnostican una depresión, por lo que era ingresada en mayo en una clínica, allí estuvo más de un mes. En febrero, a mi hermana le extirparon la tiroides al completo, pues estaba fuera de control. A mí, en los meses de marzo y abril me tuvieron que hacer algunas pruebas médicas para tratar de diagnosticar un asunto renal. En mayo tuve un accidente con mi coche, que no tenía ni tres meses, en el que casi vuelco. En junio mi padre fue ingresado con una conjuntivitis aguda en el único ojo en el que tiene visión, estuvo una semana en el hospital. También en junio, llevamos a urgencias a Mayuca, mi suegra, con una anemia. Mi mujer y yo veíamos que el año venía bien servido, y pensaba en lo poco afortunado del comentario de mi amigo.
Mayuca llevaba más de 13 años sobre una silla de ruedas por un coche que la atropelló, y entre los distintos aspectos que esta situación suponía, estaba el hecho de llevar dentro de su cuerpo un pequeño depósito con baclofeno para reducirle la espasticidad. Pues bien, en julio hubo que ir al Hospital de Parapléjicos de Toledo pues, como cada 5 años, tocaba el cambio de dicha bomba.
Esa, y otras aventuras similares, formaban parte de su vida cotidiana, como ocurre a todas las persona en tales circunstancias y también a sus familiares, por lo que podríamos decir que aquel día fue uno más, con la salvedad de que a su marido, en una resonancia magnética, le descubrieron un tumor en el cerebro.
Lo que parecía un atisbo de demencia senil resultó, a las dos semanas, en la extirpación parcial de un tumor maligno. Rápidamente intensificamos nuestras oraciones y comenzamos a acompañarle en el hospital diciéndole que se recuperaría de 'una lesión', todos, preocupados, sólo deseábamos terminar felizmente este episodio cuanto antes.
No habían pasado diez días cuando a Mayuca le diagnostican otro tumor maligno, en este caso encío-mandibular. Esto nos dejó bloqueados. No había lugar a dudas, Dios nos estaba poniendo a prueba, estaba llamando a nuestra puerta y nos quería coger de la mano para acompañarle en el dolor.
Hacía relativamente poco que habíamos ido juntos a ver la película de "La Pasión de Cristo", y resultaba fácil imaginar que con esta noticia, Jesús, cargando con la Cruz, se había parado delante de nosotros y nos invitaba a seguirle. Cada uno asimilamos como pudimos este encuentro inopinado con la Cruz y le seguimos, no podíamos hacer otra cosa.
Mayuca, especialmente por el papel que le había tocado vivir en los últimos años, era el centro del hogar, sobre el que giraba todo, pues el atenderla en su incapacidad requería la coordinación de todos. Y ella, desde ese singular 'trono' era quien llevaba las riendas, esto implícitamente hacía de ella el nexo de unión entre todos.
Por lo tanto, la noticia de su tumor fue demoledora, excepto para ella, que además al mismo tiempo se enteró de que su marido también tenía uno. Ella, acostumbrada a sufrir, si es que a eso se puede acostumbrar uno, reconoció al instante que sus días de purificación en la tierra habrían sido muchos, pero ya se le estaban terminando. Tuvo una serenidad admirable. Tenía muy claro que no hay motivo para estar tristes: somos hijos de Dios.
Y siguiendo con la cronología, a primeros de agosto, mi hermana tuvo un accidente de tráfico en el cual de las tres personas que iban, una salió despedida del vehículo, pero ella resultó ilesa. El coche fue declarado siniestro total.
No había terminado el mes de agosto, cuando mi suegro sufre una parada cardio-respiratoria y a los tres días fallece.
Recuerdo perfectamente cuando Mayuca iba a verlo al hospital, lo miraba con cariño, y le hablaba con el corazón, sin ruido de palabras, imagino que contándole lo de su tumor, y muchas cosas más que todos sabemos y al pensarlas se nos hace un nudo en la garganta, y nos llenan de envidia porque sabemos había mucho amor sincero. Un amor auténtico, gracias al cual era posible sobrellevar todas las cosas con calma, y hasta con sentido del humor.
Por su parte, Mayuca era operada del tumor de la mandíbula a principios de octubre, colocándole un trozo de hueso que le habían extraído de la cadera. En dicha estancia hospitalaria coge una neumonía. Ocho días más tarde, en vista de que el hueso no está siendo aceptado, en una nueva operación le quitan el injerto de la cara. Su cuerpo, cada vez más débil, pasa 3 semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos, luchando por sobrevivir a las complicaciones de la neumonía.
A mediados de noviembre, la abertura de la cadera no ha cicatrizado y se la tienen que coser. Poco después le dan el alta. La llegada al hogar es dura, pues no vuelve ni la sombra de lo que fue. Su cuerpo está machacado por las múltiples intervenciones; y su aspecto, desfigurado, hasta el punto que tiene serias dificultades para alimentarse e incluso para tragar saliva. Todo ello provoca que a la debilidad del cuerpo, se una la debilidad anímica. Ella, sencilla, nos cuenta que está cansada, pero sigue luchando.
Es un ejemplo incontestable de amor a la vida, cada día, con sus matices, pequeños unos y otros no, siguiendo adelante, agradeciendo las visitas, las flores, siendo paciente ante nuestras faltas de paciencia, satisfecha de estar, de saber que la queremos con nosotros. Un tesoro de riqueza que se te escurre entre los dedos cuando aún no has empezado a valorarlo.
A finales de mes vuelve al hospital con infección, y en una semana vuelve a casa, pero a la semana siguiente de nuevo al hospital. Con docilidad, sin perder la paz, sabiendo que todo formaba parte de los planes de Dios, Mayuca dejaba hacer. Hasta el último día rezando el rosario y llenándose de su fuerza. Mientras, nosotros, inquietos, reconociendo que nos estaba poniendo a prueba, cada uno vivía su combate, a solas con Dios, tratando de entender sus designios.
Finalmente Mayuca nos dejó, no pudimos estar con ella el día de Navidad, pero su marido sí, y le habrá podido contar cómo fue la fiesta de cumpleaños de su nieta, a la que ella asistió a finales de noviembre.
Con estas letras, a las que nos animó su confesor, quiero agradecer a Mayuca la oportunidad que me ha brindado de aprender muchas cosas, entre ellas a sobrellevar la adversidad. Estoy alegre de haber compartido con ella esos momentos de dolor y sufrimiento, de haberla tenido entre mis preocupaciones y en mis oraciones.
Gracias, Mayuca, porque al final he entendido que sí, que este ha sido mi mejor año. Y gracias a Dios, porque ha habido momentos en los que hemos cogido junto a Él la Cruz y en otros Él ha sido quien nos ha cogido en brazos.
También estamos muy agradecidos a todos los hospitales por el buen trato que hemos recibido en todos los casos: Clínica Universitaria de Navarra (Pamplona), Hospital Clínico(Valladolid), Hospital Pío del Río Hortega (Valladolid), Hospital Nacional de Parapléjicos (Toledo), Hospital Gregorio Marañón (Madrid).
9月27日

28 septiembre 2009
EN LA MISA JESÚS ESTÁS VIVO Y PRESENTE
Es la media hora más grandiosa
porque nos ponemos en tu presencia
y en la Iglesia, que es tu casa
y lugar dónde te levantamos nuestro corazón
Cuando estoy en tu presencia, Jesús Sacramentado, pienso con dolor: ¿Cómo no apreciamos este Misterio de amor donde te quedaste para ser nuestro confidente y nuestro alimento? ¡Qué frío es nuestro corazón!
Nos decimos católicos pero tampoco meditamos en tu entrega al Padre la noche del Jueves Santo al instituir la Sagrada Eucaristía. Nos parece que fue ya hace muchos años, sin embargo vuelve a suceder todos los días, a toda hora en el mundo entero, siempre que se esté celebrando la Santa Misa. En ella Tu vuelves a inmolarte, a ofrecerte al Padre por todos y cada uno de nosotros... de la misma manera que lo hiciste por primera vez. No nos detenemos a pensar ni un momento en la grandiosidad del valor de una Misa. Y de una manera simple y tranquila dejamos el cumplimiento al tercer Mandamiento de la Ley de Dios, que creo yo, proviene de la falta de preparación que tenemos los católicos respecto a lo que en sí es la Santa Misa.
Por cualquier motivo: paseo, fútbol, gusto por quedarse en casa cómodamente en "pants" y pantuflas, por unas visitas... porque el domingo "es para descansar"... y no salir para nada, en fin, porque "no me late", porque si no "siento un verdadero deseo de ir a la Iglesia... ¿para qué voy?"... y así podríamos llenar páginas enteras con mil y variados pretextos, que a nuestro modo de ver, son tan solo la consecuencia de no saber con plena conciencia que la Misa es lo más grande y hermoso que tenemos los católicos.
Que participar en ella es estar Contigo, vivo y presente, tal como estuviste en el tiempo en que habitaste entre nosotros.
¿Dónde está nuestra fe? ¿Es que hemos llegado a creer que ya no necesitamos estar presentes, dar testimonio, a nuestros hijos, a nuestros familiares y amigos de que somos cumplidores de los Mandamientos de la Ley de Dios y acudir a la Iglesia para orar y tanto a pedirte perdón como darte gracias a Dios por tanto beneficio que de Ti recibimos con nuestro cumplimiento y alabanza?... No basta con ser buenas personas y tratar de hacer el bien a nuestros semejantes... pues igual que no basta la fe para salvarse sin caridad y buenas obras, así no bastan las buenas obras sin fe y sin oración.
A parte de que no asistir a Misa los Domingos (que es el día del Señor) y días "indicados" de fiesta, es pecado grave, es saber que es la media hora más grandiosa porque nos ponemos en tu presencia y en la Iglesia, que es tu casa te levantamos nuestro corazón.
Señor mío, mi Jesús... pensando todas esta cosas que si a mi me dan pena....para Ti han de ser de un gran dolor pues pareciera que no tenemos ningún interés por conocerte mejor, indiferencia hacia tanto amor y absoluto desdén hacia lo es realmente la misa.
Señor, ya no más tibieza...tenemos que encender nuestro corazón para ir con amor y espíritu de agradecimiento a la Iglesia, a tu Casa, Señor, a participar en la Santa Misa (no a papar moscas y a ponernos "palomita" porque.....¡ya cumplimos!) para alimentarnos con tu Cuerpo y tu Sangre y pronto veremos cómo florece la Vida de la Gracia en nuestros corazones y en todos los actos de nuestra vida.
9月26日

27 septiembre 2009
DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
CONSIDERACIONES SOBRE EL SANTO EVANGELIO DELDÍA
Marcos 9, 38-43. 45. 47-48
Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.» «Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.» «Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.
Reflexión
Recuerdo lo que me sucedió hace ya más de veinte años, cuando vine a Roma por primera vez. Yo era un joven seminarista. Fui a la Plaza de San Pedro, al Vaticano, con un grupo de compañeros sacerdotes. Me tocó estar al lado de un señor napolitano y, al poco rato, comenzamos a platicar. Sin yo preguntarle nada, él me dijo que era muy católico y que creía mucho en Dios. Yo lo felicité y, después de algunos comentarios por el estilo, me atreví a hacerle una pregunta: – “Oiga, amigo –le dije– ¿usted va a misa todos los domingos?”. Y el buen napolitano, entre extrañado y sobresaltado, me respondió: –“Padre, yo soy católico, pero no fanático”. Me quedé de piedra.
Tristemente, yo creo que esto mismo es lo que piensan hoy en día muchos católicos... Tal vez no lo digan así, tan abiertamente, pero así viven. Sí, se proclaman católicos y muy creyentes, –¡no faltaba más!–, pero van a misa muy de vez en cuando, no frecuentan los sacramentos y dicen que sólo oran y van a la iglesia “cuando les nace”. ¿Qué tipo de católicos tenemos en nuestra Iglesia? Y si esto sucede en América, desgraciadamente en los países de Europa la situación está muchísimo peor en este sentido...
En el Evangelio de hoy tal vez podemos encontrar una respuesta a este problema. Nuestro Señor no habla directamente del culto público de la religión o de la práctica de la fe. Pero creo que sus palabras nos pueden ofrecer una luz para iluminar esta situación. Nos dice: “Si tu mano te hace caer, córtatela, pues más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga. Y si tu ojo te hace caer, sácatelo, pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusasno no muere ni el fuego no se apaga”. ¿Qué relación tienen estas palabras con la práctica religiosa? Es cierto que nuestro Señor está hablando aquí del escándalo, pero con un lenguaje tan claro y contundente que nos ayuda a entender bien su mensaje. Nos está invitando a adoptar una actitud de autenticidad en nuestros comportamientos y de radicalidad en nuestras opciones de vida; a no ser mediocres ni conformistas; a no contentarnos nunca con el “ahí se va” tan típico de nuestra cultura mexicana.
Y a propósito de esto, me viene ahora a la memoria una simpática historia que nos puede iluminar. Se cuenta que un hombre recién convertido iba un día caminando a toda prisa, mirando por todas partes, como buscando algo con ansiedad. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: –“Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?”. El anciano, encogiéndose de hombros, le contestó: –“Depende del tipo de cristiano que ande buscando”. –“Perdone –dijo contrariado el joven–, pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos de cristianos que hay. Sólo conozco a Jesús”. Y el anciano añadió: –“Pues sí amigo; hay de muchos tipos y para todos los gustos. Hay cristianos por tradición, cristianos por cumplimiento y cristianos por costumbre; cristianos por superstición, por obligación, por conveniencia; y también hay cristianos auténticos...” –“¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!”–exclamó el hombre emocionado. –“¡Vaya! –dijo el anciano con voz grave–. Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted”. –“¿Cómo podré reconocerle?”. Y el anciano contestó tranquilamente: –“No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo semipodrido. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde va, siempre deja una huella”.
Y esto, querido amigo lector, no es fanatismo, sino autenticidad y coherencia de vida. Es ser cristiano y católico de verdad, de cuerpo entero, y no mediocre y conformista. No sólo de los que se llaman cristianos, sino de aquellos que se han tomado en serio el Evangelio y lo testimonian con sus obras y con su vida. No tengamos miedo tomarnos nuestra fe en serio y ser cristianos como San Pablo o al estilo de los santos y de los mártires. ¿También tú dejas una huella allí por donde pasas? ¿o ni siquiera se dan cuenta los demás de que eres un cristiano auténtico? Pues ¡se debería notar, amigo mío!
9月25日

26 septiembre 2009
EL SÍ DE MARÍA
UN GRAN DÍA PARA LA HUMANIDAD
El Misterio de amor y de misericordia,
prometido a los hombres desde miles de años atrás
y anunciado por tantos profetas,
se iba a hacer realidad
La noche se alejó y la suave luz del amanecer empezó a iluminar un nuevo día.
Un nuevo día que parecía como uno más pero que sería el DÍA de todos los días.
El gran día para la Humanidad.
Fresca la mañana, limpia la brisa en ese día de días.
Día de primavera, 25 de marzo.
No hubo trompetas, no hubo cañonazos,
no hubo concentración de millares de personas como en los grandes eventos.
Fue discretamente, sencilla
y naturalmente como suelen ser todas las cosas grandes de Dios.
Una virgen en oración.
Un lugar: Nazaret, ciudad de Palestina
y el arcángel Gabriel como embajador de Dios.
Un saludo: - ¡Dios te salve María, llena eres de gracia!
Y con este saludo, una petición de colaboración.
El Misterio de amor y de misericordia,
prometido al género humano miles de años atrás
y anunciado por tantos profetas, se iba a hacer realidad.
Creo yo que todo quedó en suspenso.
La naturaleza, el aire, el universo en pleno
tuvieron que contener su aliento vital en la espera de oír la respuesta de María.
Los labios de la virgen se movieron,
primero para aclarar una duda,
pero una vez que esta fue disipada,
volvió a hablar para dar su consentimiento a esa misión celestial.
María, la llena de gracia,
aceptaba humildemente el Gran Designio para el que se le pedía su cooperación,
sin envanecimiento porque sabía que la realeza y la gloria de su gracia
pertenecían a Dios, venía de Dios.
Y María dijo: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Tu Palabra".
Necesariamente tuvo que haber habido un estremecimiento en todo el orbe.
Los cielos y la tierra,
la creación entera tuvo que conmoverse en ese grandioso momento.
Y en ese instante, de allá del Seno del Padre,
el Espíritu Santo descendió y cubrió a la siempre virgen, a la llena de gracia,
con su sombra
y el Verbo de Dios quedó para siempre unido a la raza humana.
El Hijo de Dios, el Hijo de María daba comienzo a su vida de hombre,
sin dejar de ser Dios, en el seno de esta mujer escogida por el Altísimo
para cooperar, para cocrear con Dios con su libre consentimiento
y ser desde el instante de este ¡Fiat!, corredentora de la Humanidad.
Después ... después pasaron muchas cosas.
Todas las que estaban escritas,
pero los cristianos no podemos, no debemos olvidar ese día, ese momento
y mucho menos a la siempre virgen, a la llena de gracia,
a María la Madre de Dios y Madre nuestra.
Por eso el Papa Juan Pablo II tenía una muy especial devoción al "Ángelus",
esa oración que se dice al comenzar el día,
al tiempo del mediodía y cuando el día está en el ocaso:
"El ángel del Señor anunció a María"
- "Y concibió por gracia del Espíritu Santo"
- - Y se reza un Ave María.
"He aquí la esclava del Señor"
- - "Hágase en mí según Tu Palabra"
- - Otra Ave María.
"Y el Verbo se hizo carne"
- - "Y habitó entre nosotros"
Otra Ave Maria
Sencilla oración.
Diario recuerdo amoroso a Nuestra Madre la Virgen María
Cuando esta bella oración del Angelus se extienda por toda la Tierra,
cuando esto suceda... nuestro mundo será mejor
9月24日

25 septiembre 2009
EL GRAN CAMARÓGRAFO
Si, Jesús es nuestro único camarógrafo.
No nos debemos preocupar ni afanar por lo que el mundo
piense, pida o diga de nosotros
Me dijo alguien alguna vez que para comprender a una persona, había que descubrir “para quien es que está filmando”. La teoría de este hombre es que todos tenemos alguien que realmente nos importa, y que esa persona es como “un camarógrafo interior” que nos está capturando con su cámara todo el tiempo. Decía este hombre que si descubríamos cual era esa “cámara”, comprendíamos cual es el motor interior de ese individuo, lo que nos daría la capacidad de comprender su comportamiento, sus orientaciones y motivaciones personales.
Una teoría bastante peculiar, sin dudas. Pero con los años comprendí que algo de razón tiene, ya que es evidente que no nos interesa la imagen que proyectamos ante todo el mundo por igual.
Muchas personas se desesperan ante la imagen que de ellos tiene su jefe en el mundo laboral, a tal extremo que terminan haciendo una marioneta de si mismos. Nuestro superior jerárquico representa una cámara muy típica de la sociedad moderna, porque en esa “toma” tan particular de nuestra película se concentra muchas veces nuestra carrera profesional, así como el salario y la estabilidad laboral.
Para muchos otros, el camarógrafo es su padre, o su madre, quizás ya fallecidos desde hace años. Quieren progresar y acumular méritos mundanos, con el anhelo manifestado en aquella frase: ¡si me vieran mis padres! Para otras personas es la esposa o el esposo la fuente de atención. El deseo de poder demostrar éxito laboral, o inteligencia, o méritos sociales, constituye muchas veces el motivador de los comportamientos.
Sin embargo, algunas personas están tan llenas de vanidad que literalmente filman para todo el mundo, es decir que quieren lucir exitosas, inteligentes, bellas y socialmente aptas ante todo el que las rodea. Evidentemente que se transforman así en individuos vacíos de contenido, superficiales, sin profundidad ni capacidad de representar a un ser auténtico y fiel a una esencia sostenible en el tiempo. O sea, son personas “de plástico”.
La importancia de saber para quien es que filmamos radica en comprender donde están puestos nuestros más profundos anhelos y motivaciones, donde está ubicado nuestro motor interior. El problema es que las más de las veces, ese motor está simplemente puesto en una ubicación errónea. Una definición amplia de lo que es la verdadera sabiduría debería llevarnos a comprender que nuestro único y verdadero camarógrafo interior, es Dios. ¿Acaso no es El quien nos contempla todo el tiempo con la lente del Amor?
Jesús, nuestro Gran Camarógrafo, nos observa con una atención imposible de comprender por nosotros. Su Mirada es permanente, y personal. El nos estudia con ojos de Hermano, expectante de cada paso, cada bocanada de aire que infla nuestros pulmones, cada latir de nuestro corazón. El se entristece cuando encendemos un cigarrillo, se preocupa cuando comemos algo que nos puede hacer mal, se llena de amargura cuando decimos palabras que hieren. Y en particular, se llena de dolor cuando lo olvidamos y actuamos para otros camarógrafos, envaneciéndonos como pavos reales, o tratando de impresionar al “mundo”, imitando las propuestas que desde allí nos bombardean a diario.
En nadie debemos poner nuestra confianza, porque no hay hombre ni mujer que pueda dejar de fallarnos en algún momento. Sólo en Dios debemos apoyarnos, porque El es nuestra única fuente de confianza. Es cierto que algunas personas representan en nuestra vida una ayuda importante para comprender y llegar a Dios, pero no es en ellas en quien debemos poner nuestra ultima confianza, sino en quien ellas representan, que es nuestro Buen Jesús.
Pensemos en los santos que colman los altares de la Iglesia, ¿en quien pusieron ellos su confianza, sino en Dios? ¿Ante la mirada de quien actuaron ellos sus vidas, sino en la del Rey del Universo? ¿Quién fue su fuente de fortaleza en la adversidad, consuelo en el dolor, riqueza en la pobreza, alegría en la redención? Los santos pudieron amar, porque se liberaron de la preocupación del “que dirán”. No se desesperaron por lo que la gente pensara de ellos, sino que dedicaron su vida a amar a las personas como testimonio del infinito amor de Dios. Ellos son testigos del Amor de Dios, y es ese el mayor mérito que acumularon en sus almas.
Las cámaras del mundo nos invitan a lucir exitosos, adinerados, inteligentes, poderosos, seductores, independientes. Mientras tanto, nuestro Jesús nos pide humildad, pequeñez, paciencia, fe y esperanza en el amor. Si, Jesús es nuestro Único Camarógrafo. No nos debemos preocupar ni afanar por lo que el mundo piense, pida o diga de nosotros, porque sólo Dios cuenta. Y si algo del mundo nos atrae o produce alegría, debe ser porque en ello, Dios se alegra también. 9月23日

24 septiembre 2009
FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED
Patrona de Barcelona
HISTORIA
San Pedro Nolasco, inspirado por la Ssma. Virgen,
funda una orden dedicada a la merced (obras de misericordia).
Su misión particular era la misericordia
para con los cristianos cautivos en manos de los musulmanes.
Muchos miembros de la orden canjearon sus vidas
por la de presos y esclavos.
San Pedro fue apoyado en tan extraordinaria empresa
por el Rey Jaime I de Aragón.
San Pedro Nolasco y sus frailes eran muy devotos de la Virgen María,
tomándola como patrona y guía.
Su espiritualidad se fundamenta en Jesús el liberador de la humanidad
y en la Ssma. Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre.
Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María
al servicio de su obra redentora.
Por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora.
En el capítulo general de 1272, tras la muerte del fundador,
los frailes oficialmente toman el nombre de
La Orden de Santa María de la Merced,
de la redención de los cautivos,
pero son mas conocidos como mercedarios.
El Padre Antonio Quexal, siendo general de la Merced en 1406, dice:
"María es fundamento y cabeza de nuestra orden".
El Padre Gaver, en el 1400,
relata como La Virgen llama a S. Pedro Nolasco en el año 1218
y le revela su deseo de ser liberadora a través de una orden
dedicada a la liberación.
Nolasco pide a Dios ayuda y, como signo de la misericordia divina,
le responde La Virgen María diciéndole que funde una orden liberadora.
Nolasco: ¿Quién eres tú,
que a mí, un indigno siervo, pides que realice obra tan difícil,
de tan gran caridad, que es grata a Dios y meritoria para mi?
María: Yo soy María,
aquella en cuyo vientre asumió la carne el Hijo de Dios,
tomándola de mi sangre purísima,
para reconciliación del género humano.
Soy aquella a la que dijo Simeón. cuando ofrecí mi Hijo en el templo: <<Mira que éste ha sido puesto
para ruina y resurrección de muchos en Israel;
ha sido puesto como signo de contradicción:
y a ti misma una espada vendrá a atravesarte por el alma>>.
Nolasco: ¡Oh Virgen María, madre de gracia, madre de misericordia!
¿Quién podrá creer (que tú me mandas)?
María: No dudes en nada,
porque es voluntad de Dios
que se funde una orden de ese tipo en honor mío;
será una orden cuyos hermanos y profesos,
a imitación de mi hijo Jesucristo,
estarán puestos para ruina y redención de muchos en Israel
(es decir, entre los cristianos)
y serán signo de contradicción para muchos."
Actualidad del carisma
SIEMPRE ACTUALIDAD
El carisma mercedario de liberar a los cautivos
sigue siendo tan necesario como siempre. María ofreció todo su ser para que viva el Hijo de Dios encarnado.
En el cántico del Magnificat (Lucas 1, 46-55),
María expresa la liberación de Dios.
El Papa Juan Pablo II enseña
que "María es la imagen mas perfecta de la libertad
y de la liberación de la humanidad".
La Virgen continúa velando desde el cielo
por sus hijos cautivos de Satanás (Cf. LG 62)
y nos pide nuestra cooperación.
Nosotros debemos dar nuestra vida para que su Hijo viva en nosotros
y así pueda liberar a nuestros hermanos.
Ella nos enseñará como hacerlo.
Dios es Padre de Misericordia, María es Madre de Misericordia.
Ella refleja la misericordia de Dios, sufriéndolo todo por sus hijos.
Los cristianos debemos también reflejar la misericordia de Dios
sufriéndolo todo por amor.
"Mirad la hondura o cavidad del lago de donde habéis sido tomados,
esto es, las piadosísimas entrañas de la madre de Dios"
-De las constituciones de los mercedarios.
Un ejemplo del carisma mercedario en acción:
La Fundación de Mare de Déu de la Mercé (Madre de Dios de la Merced) continúa las obras de misericordia que la Virgen pidió.
Estas incluyen: Visita, acompañamiento
y ayuda para los que salen de la cárcel.
América Los frailes mercedarios llevaron al continente americano
su amor a la Virgen de la Merced, que se propagó ampliamente.
En República Dominicana, Perú, Ecuador, Argentina y muchos otros países,
la Virgen de la Merced es muy conocida y amada.
9月22日

23 septiembre 2009
CONMEMORANDO A SAN PABLO
EFESO
CENTRO MISIONER SIN IGUAL
Eran muchos los que en Éfeso practicaban la magia,
actuaban exorcistas que expulsaban demonios
en el nombre de Dios
Dos años largos nos esperan con Pablo en Éfeso. Interesantes a más no poder. Camino de Jerusalén, se había detenido aquí, y les prometió:
- Me voy, pero estén seguros de que vuelvo…
Y sí, volvió. Vino el encuentro con aquel grupo de doce sobre los que bajó tan sonoramente el Espíritu Santo, y todo hacía prever unos comienzos felices (Hch 19,8-20)
Pero pronto asomó en el horizonte la tempestad. Tres meses predicando cada sábado en la sinagoga, y los judíos, tan aquiescentes y obsequiosos la primera vez, ahora se volvieron las fieras que cabía esperar:
¡No! Ese Cristo no nos interesa. Ese “camino” tan torcido enseñas tú a los paganos que buscan a nuestro Dios Yahvé? ¡Deja en paz con nosotros a los prosélitos y temerosos de Dios, y lárgate de aquí!... Pablo entonces, con tanto dolor como energía, les desafió:
- ¿Así lo quieren y así me lo piden? Pues, rompo con ustedes. En la sinagoga se queden, que yo me voy a los gentiles. Ellos aceptarán la salvación que ustedes rechazan.
Y Pablo se fue. Pero un tal Tirano, que bien podía ser un simpatizante, le alquiló el local de su escuela. Tirano, retórico griego o maestro dedicado a la enseñanza, ejercía el magisterio desde el amanecer hasta el medio día, y dejaba libre por la tarde el local.
Para Pablo, esto resultaba magnífico. Con lo madrugadores que eran los griegos y romanos, trabajaban desde muy de mañana, y la tarde la dedicaban al ocio, a la diversión, a la vida social. Los judíos se dedicaban a sus labores todo el día, y Pablo en Éfeso supo combinar muy bien sus dos trabajos.
Muy de mañanita, se ponía a trabajar duro en el taller de Áquila y Priscila, confeccionando lonas para ganarse el sustento de cada día. Y la tarde entera, desde el mediodía, la consagró a evangelizar a cuantos quisieran escucharle en el aula espaciosa de aquella escuela que le resultó providencial.
A Pablo se le empezó a complicar algo la vida por lo que menos podía esperarse, como dicen los Hechos:
“Dios obraba por medio de Pablo milagros no comunes, de forma que bastaba aplicar a los enfermos los pañuelos o mandiles que había usado, y se alejaban de los pacientes las enfermedades y espíritus malos”.
Por lo que indica esta observación de Los Hechos, nos podemos figurar muchas escenas. Si estaba Pablo en el taller, venía la gente a buscar retazos de lo que Pablo había tejido. En la escuela, acudían a interrumpir las clases implorando clemencia para los enfermos. Iba Pablo por la calle, y se le echaban muchos encima, suplicando: - ¡Cúrame!... Todo igual que lo de Jesús en Galilea. Hasta que vino el hecho tan grave como cómico.
Los magos y los brujos, malos todos ellos, merodeaban por Éfeso y sus contornos. Y entre los judíos, en Éfeso -igual que en Palestina, como sabemos por los evangelios─, actuaban exorcistas que expulsaban demonios en el nombre de Dios. Muy bien esto.
Pero vino lo inesperado con unos exorcistas ambulantes judíos, que debían obrar por intereses bastardos, y adivinaron el negocio:
- Si Pablo expulsa los demonios en nombre de Jesús, ¿por qué no hacemos nosotros lo mismo? ¡Usemos ese nombre, que por lo visto le da miedo al demonio!...
Y sí, lo hicieron. Eran nada menos que siete hermanos los que ejercían este oficio de exorcistas, hijos de un tal Esceva, importante sacerdote judío, y lo hacían en grupo con toda solemnidad. Uno de ellos se planta frente al pobre endemoniado, y conmina al espíritu:
- Te conjuro por Jesús, a quien predica Pablo, que salgas de aquí.
Sólo que el demonio respondió como si tal:
- Conozco a ese Jesús y sé quién es Pablo. Pero ustedes, ¿quiénes son?
Y arrojándose el endemoniado contra todos ellos, pudo más que los siete juntos, les quitó los vestidos descaradamente, y de forma tan poco elegante tuvieron que escaparse a su casa, desnudos y cubiertos de heridas. El hecho corrió por toda la ciudad y sus contornos, se apoderó de la gente un gran temor, y el nombre de Jesús corrió veloz de boca en boca.
Vino entonces algo más serio. Eran muchos los que en Éfeso practicaban la magia, y ahora, prevenidos y avisados por semejante suceso, se acercaban temblorosos a confesar sus malas artes:
- ¿Qué tenemos que hacer, Pablo?...
No lo decían por comedia, pues venían con puñados de libros que arrojaban a las llamas delante de todos. Fueron tantos los libros que acabaron en la hoguera, que, según los Hechos, “calcularon el precio y hallaron que subía a cincuenta mil monedas de plata”.
¡Ya paró bien la broma del demonio con los pobres exorcistas!...
Durante los tres años de Éfeso, Pablo ha escrito varias de las cartas que hoy poseemos, y en las cuales encontramos expresiones conmovedoras:
“Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser como la basura del mundo y el deshecho de todos” (1Co 4,12-13)
Esto lo escribía Pablo desde Éfeso. Y añadirá algo después:
“No quiero que lo ignoren, hermanos. La tribulación sufrida en Asia nos abrumó hasta el extremo, muy por encima de nuestras fuerzas, tanto que perdí toda esperanza de salir con vida, como si tuviera encima la sentencia capital” (2Co 1,8-9)
Pero Dios, rico en bondad, en medio de las tribulaciones que Pablo nos narraba, escritas desde Éfeso en estos tres años de apostolado asombroso, le colma de consuelos inefables, pues escribe también al lado mismo de aquellos párrafos estremecedores:
“Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando me siento débil, entonces soy más fuerte que nunca” (2Co 12,9-10)
Esas tribulaciones eran la paga de su apostolado en medio de triunfos resonantes, ya que, como dicen los Hechos, “la palabra del Señor crecía y se difundía poderosamente”.
No han acabado las proezas de Pablo en Éfeso, pues aún hemos de presenciar algunas aventuras más de este héroe legendario, que todavía nos sigue repitiendo después de dos mil años:
- ¿Quieren jugarse por alguien la vida?
¡Juéguensela por Jesucristo!...
9月21日
22 septiembre 2009
BONITA HISTORIA PARA REFLEXIONAR
Me llamo Edgar y siempre me he considerado un hombre afortunado. De mi matrimonio he tenido la fortuna de tener tres hijos que son la alegría y el regocijo de la casa. El más grande, Germán, de 17 años es todo un hombre a pesar de su corta edad. Responsable a carta cabal, alegre, dinámico, líder en sus grupos, y para completar el verso, bien parecido, muy masculino. Las chamaquitas no cesaban de llamar por teléfono. Pero un día, salió de campamento con sus compañeros de grupo y allá se sintió enfermo. Sus compañeros creyeron que era algo pasajero, dada su fuerte condición física y su juventud, pero bruscamente comenzó con un fuerte dolor de cabeza, rigidez de la nuca, pronto le llegó la fiebre y nauseas, y vómito que no le paraba. Me lo trajeron prácticamente inconciente. Así ingresó al hospital. No reaccionaba. Nosotros estábamos inconsolables, no podíamos soportar que el mejor de nuestros hijos de pronto se viera apartado de nuestro lado. Y mi rabia llegó al culmen cuando el doctor pretendió que firmara por la donación de órganos de mi hijo en caso de que falleciera. Me pareció monstruoso lo que el doctor me proponía, y lleno de coraje me dirigí a la iglesia más cercana, porque yo quería gritarle a Dios su ingratitud y decirle que si no le dolía ver a esta familia destrozada.
Cuando llegué, proclamaban algo que aún en ese momento me pareció absurdo. Hablaban de Abraham, que en su ancianidad y teniendo a su único hijo como sostén, Dios se lo pedía en sacrificio. Eso era insoportable. ¿Qué Dios no fue nunca papá? ¿Qué no sabrá lo que significa ver a un hijo a punto de morir? En eso estaba cuando oí también del viaje de Cristo a una montaña donde quería mostrar a sus apóstoles cómo se las gastaba, transfigurándose delante de sus discípulos, de una manera desacostumbrada en él. Parece que en ese momento aparecieron dos personajes misteriosos muertos siglos antes, y hablaban con Jesús precisamente de su pasión, de su cruz y de su muerte. ¡Bonita conversación! pensé yo. ¿Qué no habría otra cosa más interesante de la que pudieran platicar? Y más asombro me causó escuchar que en ese momento una nube envolvió a Cristo y a sus misteriosos personajes, escuchándose una voz desde lo alto: “Este es mi Hijo amado, Escúchenlo” y todavía alcancé a escuchar que Cristo le pidió a sus apóstoles que no contaran su visión hasta que él resucitara de entre los muertos.
Esto motivó en mí una profunda reflexión. Yo iba con la idea de mentarle la madre a Dios si hubiera necesidad, pero entendí en ese momento que también Jesús había padecido, y medité entonces que el Buen Padre Dios estaría apenado y acongojado cuando le mataron a su Hijo. Y él sólo tenía uno. Comprendí el dolor que lo embargaría, pero comprendí el sacrificio de Cristo por todos los hombres. Comprendí entonces que el Buen Padre Dios sí entendía mi dolor. Regresé al hospital y casi con amor firmé el documento con el que accedía a donar los órganos de mi hijo, pues entendí que era una donación que beneficiaría a varias gentes y que de alguna manera prolongaría la vida de mi hijo.
Cuando parecía que todo estaba perdido, mis otros dos hijos pidieron permiso para cantarle al oído, acompañados de la guitarra de Germán, un canto que a mi hijo le gustaba cantar en todas las ocasiones en que estábamos juntos: “Nadie te ama como yo”. Todos llorábamos de emoción y aquél canto se convirtió en una oración. Para sorpresa de todos, con el canto, Germán comenzó a dar señales de vida, y cuando el canto terminaba, Germán abrió los ojos por primera vez, con lágrimas que se sentía que venían de muy adentro, lágrimas de agradecimiento por el don de la vida. Él se recuperó casi en su totalidad, y ahora participa además en las actividades de nuestra parroquia. Así es de bueno el Señor con nosotros.
9月19日

20 septiembre 2009
DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
REFLEXIÓN DEL SANTO EVANGELIO DEL DIA
(Mc 9, 30-37)
CÓMO VE JESÚS LA TELE
“¿Y que veníais discutiendo por el camino?”
Y los apóstoles no supieron qué responder, porque habían venido tratando de quien sería el Presidente, el Vicepresidente o el Ministro de Hacienda de ese Reino que Jesús predicaba.
Y Jesús se sentó. Tal vez, un poco cansado de que los suyos no acabaran nunca de entenderle, de que no es a codazos como asciende uno en el Reino. No es pisando a los demás como se alcanza categoría, no son los más grandes los que aparecen en los periódicos, en las revistas en la televisión.
Y es que el Señor tiene una manera muy singular de ver la televisión, no se fija en los grandes hombres de los que parece depender la solución de los problemas mundiales, de los que manejan ríos de dinero que atraviesan las fronteras, los hombres y las mujeres mundialmente conocidos.
Tras ellos, el Señor ve al cámara de televisión que acumula horas y horas de trabajo para sacar adelante a su familia, a la mujer de la limpieza, que cuando todos se hayan ido, limpiará el escenario pensando en sus hijos, en el hombre que llega con su camión a recoger tanto papel pintarrajeado y mil cosas de deshecho que constituye su oficio con el que saca adelante a los suyos. Rostros anónimos, desconocidos, uno más del montón… pero no para Dios.
“Quien quiera ser el primero que se haga servidor de todos”.
El Señor quiere que su Reino esté constituido por hombres y mujeres que no acierten a ser felices más que tratando de hacer felices a los demás, que en silencio pasan dando paz y ayuda a la gente, que olvidados de si mismos no pueden vivir tranquilos junto a los problemas y penas de los demás.
Hombres y mujeres que han comprendido que desde el momento en que su Dios se ha rebajado a ser hombre, es ridículo que el hombre quiera sobresalir, si no es para servir a todos como Dios lo hace.
Jesús, abrazado a aquel niño parece decirnos que no le parece mal que discutamos sobre quién es el mayor en el Reino de los Cielos,
no para atribuirnos a nosotros mismos esa importancia, sino para que demos importancia a los que el Señor da importancia.
Nosotros vamos por el mundo dándonos importancia con nuestras tarjetas de visita llenas de títulos, doctorados, puestos importantes.
Y algunos son ya tan importantes que ni apellido necesitan, con sólo poner su nombre propio y un número detrás, ya son conocidos, como son Papas y Reyes.
El Señor nos dice que hay muchos en su Reino que no tienen tarjeta de visita, a los que Él mismo les presta la suya, y que cuando uno de estos pequeños se acerca a nosotros trae en su mano la tarjeta de visita del mismo Dios, cuando uno de ellos nos visita es Dios que nos visita, porque él que recibe a uno de estos pequeños a mi me recibe, no porque esa persona se identifique con Dios, sino porque es el Señor el que se identifica con el…
Sentémonos junto a Jesús a ver la televisión y aprendamos a ver en ella a los que no aparecen, a los verdaderamente importantes en el Reino de los Cielos.
9月18日

19 septiembre 2009
EL SÍ DE MARÍA
Y EL SÍ DE CADA HOMBRE Y CADA MUJER
Dios nos pide a cada uno de nosotros que le acojamos,
que pongamos a disposición nuestro corazón y nuestro cuerpo,
para que Él pueda habitar en el mundo
Recordando la gran fiesta de la Asunción de María al Cielo, leemos en el Evangelio estas palabras de Jesús: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo" (Juan 6, 51). No podemos permanecer indiferentes ante esta correspondencia, que gira en torno al símbolo del "cielo": María ha sido "elevada" al lugar del que su Hijo había "bajado".
Naturalmente este lenguaje, que es bíblico, expresa con términos figurativos algo que no entra completamente en el mundo de nuestros conceptos e imágenes. Pero, ¡detengámonos un momento a reflexionar!
Jesús se presenta como el "pan vivo", es decir, el alimento que contiene la vida misma de Dios y es capaz de darla a quien come de Él, el verdadero alimento que da vida, que alimenta profundamente. Jesús dice: "si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo" (Juan 6, 51).
Pues bien, ¿de quién ha tomado el Hijo de Dios su "carne", su humanidad concreta y terrenal? La tomó de la Virgen María. Dios tomó de Ella el cuerpo humano para entrar en nuestra condición mortal. A su vez, al final de la existencia terrena, el cuerpo de la Virgen fue llevado al cielo por parte de Dios e hizo que entrara en la condición celestial.
Es una especie de intercambio en el que Dios siempre toma la iniciativa, pero en cierto sentido, como hemos visto en otras ocasiones, tiene también necesidad de María, del "sí" de la criatura, de su carne, de su existencia concreta, para preparar la materia de su sacrificio: el cuerpo y la sangre para ofrecerla en la Cruz como instrumento de vida eterna y, en el sacramento de la Eucaristía, como alimento y bebida espirituales.
Queridos hermanos y hermanas: lo que le sucedió a María es válido también, de manera diferente aunque real, para todo hombre y mujer, porque Dios nos pide a cada uno de nosotros que le acojamos, que pongamos a disposición nuestro corazón y nuestro cuerpo, toda nuestra existencia, nuestra carne -dice la Biblia-, para que Él pueda habitar en el mundo.
Nos llama a unirnos a Él en el sacramento de la Eucaristía, Pan partido para la vida del mundo, para formar juntos la Iglesia, su Cuerpo histórico. Y si nosotros decimos "sí", como María, en la misma medida de este nuestro "sí" tiene lugar también para nosotros y en nosotros este misterioso intercambio: quedamos asumidos en la dignidad de Aquél que ha asumido nuestra humanidad.
La Eucaristía es el medio, el instrumento de esta transformación recíproca, que tiene siempre a Dios como fin y como actor principal: Él es la Cabeza y nosotros los miembros; Él es la Vid, y nosotros los sarmientos, quien come de este Pan y vive en comunión con Jesús, dejándose transformar por Él y en Él, queda salvado de la muerte eterna: ciertamente muere como todos, participando también en el misterio de la pasión y de la Cruz de Cristo, pero ya no es esclavo de la muerte y resucitará el último día para gozar de la fiesta eterna con María y todos los santos.
9月17日

18 septiembre 2009
LA DIGNIDAD DEL TRABAJO
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Si nos ponemos a escoger las palabras que más gastan nuestros labios modernamente, estas dos palabras trabajo y trabajador no se van a quedar las últimas de la lista.
Esto lo podemos asegurar a ciegas.
¡Ojalá hubiera sido siempre así!
Porque esas palabras --dándoles el sentido que hoy les damos-- hubieran hecho del trabajador y del trabajo la persona y la actividad más dignas que existen.
Quitándoles el sentido que les quiso dar la revolución marxista, nosotros las miramos bajo la luz de la fe, y esas dos palabras resultan entonces sagradas. Trabajador y trabajo nos remontan al Dios del paraíso y al taller de Nazaret, y en esos dos lugares, tan santificados por la presencia de Dios, es donde se descubre tanto la dignidad de la persona que trabaja como el poder santificador del trabajo.
El poeta se dirige al hombre trabajador, y le canta entusiasmado: Labra, funde, modela, torna rico el erial, pinta, cincela, incrusta, sierra, pule y abrillanta, edifica, nivela, inventa, piensa, escribe, rima y canta.
Igual que podría decirle a la mujer --aunque yo no lo digo en verso, sino en prosa muy vulgar--, que limpie, cocine, cosa, estudie, ponga una inyección, enseñe en clase, sea la más eficiente de su oficina o de su taller, brille en la universidad o en la política, distíngase en cualquier campo...
Así vamos a mirar el trabajo nosotros ahora en nuestro mensaje: no bajo la óptica social conflictiva, sino como una virtud humana y cristiana eminente. El trabajo es, ante todo, un medio grande de perfeccionamiento personal.
Nos dice la Biblia que el hombre ha nacido para el trabajo como el pájaro para volar. ¿Qué diríamos de un pájaro que estuviese tendido en tierra sin poder alzar el vuelo? Pues diríamos esto: que es un pájaro que está enfermo y que nunca se va a desarrollar como los demás compañeros suyos, que gozan surcando el cielo azul...
Así también, el hombre que no trabaja no desarrolla sus facultades, indica que algo anormal hay en sus adentros, y que nunca llegará a la perfección exigida por su naturaleza. El trabajo hace vivir con dignidad, porque lo que se come no es fruto del trabajo ajeno ni del robo --descarado o elegante, que es igual--, sino de un esfuerzo noble y generoso. No hay cosa que se mire con más desdén en la sociedad que la pereza, la apatía, la holgazanería, el aprovecharse de los demás y liberarse de una ley como la del trabajo, que nos obliga a todos.
¿Y si no hace falta trabajar porque se puede vivir de renta, sin preocupación alguna?...
Habremos de decir que no se justifica el dejar de trabajar en este caso. Si no lo necesito yo, lo necesitan otros, para los cuales debo ser brazo productivo. El apóstol San Pablo nos lo dice desde le principio de la Iglesia: -¡A trabajar fuerte con las propias manos, para poder ayudar así al que se encuentra en necesidad! Dejar de trabajar porque se tiene para vivir de renta, es condenarse a una vida sin ilusión.
¡Cuando resulta tan bello el entregarse al trabajo para aportar mayor bienestar a la familia o tener para dar más a los miembros de la sociedad que están necesitados!...
Las revoluciones sociales modernas han enfocado el problema del trabajo de maneras para nosotros inaceptables, aparte de equivocadas, aunque reconocemos con simpatía que muchas veces los trabajadores han reivindicado sus justos derechos y han denunciado males insostenibles.
Nosotros miramos el trabajo como virtud humana y cristiana a la vez. El trabajo dignifica a la persona, la ennoblece y la santifica. Más todavía. Miramos hoy el trabajo, sea cual sea, bajo otro aspecto muy atractivo y estimulante, como es el perfeccionamiento del mundo.
El que trabaja, presta sus manos a Dios para que siga adelante con su obra creadora. Dios creó el mundo muy bello, pero lo dejó, diríamos, a medias.
Quiso que fuéramos nosotros, con nuestro ingenio y nuestro esfuerzo, los que le diéramos los últimos retoques y lo fuéramos preparando así para la restauración final, que será obra del mismo Dios.
El poeta que nos ha dicho aquellos versos primeros, se dirige ahora al trabajador, y le suelta este elogio supremo: Sin ofensa de Dios, que fue el primero, tú, el creador segundo bien te puedes llamar del mundo entero.
Si nos formamos este concepto del trabajo, y trabajamos así, a la luz de estos principios tan humanos y tan cristianos, ¿quién nos va a negar que somos felices? La Biblia nos lo asegura con estas palabras: - Será dulce la vida del trabajador que está contento con su suerte.
¿Y cómo no vamos a estar contentos, siendo brazos para nosotros mismos, para los demás y para el mismo Dios?....
Gabriel y Galán - Job 5,7. Ef. 4,28. Eccli. 40,18. |
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9月12日
13 DE SEPTIEMBRE 2008
DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO
SOBRE EL SANTO EVANGELIO
(Marcos 8, 27-35)
Cuenta una leyenda que, en una ocasión, una mujer budista acudió al templo con su hijo muerto. Su niño era una criaturita de seis años. Lo llevaba en brazos y, con lágrimas en los ojos, le gritaba a la imagen de Buda pidiendo que lo curase. Y el Buda le dijo que se lo podría traer de nuevo a la vida si ella le llevaba unas semillas de mostaza. Pero con una condición: debían ser semillas recogidas en la casa de alguna persona que no estuviera sufriendo ningún dolor desde el año anterior. La mujer dio un salto de júbilo y salió corriendo a buscar lo que se le pedía. Fue de casa en casa hasta que recorrió casi toda la Tailandia. Al poco tiempo volvió a Buda con las manos vacías. Pero esta vez ya no pidió la curación de su hijo. Había comprendido que no hay ningún hombre sin sufrimiento en esta tierra.
¿A cuántas personas conoces tú, amigo lector, que no sufran algo en la vida? A veces nos puede dar la impresión de que fulanito o menganito no tienen problemas ni sufrimientos... ¡Parece que todo les sonríe y les salen las cosas como ellos las habían planeado!: tienen dinero, gozan de comodidades, buena fama, de una posición económica y social afortunada, amistades, etc., etc., etc.. Diríamos que son personas con bastante “suerte” o que el “destino” les ha favorecido. Pero, en el fondo, yo creo que esos juicios son demasiado ligeros y no tienen ningún fundamento de verdad. Además de que, al hablar así, están demostrando una fe no muy grande en la Divina Providencia. También aquí se cumple el refrán de que “el jardín del vecino siempre parece más verde”...
Yo diría, más bien, que mucha gente “aparenta” ser feliz, como la historia de Garrik de la semana pasada. ¿La recuerdas? ¡Son máscaras de felicidad! Y no digo yo que no existan personas verdaderamente felices. Por supuesto que las hay. ¡Y muchas, gracias a Dios! Pero lo que quiero subrayar ahora es que todos, absolutamente todos en esta tierra, tenemos que sufrir. Y de hecho, sufrimos. ¿Quién no ha tenido, en efecto, una enfermedad, un dolor, un accidente? ¿o una pena personal muy honda por motivos económicos, familiares o espirituales? ¿Y quién no ha sufrido alguna vez el dolor por un problema de un hijo, una enfermedad del esposo, de la esposa o de los propios padres; o la muerte de un ser querido? Y, además, ¡cuántos sufrimientos morales invaden, a veces de improviso, la casa de nuestra alma: pesares, tristezas, depresiones, fracasos, angustias, tribulaciones por tantísimos motivos! La listas de posibilidades es casi infinita....
Y lo curioso es que, cuando nos sobreviene cualquier dolor, casi nunca estamos preparados. Siempre nos coge de sorpresa, a pesar de que el sufrimiento es algo tan común en todos los mortales. Es más, diría yo sin temor a equivocarme que el dolor es un elemento esencial en la vida de todo ser humano; y con mayor razón de todo cristiano. De todo ser humano porque nadie vive, de hecho, sin él; y de todo cristiano porque la cruz es el signo de su identidad. ¿Cuál es, si no, lo primero que una madre cristiana enseña a su niño pequeño? A hacer la señal de la cruz. Y es este signo, en efecto, lo primero que hacemos todos cuando iniciamos una oración y, tal vez, hasta llevamos una cruz colgada en nuestro pecho. Somos cristianos porque seguimos a Cristo y somos sus discípulos. Y sólo existe un Cristo: el Crucificado y el Resucitado por nuestra salvación.
El evangelio de hoy, con su mensaje eterno, nos confirma esta enseñanza. Después de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, nos cuenta san Marcos que Jesús comenzó a instruir a sus apóstoles: “El Hijo del hombre –les dijo– tiene que padecer mucho, ser condenado por los sumos sacerdotes y por los ancianos del pueblo, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. El sabía muy bien que ése era el camino de nuestra redención. Más aún, pudiendo haber escogido otros caminos diferentes para salvarnos, quiso escoger precisamente éste. ¿Por qué? Es un misterio. Pero, al menos, estamos seguros de que el camino de la cruz es el más conveniente para nuestra salvación porque fue el que eligió nuestro Redentor.
Cuando Pedro quiso apartar al Señor de esta senda –pues, al igual que nosotros, no entendía por qué su Maestro tenía que sufrir– se llevó la gran “reprimenda” de su vida: “¡Apártate de mi vista, Satanás! –le dijo el Señor a su apóstol predilecto– porque tú piensas como los hombres y no como Dios”. Es decir, que sólo podemos entender el lenguaje de la cruz por medio de la fe, que nos coloca en el punto de vista de Dios.
Y, al final de este evangelio, nuestro Señor añade: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Enseñanza contundente, clarísima, ineludible. Si somos cristianos, hemos de seguir a Cristo abrazando con fe y con amor nuestra propia cruz. Entonces, ¿por qué nos extrañamos cuando ésta se presenta en nuestra vida? Hemos de pedirle a nuestro Señor, más bien, la generosidad, la fortaleza y el amor necesarios para ser cristianos de verdad, siguiéndolo por el mismo camino que va recorriendo El, delante de nosotros.
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