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7月26日

A V I S O

 

 

 

27 JULIO 2009

 

A V I S O

 

A mis buenos amig@s y visitantes de mi espacio:

 

 

Considero conveniente poner en vuestro conocimiento

que mi “espacio” quedará cerrado temporalmente.

___________________________________________________

En concreto desde el 27 de julio hasta 4 de septiembre.

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Mi edad y mis achaques exigen cuidar de mi salud.

 

Por eso saldré de Barcelona en busca de un lugar

tranquilo y fresco para liberarme de estas temperaturas para mi sofocantes.

 

Confío, que con la ayuda del Señor, pueda incorporarme

en la fecha indicada y reanudar mi actividad con renovadas fuerzas.

 

Deseándoos a tod@s  lo mejor para este verano,

me despido de vosotros hasta septiembre

 si Dios así lo quiere.

 

MARCOS

aguasbravas@msn.com

http://aguasbravas.spaces.live.com/

 

 

 

 

 

 

 

7月25日

DOMINGO XVII

 

 

 

 

 

26 JULIO 2009

 

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

CONSIDERACIONES SOBRE EL SANTO EVANGELIO DEL DÍA

 

Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.» Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.» Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.» Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, se retiró de nuevo al monte él solo.

Reflexión

¡ DESCONCERTANTE !

 

Pongamos a disposición de nuestro Señor

y de nuestros semejantes

“todo” lo que somos y tenemos

¡Jesús es verdaderamente desconcertante! Y no podía ser de otra manera. El es Dios y toda su persona humano-divina está envuelta en el misterio. Más aún, El mismo es un misterio para el hombre. Y también su acción, en consecuencia, es parte del misterio y muchas veces nos desconcierta con su manera de actuar, tan distinta a los criterios de los hombres.

Hace dos semanas meditábamos en el poder de Dios, y cómo actúa en muchísimas ocasiones sin contar con los medios humanos para llevar a cabo sus obras. Los instrumentos que usa son absolutamente desproporcionados para los fines que pretende conseguir. Y lo más maravilloso es que, aun así, ¡los consigue! Y allí tenemos a David, haciendo frente a Goliat, y venciéndolo. Y lo mismo le sucede a Gedeón, a los profetas, a los apóstoles y a la Iglesia a lo largo de toda su historia. Así es Dios.

Pues hoy el Evangelio nos presenta otra de esas acciones desconcertantes de nuestro Señor: la multiplicación de los panes. Pero fijémonos bien en los detalles que nos ofrece la narración evangélica: ¿cuántos panes y peces tenía nuestro Señor? ¿y a cuántos tenía que dar de comer? Efectivamente: cinco panes y dos peces para cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. ¿Verdad que es una desproporción impresionante? ¡Pues para Cristo no hay imposibles! Una palabra, una bendición, una orden a sus discípulos, y los panes se multiplican por millares. Y, por si fuera poco, todavía llenan doce canastas con los pedazos sobrantes.

¡Aquí tenemos otra vez a nuestro Señor con otra de sus “salidas” típicas de El! ¿Por qué escogió a ese pobre muchacho que traía unos cuantos panes y dos pececillos para realizar el milagro? Porque a Dios le gusta actuar a través de instrumentos pobres, frágiles y limitados. Y es que la contabilidad y las matemáticas de Dios no son, por fortuna, como las nuestras.

El cardenal Van Thuan, ese arzobispo vietnamita que fue perseguido por el régimen comunista de su país y que transcurrió trece años en la prisión, comenta bellamente en su libro “Testigos de la esperanza” que él “ama a Jesús por sus defectos”. No es una herejía, aunque lo parezca, sino una verdad más grande que una catedral. Sus “defectos” son los que lo hacen más atractivo, más humano, más amable y más cercano a nosotros. Algunos de esos defectos –nos dice el cardenal– son: que Jesús no conoce las matemáticas, que no actúa con lógica humana y que no es experto en finanzas ni en economía. ¡Y aquí tenemos otra prueba de ello!

Esa desproporción con la que obra nuestro Señor se supera no a base de “prudentes” cálculos humanos o de razonamientos “lógicos” según nuestra manera de ver las cosas, sino a base de fe, de confianza en el poder de Dios y de caridad hacia nuestros prójimos. Pero la condición para que Cristo obre el milagro es que pongamos a su disposición TODO lo que somos y tenemos. Puede ser que seamos muy poca cosa y que no tengamos casi nada. No importa. Pero lo que sí es indispensable es que lo pongamos todo. Ese muchacho puso a disposición de Cristo sus cinco panes y sus dos peces, sin guardarse nada para sí mismo “por si acaso”. Y es esa pobreza –no la abundancia de bienes– la que el Señor quiere que pongamos a disposición de El y de los demás. Es la imagen más provocadora de una Iglesia pobre y desprovista de medios, débil e insignificante en el plano humano, compuesta de gente “que no cuenta”, la que sirve y desconcierta al mundo, a los “grandes” y a los poderosos. La desproporción se anula –como comenta un escritor contemporáneo– cuando lo poco que se tiene, lo nada que se es, se convierte en el todo que se da y que se pone al servicio del prójimo. “Tener fe –dice Pronzato– no significa tanto creer en los milagros, cuanto creer que Cristo, para hacer el milagro, tiene necesidad de nuestra alforja, aunque muchas veces se encuentre casi vacía. Tener fe no quiere decir solicitar a Jesús que cambie las piedras en pan –ésta es una tentación, rechazada por El de una vez por todas, ya desde el principio–. Tener fe significa aceptar que El transforme nuestro corazón de piedra, apto solamente para hacer cálculos exactos, en un corazón de carne, capaz de saciar a la gente con la irracionalidad de la pérdida y del servicio”.

Ojalá que nosotros también pongamos a disposición de nuestro Señor y de nuestros semejantes “todo” lo que somos y tenemos –aunque objetivamente sea muy poco– para que El pueda realizar milagros en nuestra vida, con nosotros, en nosotros y a través de nosotros.

7月24日

LAS LETANÍAS SON ALABANZAS....


 

 

 

25 JULIO 2009

 

LAS LETANÍAS SON ALABANZAS,

PIROPOS DE AMOR, DE TERNURA, DEDICADOS A MARÍA

 

¿Te aburres rezándolas? No amas, no comprendes.

Sólo quien ama a María las entiende

 

Las letanías son alabanzas, piropos de amor, de ternura.

 ¿Te aburres rezándolas? No amas, no comprendes. ¿Te gustan?

Sí amas, sí comprendes.

El que las inventó sí amaba, sí comprendía.

 Son, en definitiva, un poema de amor; sólo quien ama a María lo entiende.

 Dile a los enamorados que son aburridos porque repiten con frecuencia frases de amor.

Santa María

Es el nombre de la mujer más maravillosa... ¡Cuantas iglesias dedicadas a su nombre!¡Cuantas mujeres llevan este nombre de María! Por algo será. Yo me llamo Mariano y me alegro de llevar ese nombre. Cuanta gente canta, reza, dice ese nombre que a los mismos ángeles impresiona y enternece el corazón de Dios. Los ángeles obedecen a Dios y luego a su Reina, a una mujer, una criatura humana, a María.

Nosotros le hemos puesto un sobrenombre llamándola Santa María de Guadalupe. Cuanto significa este nombre para los mexicanos.
María es amor, toda amor; es el lado misericordioso y tierno del amor de Dios para nosotros.

Santa Madre de Dios

Esta es su grandeza incomparable, Nos merece un respeto tremendo. Pero su amor y humildad la convierten en una Madre incomparable, única. Podía el Hijo de Dios habérsela quedado. Era suya, solo suya y toda suya. Pero el amor es donación y entrega. Y por amor -¡qué grande amor!- nos la regaló. Cristo nos dio el derecho de ser sus hijos.
La sangre que Cristo derramó en el Calvario esa la sangre de una mártir,, era su propia sangre. Dios lleva en sus venas la sangre de María.

Santa Virgen de las vírgenes

Es la inmaculada, la llena de gracia, La hicieron las manos del tres veces santo para ser digna morada del Hijo de Dios.

Está a la cabeza de todas las vírgenes, es reina de todas ejemplo para cada una de ellas.

Madre de Cristo

La sangre que derramó en el Calvario era la sangre de una mártir, María, la Corredentora. Madre del Niño Jesús que nació de Ella en Belén. Madre del Cristo que predicó en Palestina. Madre del Cristo del Calvario: Madre mártir.

Madre de la Iglesia

Pablo VI le otorgó ese título durante el Concilio Vaticano II. Madre de Cristo Cabeza, Madre de su cuerpo, la Iglesia. Madre de todos nosotros: madre tuya, madre mía. Una prueba de que Jesús nos ha tomado en serio como hermanos es que nos ha dado a su Madre, y para siempre.
Te cuida y te ama como si fueras el único. Pero María no puede besar al hijo que la rechaza, no puede curar al hijo que no la quiere, no puede ayudar al hijo que la rehuye. No puede ser Madre de quien no quiere ser su hijo. Y es más madre de quien desea con toda su alma ser hijo suyo.
Madre que cuida de una manera especial a sus hijos enfermos, pecadores, tristes... Madre de las almas consagradas. Para Jesús son sagrados, para María también.
Mexicano, si alguna vez has sentido en tu corazón un algo de ternura por la Morenita del Tepeyac, ten cuidado, te la quieren arrebatar. Te habrán quitado mucho. Ya solo nos falta que nos quiten la fe en Dios y en la Virgen de Guadalupe. Y a ver qué nos queda de mexicanos.

Madre de la divina gracia

No en el sentido de productora de la gracia, sino distribuidora, medianera de la misma. Todas las gracias que recibes pasan por las manos de una Madre, por voluntad de Dios. Al ser la Madre de Cristo m de alguna manera es la madre de esa gracia que Cristo nos dio. Porque el sí de María pondría en marcha la Redención de los hombres, la redención que nos otorgaría la gracia.

Madre purísima. Castísima, virginal, inmaculada

Un abismo de pureza. La Mujer con mayúscula fue una mujer purísima. Cualquier mujer que quiera conservar su grandeza, no puede menospreciar esta virtud. La impureza te hace menos mujer y te acerca al reino inferior de la naturaleza. Las mujeres, las muchachas que hoy aman la pureza y la tratan de vivir tienen el beneplácito de Dios y la sonrisa de la Mujer ideal.
Con ello no quiero decir que las caídas en este campo no se puedan reparar. Como nadie dice que un vestido manchado no se puede lavar.
Los gustos del cielo tan distintos a los del mundo. ¿Qué han hecho de la mujer? Hoy la mujer ideal es totalmente distinta. Si eres mujer, escoge el perfil del cielo o el de la tierra.
La pureza no roba belleza a una persona, al contrario, la realza. El rostro más bellos y los ojos más hermosos son aquellos en los que se refleja Dios. La mujer pura tiene un encanto adicional, un toque de cielo azul, aunque hoy no se le quiera tener en cuanta. Si se quiere rescatar al mundo debe ser desde la mujer, Y gran parte del recate de la mujer se llama castidad.

Madre amable

Digna de todo nuestro amor.

Por lo buena que es
Por lo santa
Por ser mi Madre
Por todo lo que le debo
Porque, después de Dios, nadie me quiere tanto
Por su encantadora sencillez.
María es digna de todo nuestro amor. Totus tuus. Todo tuyo y para siempre.
Te quiero, madre dela cielo, como quiero al mismo cielo, como quiero los bellos paisajes, los mares, los ríos, las montañas... Te quiero en los amaneceres y puestas de sol, en las flores de la pradera. Lo mismo que siento a Dios, te siento a Ti en cada rosa, en el canto del jilguero, en las estrellas de la noche. Algo de tu hermosura ha quedado en la naturaleza. Y por eso te veo en todas partes.

 

LAS VISITAS A JESUCRISTO Y A LA SANTÍSIMIA VIRGEN MARÍA


http://hermandaddelasalud.blogspot.es/img/cabecerablog.jpg

 

 

LAS VISITAS A JESUCRISTO

Y A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

 

Ellos están ahí, cerca de tu puerta,

con una sonrisa cada día,

con un amor cada hora

 

Las visitas a la Santísima Virgen y a Jesucristo,

realizadas con fe y fervor, infunden no pocos ánimos.

 En tu ciudad viven, a unos pasos de tu calle;

 no cuesta gran cosa visitarles un minuto,

 darles los buenos días, pedirles una misericordia para la jornada.

Esas pequeñas visitas, esos pequeños momentos,

robados a tu abultada agenda, inyectarán vigor a tu alma triste;

 ve a visitarles con más frecuencia, con más amor y menos prisa,

 que son los amigos de tu alma,

 los que ponen suavidad y eficacia en tus actividades febriles.

María Santísima y Jesús están ahí, cerca de tu puerta,

 con una sonrisa cada día, con amor cada hora,

 con las manos repletas de bendiciones para ti.

Jesús y María son dos antiguos amigos desaprovechados;

 siempre los tuviste,

siempre los tendrás muy cerca de ti, a total disposición,

con un amor que, si supieras...

pero conocer es el arte que pocos aprenden;

 si conocieras quién es... suena a dulce reto.

Si el arte de vivir es amar y ser amado,

 ahí tienes dos amigos que siempre te han querido

y a los que no has sabido amar.

 Una breve visita, un corto detenerse,

 un pequeño gesto de cariño,

 un mirar y ser mirado,

 un alargar la mano y dar la diaria limosnita de amor.

 

7月22日

LA SED

 

 

 

 

23 JULIO 2009

LA  SED

 

La sed de Dios no nace de ninguna carencia o necesidad,

sino de la plenitud de su amor

 

Uno de los problemas que más preocupa a los hombres de muchos rincones de la tierra

 se refiere a una realidad muy cercana y familiar:

 el agua.

Allí donde escasea, el agua adquiere un significado especial.

Algunos seguramente han visto esos campos regados "gota a gota", con precisión envidiable, para aprovechar al máximo un elemento que para algunos es sumamente asequible, pero para otros resulta casi un pequeño tesoro...
El tema del agua se relaciona con la experiencia de la sed. Vienen a la memoria los versos de Antonio Machado, el poeta español que murió lejos de su tierra natal: “Bueno es saber que los vasos / nos sirven para beber; / lo malo es que no sabemos / para qué sirve la sed”.

Machado plantea un interrogante vital. ¿Para qué sirve la sed?
El médico dirá: para mantener el nivel del agua del organismo.
El industrial: para permitir el desarrollo de un sector alimenticio.
El periodista: para abrir cada año la ya fría y trágica estadística de los muertos en las sequías de algunas zonas de África.
El psiquiatra: funciona como un reflejo del sistema de mecanismos innatos que actúan sobre nuestro subconsciente y hacen surgir en nosotros los deseos primarios (si es que no se expresa con palabras más complicadas).
El filósofo de gafas grises: se trata de algo sin sentido, de un deseo absurdo, de una fatiga inútil, de un fracaso de la naturaleza, de un error del proceso evolutivo.
El repertorio de respuestas puede alargarse. Sería interesante escuchar lo que dirían un niño, un anciano, un campesino, un empleado de agencia de viajes, un cocinero...
Después de mirar hacia fuera, también a cada uno puede venirle el interrogante: ¿para qué sirve la sed, esa sed mía en un momento de cansancio?

Voy a la nevera, destapo una botella, y bebo (un producto sin publicidad, pues no me ha pagado ninguna compañía...) ¿Estoy satisfecho, he asesinado mi sed? Ya no siento sed. ¿He logrado la autosuficiencia? ¿O un nuevo deseo nace en mí y me pide nuevos esfuerzos y trabajos?
Estas y tantas otras experiencias de carencia, de vacío, de búsqueda de algo fuera de uno mismo, pueden enseñar muchas cosas a los hombres de hoy. Primero, el fracaso del egoísmo.
El egoísta cree bastarse, cuando la experiencia diaria, empezando con la trivialidad de la sed, muestra que el hombre es un ser lleno de necesidades, un “animal insaciable”.
En segundo lugar, y como consecuencia inmediata de lo anterior, la apertura continua a la vida social. ¿No nos hemos unido los hombres en esos momentos difíciles de crisis, de lucha, de hambre y de sed, para solucionar en común lo que difícilmente podríamos hacer solos?
En tercer lugar, la apertura a uno de los enigmas mayores de nuestro caminar en el mundo: el misterio de la insaciabilidad del hombre.
Es difícil poder decir que se ha llegado a tener todo lo que hace falta para ser felices. Siempre hay un “más” y un “todavía falta” que nos deja en el lugar de la insatisfacción y de la búsqueda ilimitada. ¿No se tratará de una búsqueda que sólo podrá culminar más allá de esta vida, cuando crucemos la frontera de la muerte?
Y aquí podemos preguntarnos: si en el cielo del que habla el cristiano (el que realmente cree en el cielo y hace algo por alcanzarlo con seriedad) no hubiese sed, ¿no caeríamos en el círculo del egoísmo y la autosuficiencia? ¿Cabría un amor sin carencias?
Probemos formular la pregunta al revés: ¿no será aún más hermoso el amor cuando uno no se limita a buscar en el otro la compensación de un impulso insatisfecho, sino que lo ama precisamente por lo que el otro vale, sin hacer de él un instrumento de los propios instintos y vacíos?

Algunos griegos de hace más de 2.000 años creían que Dios, un Ser perfectísimo, se pensaba y se amaba a sí mismo sin necesitar de nada fuera de sí.
Ese Dios de los filósofos no tenía la menor preocupación por el mundo ni por los hombres, pues ni siquiera cabía que les dirigiese una curiosa mirada de reojo. Estaba plenamente satisfecho en “su cielo”. Se trataba de un Dios sin sed.
En cambio, Cristo nos muestra a un Dios “sediento” del amor del hombre, que, en una experiencia profunda de soledad y abandono, gritará: Tengo sed. La sed de Dios no nace de ninguna carencia o necesidad, sino de la plenitud de su amor.
Hoy, en un mundo de unos pocos satisfechos y de una multitud de pobres y abandonados, en el que sólo nos interesa la utilidad de las cosas (inclusive de las personas que viven a nuestro lado) el mensaje cristiano nos puede recordar un nuevo tipo de amor: el de saber dar la vida por el otro, no para compensar algún vacío psicológico y alcanzar una cierta presunción y complacencia, sino simplemente porque la medida del amor del cristiano es el amar sin medida, como Él nos amó.

¡Bienvenida, entonces, sea la sed! Y, mejor todavía, ¡bienvenidos los hombres que no se limitan a beber y a saciarse a sí mismos, sino que se convierten en fuentes de amor y de generosidad para todos aquellos que quieran acercarse a ellos y saciar un poco su anhelo de cariño!

 

 

 

7月21日

EN EL BIMILENARIO D SAN PABLO (24)


 

sanpablo12

 

 

 

22 JULIO 2009

 

EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO  (24)

 

ENTRE LA SEGUNDA Y LA TERCERA MISIÓN

DEJANDO POR AHORA CORINTO

 

Antes, todo eran dificultades.

Ahora se me abre de par en par

una puerta enorme y prometedora

 

Un día corrió la alarma por la Iglesia de Corinto:

-¿No lo saben? Pablo se va, Pablo nos deja. Se ha rapado completamente la cabeza, y esto en un judío significa que ha de ir a Jerusalén para cumplir en el Templo el voto que ha ofrecido.
Les preguntan a Áquila y Priscila, que no pueden mentir:
-Sí, es cierto. Y nosotros marchamos con él hasta Éfeso, donde nos vamos a quedar, mientras que él seguirá su viaje, aunque nos dice que vendrá a Éfeso después de Jerusalén.

¿Cómo es que Pablo deja Corinto? Ha fundado allí una iglesia fuerte, ejemplar, luchadora, que ha crecido prodigiosamente.
La fuerza de la Cruz se ha mostrado vigorosa en la ciudad llena de vicio, y los creyentes quedan bien atendidos por presbíteros y jefes ejemplares.

Pablo puede reflexionar confiado:

-¿Qué sigo haciendo aquí después de año y medio? En Grecia, sin ninguna ciudad importante fuera de Atenas y Corinto, ya no me queda nada que hacer. Roma..., Roma…, y después hasta España, en el fin de la tierra. Pero antes he de visitar y fortalecer las iglesias fundadas en Galacia. Y, antes que Roma, está Éfeso y las ciudades costeras del Asia. ¿Me va a impedir por tercera vez el Espíritu Santo establecer en Éfeso la Iglesia?...

Pablo se decide:

-¡A Éfeso! Pero, antes, una rápida visita a Jerusalén, Antioquía e iglesias de Galacia.
En Éfeso, al desembarcar con Áquila y Priscila, tiene la confirmación de su propósito, cuando oye después de predicar alguna vez que otra en la sinagoga:
-¡Quédate aquí, Pablo!...
-Sí, volveré, si Dios quiere, se lo prometo; pero déjenme ir antes a Jerusalén.
Desembarca ahora en Cesarea, y de allí “sube” a Jerusalén, donde tiene por lo visto una acogida fría o indiferente:
-¡Ya está aquí Pablo! El que no quiere la circuncisión ni la Ley de Moisés, el que amplía la Iglesia con paganos y más paganos…
Pablo no es insensible a estas críticas, y lo siente.
Por más que los judeocristianos de Jerusalén no podían quejarse mucho esta vez.
Ven cómo Pablo ha venido desde muy lejos hasta la Iglesia madre para cumplir un voto conforme a las costumbres judías, que no le obligaban para nada. Pablo lo hizo libremente.
Y con esto podían ver sus adversarios que Pablo no rechazaba las costumbres piadosas de su pueblo.
Pablo, como escribirá él mismo después, se hacía “judío con los judíos” a fin de ganarlos a todos para Cristo (1Co 9,20). Lo que rechazaba era la circuncisión y la Ley como obligatorias para los que habían recibido la fe y el Bautismo del Señor Jesús.
Una vez cumplido su voto en el Tempo, Pablo se despide, y se encamina otra vez hacia Antioquía, donde, al revés de Jerusalén, todo es acogida, todo es cariño, todo es estímulo:
-¡Adelante, Pablo! Visita a los hermanos de Galacia, y a ver si esta vez te deja el Espíritu caer por fin en Éfeso.
Empezaba la tercera misión de Pablo (Hch 18,22-28; 19,1-10)
Era a finales del año 52, ó ya la primavera del 53, cuando Pablo atravesaba de nuevo la cordillera del Tauro para visitar las iglesias de Galacia confortando a los hermanos.
Y por fin, ¡esta vez, sí!, por fin Éfeso, la grande y bella ciudad de Éfeso, rodeada de otras ciudades que serán célebres en la historia apostólica, en especial con las cartas que Juan les dirigirá en el Apocalipsis.
Nada más llegar, Pablo escucha con interés lo que le cuentan algunos:
-Teníamos aquí con nosotros a Apolo, un admirable judío de Alejandría. ¡Hay que ver cómo domina las Escrituras! ¡Hay que ver con qué elocuencia habla! ¡Hay que ver qué testimonio da del Señor Jesús!...
Áquila y Priscila le confirman todo a Pablo:
-Sí, es cierto; pero no conocía al Señor Jesús más que por lo de Juan el Bautista en el Jordán. Nosotros le instruimos mejor, y marchó a Corinto mucho más preparado. Los hermanos de aquí le dieron carta de recomendación y a Corinto que se fue…
Pablo, de corazón grande, no siente nada de envidia; al contrario, se goza de que el nombre del Señor Jesús sea más y más conocido por evangelizadores que surgen en la Iglesia como la mayor bendición de Dos.
Igual que Apolo, estaban aquellos doce creyentes, a los que pregunta Pablo:
-¿Recibieron al Espíritu Santo cuando abrazaron la fe?
Los doce del grupo dieron una respuesta extraña por demás:
-¿El Espíritu Santo? ¿Y quién es? Ni sabemos que exista un Espíritu Santo.
Prosiguió Pablo con no menor extrañeza:
-Entonces, ¿qué bautismo han recibido ustedes?
-El bautismo de Juan el Bautista.
Pablo tuvo bastante. Algunos discípulos de Juan, después de recibir en el Jordán el bautismo, habían regresado a sus casas, lejos de Judea, y seguían realizando el rito del Profeta.
Adivinando abierta de par en par la puerta para evangelizar en Éfeso, Pablo contesta:
-Muy bien lo que dicen. Pero aquello de Juan no era sino una preparación para lo que había de venir. Como decía el mismo Juan, Jesús instituyó el único y definitivo bautismo.
-¿Y lo podemos recibir nosotros?
-Si creen en el Señor Jesús, ¡claro que lo pueden recibir!
Pablo los ve dispuestos, les instruye algo más, hace que se bauticen los doce, y, es de suponer, que con sus mujeres e hijos también.
Bautizados, les impone las manos, y el Espíritu Santo bajaba clamorosamente haciéndoles hablar en lenguas extrañas; profetizaban, hablaban de Jesús, entusiasmaban a todos…
Este hecho de los doce que ignoraban al Espíritu Santo lo hemos tomado también como una fina advertencia de Dios a la Iglesia de siempre.
¿Cómo es posible ignorar al Espíritu Santo? ¿Cómo es posible desplazarlo en la Iglesia del lugar que le corresponde?...
El Espíritu Santo, tan calladito, tan delicado, es el gran motor de la Iglesia para llevar adelante la obra del Señor Jesús hasta el fin.
Pablo adivina todo el provenir:
-Antes, todo eran dificultades. En Galacia, se me cerraban todos los caminos del Asia, y ahora se me abre de par en par una puerta enorme y prometedora (1Co 16,9)
El Espíritu Santo, de manera tan sorpresiva e interesante, abría la brecha para el Evangelio en Éfeso.

 Veremos hasta dónde llegará…

7月20日

PINCELADAS DE UN SACERDOTE

 

 

 

21 JULIO 2009

 

PINCELADAS DE UN SACEDOTE

 

Hecho para la alegría, acostumbrado al sufrimiento,

ajeno a la envidia, transparente en sus pensamientos,

sincero en sus palabras, amigo de la paz,

enemigo de la pereza

 

El Papa Benedicto XVI, después de concluido el "año Paulino"

donde tuvimos el gran regalo de gustar las "cartas de San Pablo",

 inició el "Año del Sacerdote".

 Es otro regalo, es un tesoro

 que comenzó el 19 de junio y terminará el 11 de junio de 2010

Quiso que este "año sacerdotal" tuviera como Patrón al "cura de Ars"

 como es más conocido San Juan María Bautista Vianney.

¿Y quién es Juan María Bautista Vianney o el "cura de Ars"?

 Tal vez un poderoso y conocido hombre de la Iglesia,

 un arzobispo, un gran predicador, un eminente y sabio teólogo....

 pues no.

Veamos un poco quién fue este hombre....

¿quién fue el "cura de Ars"?

Unas pequeñas pinceladas de quién el Papa Benedicto XVI

 quiso poner como ejemplo de maravillosa sencillez, humildad y vida santa.

Juan María Bautista Vianney, nació en Dardilly no lejos de Lión, Francia,

 el 8 de mayo de 1786.

 Quiso ser sacerdote

 pero el latín se le dificultaba a este joven campesino lleno de bondad y de fe

 pero no muy brillante para el estudio.

Juan María fue llamado al servicio militar.

 Cayó enfermo y pasó por dos hospitales.

Su destino era ir a combatir a España.

 Se encontraba muy débil y no pudo llegar para unirse a sus compañeros.

Quedó solo, enfermo.

 Se encontró con otro joven que lo invitó a seguirle

y es así que se convirtió en desertor.

 Pasaron más de dos años ocultos en las montañas

 y por fin una amnistía le permitió volver a su pueblo.

 Su madre muere un poco después de su regreso

y Juan María prosigue sus estudios para ser sacerdote.

 Saca poco provecho de sus estudios pues el latín se le dificulta

 y es despedido del seminario a pesar de su admirable conducta.

El Padre Balley le da todo el apoyo que puede.

  Lo prepara muy bien y se ordena a los 29 años.

 Nadie lo acompaña en su primer Misa

pero él se siente feliz por haber logrado su gran sueño.

Y tiempo después se le encarga el pequeño pueblo de Ars.

Allí fue Juan María el 9 de febrero de 1818

 y prácticamente no volvió a salir de Ars.

 Se consagró enteramente a sus feligreses.

 Vida de asombrosas penitencias, de intensa oración, de gran caridad.

No le faltaron calumnias y persecuciones...

pero el pueblecito de Ars tuvo una notable transformación.

 Florecieron las vocaciones, se practicaba la caridad, ya no había vicios,

 se hacía oración en todas las casas y se santificaba el trabajo.

Y la fama de lo que era el "cura de Ars"

hacía llegar a miles de personas de todas las clases sociales

 buscando sus consejos y arrepentimiento

 y Juan María, olvidando comer, pasaba horas y horas en el confesionario.

 Así su vida.

 Total entrega, breve comida, escaso sueño

 y su labor incansable de confesar y darse con plenitud a quién lo buscara.

Se fue a los brazos del Señor el 4 de agosto de1859.

Y este sencillo, humilde y entregado sacerdote,

 hoy SAN JUAN MARÍA "el cura de Ars"

 resplandece como Patrón

 y para ejemplo de todos los sacerdotes del mundo.

7月18日

LAS VACACIONES DE JESÚS

 

 

 

 

 

 

 

19 JULIO 2009

 

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

CONSIDERACIÓN SOBRE EL SANTO EVANGELIO DEL DÍA

 

LAS VACACIONES DE JESÚS

 

Vengan conmigo a un lugar solitario,

Para descansar un poco.

¡Qué gesto tan hermoso

 y tan humano de parte de Jesús hacia sus apóstoles!

 

Marcos 6, 30-34

Los apóstoles se reunieron con Jesús

 y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.

 Entonces Él les dijo:

 Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco.

 Pues los que iban y venían eran muchos,

 y no les quedaba tiempo ni para comer.

 Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario.

 Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta;

 y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades

 y llegaron antes que ellos.

 Y al desembarcar, vio mucha gente,

 sintió compasión de ellos,

 pues estaban como ovejas que no tienen pastor,

 y se puso a enseñarles muchas cosas.

Consideración

Julio es, para la mayoría de la gente, el mes de las vacaciones. Y parece que nuestro Señor quiso, incluso en esto, hacerse semejante a nosotros. El Evangelio de hoy nos cuenta que Jesús, viendo fatigados a sus apóstoles al volver de la misión, los invita a tomarse unas breves vacaciones: “Venid vosotros solos –les dice– a un lugar tranquilo y apartado para que descanséis un poco”. Y es que “eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer”. Bastante trabajo debían tener los Doce para que nuestro Señor tomara esta iniciativa.
Y, a la vez, ¡qué gesto tan hermoso y tan humano de parte de Jesús hacia sus apóstoles! No se le escapa ningún detalle y, como buen Amigo y compañero, se preocupa de que no les falte un saludable “weekend” para que descansen y repongan las fuerzas perdidas por el desgaste del apostolado. ¡Un feliz paseo en barca por el mar de Galilea en compañía de Jesús! ¡Qué descanso y qué compañía!
Sin embargo, en contra de las previsiones y a pesar del programa de “veraneo” que el Señor pensaba organizar a los suyos, mucha gente los ve marcharse y van detrás de Jesús y de los Doce, por tierra, para volver a encontrarse con ellos en el lugar adonde se dirigían. Poco tiempo les duraron sus “vacaciones” porque, al desembarcar, continuaron con sus afanes apostólicos y misioneros. ¡Qué ejemplo de entrega a los demás! A pesar de que se tenían bastante merecido su descanso, deben olvidarse de sí mismos y renunciar al legítimo reposo físico para continuar ayudando y sirviendo a su prójimo. Al menos, pudieron descansar unas horas. Y, conociendo la delicadeza de nuestro Señor, seguramente algunos días más tarde disfrutarían de un sabroso fin de semana de descanso.
Y aquí el evangelista nos presenta un rasgo sumamente bello y revelador de la persona de nuestro Señor Jesucristo: “Al desembarcar, vio una grande multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor”. Sin duda alguna, este gesto del Maestro debió impresionarles poderosamente a los apóstoles porque Mateo hace esta misma observación tres veces consecutivas: antes de enviar a sus discípulos a la misión (Mt 9, 36-38) y antes de las dos multiplicaciones de los panes (Mt 14, 12ss y Mt 15, 32ss). El verbo griego que emplean los evangelistas es muy fuerte y significa, literalmente, “sentir ternura por alguien”, “conmoverse las entrañas de compasión por una persona”. ¡Qué hermosos y sublimes los sentimientos de nuestro Señor!
Pero no son sentimientos vacíos y estériles, sino que lo lleva a la acción y a buscar soluciones concretas para aliviar esas necesidades. En el primer caso, la compasión empuja a Jesús a mandar a sus apóstoles a la misión; y en los otros dos, le lleva a hacer numerosas curaciones y a saciar el hambre de toda esa pobre gente, signos externos de lo que estaba realizando en el alma de aquellas personas. Marcos nos presenta a nuestro Señor entregándose sin descanso, en cuerpo y alma, a la predicación y a la enseñanza de las multitudes: “y enseguida –nos dice el evangelista– se puso a enseñarles con calma”. ¡Qué gran corazón de Jesús! ¡Qué bondad de Pastor, qué ternura de Padre, qué delicadeza de Amigo! Si así de generoso y de misericordioso es nuestro Señor, ¿quién tendrá miedo de acercarse a El?
El Papa Juan Pablo II decía a los miles de peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, que las vacaciones de verano deben ser un período particularmente propicio para redescubrir los auténticos valores del espíritu. “Las numerosas ocupaciones y los ritmos acelerados de la vida –afirmaba– hacen que en ocasiones sea difícil cultivar esta importante dimensión espiritual. Las vacaciones veraniegas, si no son "quemadas" por la disipación y la simple diversión, pueden convertirse en una ocasión propicia para volver a dar aliento a la vida interior”.
Ojalá que, a la luz del Evangelio de hoy y siguiendo el consejo del Santo Padre, sepamos aprovechar este período de vacaciones para renovar la paz y la serenidad de nuestro espíritu a través de una sana recreación y esparcimiento; y que dejemos también un espacio importante para el cultivo de nuestra alma a través de la oración, de las buenas lecturas, la meditación y la participación en los sacramentos para encontrarnos personalmente con Dios nuestro Señor.

¡Felices y provechosas vacaciones para todos!

¡ Y ALLÍ NOS ESPERA !....

 

 

 

18 JULIO 2009

 

¡ Y ALLI NOS ESPERA !....

 

Necesitamos vivir un poco más la esperanza

Y hemos de mirar allá arriba,

Donde tenemos la Patria verdadera,

Cristo y María, glorificados, nos van diciendo:

¡Ánimo, que aquí os esperamos!

 

¿Cuándo hablamos de la Resurrección de Jesucristo, sólo el día de Pascua?...

No. La Resurrección es tema de cada día.

 En la Resurrección de Jesucristo se cimienta nuestra fe,

y por Jesús resucitado recibimos el Espíritu Santo

que nos santifica y completa nuestra salvación.

Esto nos debería pasar con la Asunción de la Virgen: no esperar al 15 de Agosto para hacer conmemoración de ella, sino recordarla siempre.
Porque María Asunta es la figura de la Iglesia en su esperanza de la glorificación final y un avance de lo que Dios quiere hacer con nosotros.
Aquel día en Jerusalén, donde residía la primera comunidad cristiana que había nacido en Pentecostés, había una alegría especial. Nadie se lo explicaba. Y nadie entablaba un diálogo como éste:
- ¿Sabes que ha muerto María?
- ¡Ay, qué pena! Con lo felices que nos sentíamos a su lado, cuando lográbamos arrancarle alguna noticia de Jesús.
- Sí, pues ya ves, se ha muerto...
La noticia corría de una manera muy diferente, y el diálogo se desarrollaba de otro modo:
- ¿No sabes? La Madre del Señor Jesús se ha dormido.
- ¡Qué feliz! Al fin se va a estar con Él para siempre. ¡Con lo que Ella suspiraba por este día!
Y María, la Madre del Señor Jesús, fue enterrada. Pero pronto comenzó a correr otra noticia que hacía aún más feliz el acontecimiento. Pedro, Juan, Santiago, a los que Pablo llamará columnas de la Iglesia, empezaron a propalar la noticia que a ellos les revelaba Dios:
- María, la Madre del Señor Jesús, ya no está en el sepulcro. El Señor se la ha llevado también en su cuerpo al Cielo, como antes se había llevado su alma bendita.
Y los cristianos que vinieron después, seguros de lo que sabían, porque se lo iban transmitiendo unos a otros en aquella Iglesia madre de Jerusalén, levantaron en honor de María un templo al que llamaron La Iglesia de la Dormición.
Porque todos estaban convencidos de que el sueño de María en el sepulcro había durado muy poco. No iba Jesús a esperar la resurrección final para despertar a su Madre de ese sueño que a todos nos espera.
Aunque no sea hoy el 15 de Agosto, fiesta de la Asunción, nosotros recordamos el misterio con toda razón. Porque debe ser éste un pensamiento perenne, propio de todos los días del año.
Necesitamos vivir un poco más la esperanza y hemos de mirar allá arriba, donde tenemos la Patria verdadera. Cristo y María, glorificados, nos van diciendo: -¡Animo, que aquí os esperamos!...
El cristiano, como nos dice San Pablo, tiene ya la cédula de identidad del Cielo, y allí está clavada su vida en Dios.
Entonces, nuestro paso por la tierra está lleno de la vida celestial.
Y la Asunción de María nos lo recuerda continuamente.
En Ella ha avanzado Jesucristo lo que quiere hacer con todos los miembros de la Iglesia.
Entonces, María en su Asunción se convierte para nosotros en un signo. Lo que Jesucristo ha hecho con su Madre, el miembro más insigne de la Iglesia y modelo nuestro, lo hará también con cada uno de nosotros.
Hoy necesitamos mucho la virtud de la esperanza en una felicidad del más allá. La técnica moderna ha puesto a nuestra disposición unos medios de disfrute de la vida muy grandes. Quienes los tienen, se apegan a ellos de modo que olvidan los bienes eternos. Quienes no los pueden tener, sienten el fracaso en sus vida. -¿Por qué los demás han de disfrutar de la vida y yo no?, se preguntan angustiados.
No podemos negar la razón a estos angustiados, así como no dejamos de ver el peligro que entraña para los satisfechos el abandonar a Dios porque ya tienen aquí todo lo que ansían.
Entonces, para los unos como para los otros, igual que para todos nosotros, la palabra de Jesús nos apunta nuestro destino final: -Cuando me vaya y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros.
¿Y no es éste un pensamiento que nos llena de paz y hasta de alegría verdadera? Es un pensamiento bello, aunque presintamos para nosotros el momento de la partida o bien el fin de un ser querido.
Puesto que somos aquí como María, al final correremos la misma suerte que María.
Ella fue llevada al Cielo porque había sido la morada viviente de Jesús. No podía corromperse en el sepulcro la carne que dio carne a Jesús, el Hijo de Dios, el Resucitado.
Así nosotros, cuando nos vamos, tenemos el mismo fin que María, porque hemos llevado por la Gracia a Cristo dentro de nosotros. Por la Comunión también, lo hemos metido miles de veces dentro de nosotros en la realidad de su misma carne, aunque haya sido de una manera misteriosa, bajo la apariencia de pan.

Si cada vez que nos deja un ser querido pensáramos de él

como pensó de María la primera comunidad cristiana,

 nos daríamos cuenta de la mucha razón que tiene San Pablo

cuando escribe que no debemos entristecernos

 como los que no tienen esperanza,

 sino mantenernos en una gran serenidad y hasta en la alegría.

 Porque la vida no se ha perdido.

Al revés, se ha cambiado por otra mucho mejor....

Flp. 3,20. Col. 3,3. 1Tes. 4,12. Jn. 14,3.

7月16日

DIOS PADRE ESCOGIÓ LA POBREZA PARA SU HIJO

 

 

 

 

17 JULIO 2009

 

DIOS PADRE ESCOGIÓ LA PROBREZA PARA SU HIJO

 

El “pobre de espíritu”

es aquel que no pone su esperanza

en las riquezas de este mundo

sino en Dios

 

Es desconcertante y avasallador,

 -casi supera nuestra capacidad de sorpresa-,

 contemplar a Dios hecho Niño, acompañado de María y de José,

 rodeado de unos animales y metido en una cueva excavada en la montaña,

 en una noche fría de invierno.

 

El que hizo el universo,

 el que abrió los labios y fue obedeciendo en todo,

el que dio a los demás la existencia,

el que pudo escoger su forma de nacimiento,

 ahí está pobre, rodeado de pobreza,

 gozoso en la pobreza de sus padres.

Esta decisión de Dios de escoger la pobreza pone

en jaque la manera de pensar y especialmente de vivir

 de muchos hombres hoy en día.

 Es de suponer que Dios, sabiduría infinita, siempre escoge lo mejor.

 Al escoger la pobreza margina la riqueza.

 Más tarde Cristo iba a explicar esta opción

cuando puso como primera bienaventuranza la pobreza de espíritu:

 “Bienaventurados los pobres de espíritu,

 porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5,3).

La pobreza que exigió Cristo a sus seguidores

 no se refería a una condición socio-económica,

sino a una actitud religiosa.

 El “pobre de espíritu”

es aquel que no pone su esperanza en las riquezas de este mundo

 sino en Dios.

 No hay duda de que las riquezas pueden atar el corazón humano

 y bloquearle de tal manera que ya no busca la dicha en Dios

 sino en las cosas.

 El hombre se enamora de las creaturas y se olvida del Creador.

 También cierra su corazón a las necesidades de los demás.

En este mundo donde el hombre lucha por poseer más y más,

 por acumular más y más, por tener más y más,

 siguiendo los instintos de su avaricia y ambición;

 en este mundo en que los hombres sólo se preocupan

por almacenar sus bienes sin compartirlos;

 en este mundo en donde el pobre no es tenido en cuenta,

 Belén es un signo y una profecía para todos nosotros.

 

Signo en cuanto que nos descubre que la pobreza,

desde el punto de vista divino,

 es riqueza, es salvación, es bendición;

 y profecía en cuanto que nos abre a la verdad de la pobreza

 como senda de felicidad y de realización personal.

 

EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO

 

 

 

 

16 JULIO 2009

 

EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO

 

¡ LEAN TESALONICENSES!

UNA SÚPLICA DE PABLO

 

Ha salido de la pluma de Pablo la primera de sus cartas.

Y, al final de la misma, les grita casi a sus queridos tesalonicenses:

- ¡Léanme! ¡Les conjuro por el Señor que lean esta carta todos los hermanos!

(1Ts 5,27)

¿Sospechaba Pablo que esa su carta, sus dos primeras cartas - primeros escritos del Nuevo Testamento-, los íbamos a leer con fruición en la Iglesia durante siglos y siglos?...

Y al leer esas sus dos cartas a los de Tesalónica, ¿con qué nos encontramos?...
Aparte de lo que ya tenemos comentado en meditaciones anteriores, vemos a Pablo volcar su corazón ante aquellos hijos que eran su gloria por la fidelidad al Evangelio.
¿Cómo no va a estar orgulloso Pablo de ellos, si se han convertido en modelo de todas las Iglesias? Así se lo dice sin complejos ni regateos:
“Han abrazado la palabra de Dios con gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones. De esta manera se han convertido en modelo de todos los creyentes. Pues partiendo de ustedes, ha resonado la palabra del Señor por todas partes” (1Ts 1,7-8)
Pablo, ufano por sus hijos, no solamente los colma de felicitaciones, sino que pasa a darles unos consejos que son para nosotros, todavía hoy, grandemente orientadores en nuestra vida cristiana.
Y nada más empezar, Pablo nos cita por primera vez lo que son la fe, la esperanza y el amor: esa tríada gloriosa que encierra toda nuestra salvación, cuando escribe:
“Tenemos presente ante nuestro Dios y Padre el obrar de su fe, el trabajo difícil de su caridad, y la tenacidad de su esperanza en Jesucristo nuestro Señor” (1Ts 1,3)
¡Que elogio el contenido en estas palabras! ¡Quién lo pudiera merecer siempre! No hay cristiano que se pueda perder cuando vive estas tres virtudes recibidas en el bautismo.
Y no se puede perder, sencillamente, porque esa fe, esa esperanza y ese amor son la armadura más fuerte con que está pertrechado para recibir los ataques de Satanás, pues les comenta Pablo:
“Estamos revestidos con la coraza de la fe y de la caridad, y con el casco de la esperanza de la salvación” (5,8)
Pero, ¿por qué viven los tesalonicenses con semejante fidelidad el Evangelio?
Pablo reconoce que esto se debe a dos razones poderosas, encerradas en estas palabras:
“¡Han llegado a ser para mí entrañables! Porque, al recibir la palabra de Dios que les prediqué, la acogieron, no como palabra de hombre, sino como palabra de Dios, como lo es en verdad, y esa palabra permanece activa en ustedes” (1Ts 2,8 y 13)
Aquí está la razón de la fuerza de una Iglesia concreta y de un cristiano en particular.
La palabra que escucha, salida de labios elocuentes o de otros labios muy pobres, es Palabra de Dios, no palabra de hombre, que engendra y alimenta la fe.
Y recibida la Palabra con fe, ¿se queda en una fe muerta, sin obras? ¡No! Porque se traduce en obras vivas, activas siempre, tal como dice el mismo Pablo: “Es una fe que actúa siempre movida por el amor” (Gal 5,6)
El apóstol Santiago se vio en la precisión de corregir a algunos que tergiversaban ciertas expresiones de Pablo sobre la fe.
Y refiriéndose a la Palabra de Dios, que leían en la Biblia o escuchaban en la Comunidad, escudándose en que tenían bastante con la fe, el austero apóstol les avisa serio y les pone una graciosa comparación:
“Pongan por obra la palabra y no se contenten sólo con oírla, engañándose a ustedes mismos. Porque si alguno se contenta con oír la palabra sin ponerla por obra, se parece al que contemplaba su cara en el espejo; efectivamente, se contempló, pero dio media vuelta y se olvidó de cómo era” (St. 1,22-24)
Los discípulos de Pablo hacían todo de manera muy diferente: la Palabra que habían escuchado la ponían por obra, y de este modo convirtieron a su Iglesia en modelo de todas las comunidades cristianas.
Ante esta realidad, Pablo, en vez de corregir, anima a los suyos a seguir adelante:
“Dios los haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos” (1Ts 3,12)

¡El amor, siempre el amor lo primero!

Como los tesalonicenses estaban tan inquietos por el Día del Señor, Pablo les insiste:
- No se preocupen de cuándo vendrá ese día. Lo que importa es estar siempre preparados. Vigilancia, oración, sobriedad de vida. Somos hijos del día y de la luz, y Dios no nos ha destinado para la ira y el castigo, sino que nos ha elegido para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo. (1Ts 5,4-11)
En las dos cartas se muestra Pablo ciertamente orgulloso de sus queridos tesalonicenses. Pero los tesalonicenses, a su vez, estaban orgullosos de Pablo.
¿Por qué acogieron de aquella manera tan firme la Palabra de Dios traída por Pablo, y por qué ahora constituían una Iglesia tan fervorosa?
¿Por qué aguantaban ahora tanta persecución, sin flaquear en su fe?
¿Por qué Pablo les alaba el que se han vuelto unos fieles imitadores suyos?

En el ejemplo de Pablo estuvo uno de los grandes secretos de aquella fe y aquella vida cristiana de esta Iglesia. Pablo llegó de Filipos perseguido, cubierto de llagas por los azotes de los lictores, pobre, y proclamaba su doctrina sin pedir ni exigir nada.
Los oyentes de Pablo lo veían, examinaban su proceder, y se convencieron de la verdad que aquel extraño predicador proclamaba:
- ¡A este sí, a éste le podemos creer!
Y le creyeron y se entregaron incondicionalmente a Pablo, y por Pablo al Señor Jesús.
Al escribir ahora a los de Tesalónica, Pablo pone fin a las dos cartas con unos consejos que son actuales para la Iglesia de todos los tiempos:
“Manténganse firmes y conserven las tradiciones que han aprendido de nosotros, de viva voz o por carta” (2Ts 2,15).
“Mantengan vivo al Espíritu Santo”, el cual actúa tanto entre ustedes con sus carismas. Estén siempre alegres. Oren continuamente, dando gracias a Dios, pues esto es lo que Dios quiere de ustedes en Cristo Jesús” (1Ts 5,16-19)
¡Lean esta carta todos!, pedía Pablo. Estas dos cartas a los de Tesalónica, tan sencillas y familiares, nos enseñan mucho sobre la vida cristiana.
Las seguimos leyendo con gusto, al ver que nos piden alegría, oración, trabajo, esperanza y amor…

Escritos como éstos, ¡que nos vengan muchos!


7月14日

RAÍCES CRISTIANAS DE EUROPA

 

 

 

 

 

15 JULIO 2009

 

RAÍCES CRISTIANAS DE EUROPA

 

La trascendencia de una referencia

 a las raíces cristianas de la nueva Europa

 y la relación histórica entre el cristianismo y Europa

 

¿En qué consiste el importante debate

 que existe entre los países que forman la Unión Europea,

 en torno a la inclusión en el preámbulo de la futura "Constitución Europea",

 de una referencia a las raíces cristianas de la nueva Europa?

Parece ser que el Papa

 ha reivindicado públicamente esa inclusión en distintas ocasiones.

 Por una parte no termino de entender la trascendencia de una referencia tan mínima;

 y por otra me gustaría que me explicasen

 qué relación histórica hubo entre cristianismo y Europa.

Respuesta

Ciertamente, el objetivo del Papa no es la introducción de una "frasecita" en el texto constitucional. No se trata de una especie de demostración de poder o de influencia por parte de las distintas iglesias cristianas, como algunos se atreven a decir. ¡Sería absurdo! Lo importante es que esta ocasión nos abra a un importantísimo debate: ¿sobre qué valores va a ser construida la Unión Europea? Tal y como van las cosas, Europa corre el peligro de ser configurada en base únicamente a parámetros económicos, como si de un "gran supermercado" se tratase. Es decir, estamos ante la tesitura de crear un "cuerpo sin alma"; renunciando a la historia, a la filosofía, a la espiritualidad, a la religión...

Sin embargo, las dos guerras mundiales del siglo XX nos debieran de haber demostrado a los europeos que los problemas de un proyecto político conjunto superan el ámbito de la economía, para adentrarse en la concepción de la historia, del hombre y del sentido mismo de la vida. Nazismo y marxismo no nacieron y se desarrollaron como meras teorías económicas, sino que se presentaron con vocación de totalidad. Tras la caída de estas ideologías que comprometieron la paz europea en el siglo XX, la tentación es ahora limitarse a unos valores ambiguos, lo suficientemente genéricos como para que todos puedan sentirse cómodos, renunciando para ello a entrar en el contendido real de esas palabras de consenso: "democracia", "libertad", "tolerancia", etc, etc...

Sin embargo, repasando la historia de Europa, vemos que no hay mucho margen a la ambigüedad. El cristianismo es el único elemento unificador de países con recorridos históricos tan distintos. Ni tan siquiera cabe afirmar que el Imperio Romano o la Grecia Clásica sean patrimonio común de Europa; ya que tan solo es común a los países mediterráneos. Otras naciones como Irlanda, Alemania, Dinamarca, Austria, Suecia, Hungría, Chequia, Finlandia, y no digamos los nuevos países candidatos del este europeo, muy poco tienen que ver con esas raíces mediterráneas. Estamos ante el hecho objetivo de que el cristianismo ha sido el elemento histórico unificador de países tan diversos. Incluso países como Polonia, Hungría o Suecia, le deben a su conversión al cristianismo -allá por el año mil-, su incorporación a la civilización europea, a la que hasta entonces habían permanecido ajenos.

El acontecimiento que marcó el nacimiento de Europa fue sin duda la coronación de Carlomagno como emperador por el Papa León en la Navidad del año 800, bajo el nombre de "Imperio de Cristo", "Reino de David", para pasar a llamarse al poco tiempo "Europa". Es decir, el mismo término de "Europa" nació como una denominación política y, desde ahí, pasó a designar un territorio geográfico. Los monjes benedictinos fueron los que se encargaron de extender este ideal de Carlomagno de "europeidad cristiana" en los siglos IX, X, y XI; hasta que en el siglo XII florecieron por toda Europa las bellas catedrales, las ferias mercantiles, las primeras universidades, el humanismo articulado en torno al latín, la recuperación del derecho romano, las traducciones del corpus aristotélico, los tratados de ciencia árabe, la escolástica, etc....

Esta unidad espiritual y cultural de Europa se rompería con el nacimiento del llamado "renacimiento", con el que surgirían los estados-nación. Será entonces cuando las lenguas vernáculas sustituyan al latín y surjan las fronteras; con las consiguientes guerras nacionalistas. La trágica división de Europa en protestantes y católicos complicó todavía más las cosas. Europa se desangraría en una infinidad de guerras, hasta que la paz de Westfalia (1648) terminase por marcar el fin definitivo de la cristiandad.

Y con este panorama histórico, surge de nuevo la inevitable pregunta: ¿en dónde colocamos las raíces de Europa si no es en su tradición cristiana?

Es un hecho que la enseña oficial de la Unión Europea, la bandera de las doce estrellas doradas en campo de azur, debe su inspiración a la iconografía tradicional de la Virgen María basada en Apocalipsis 12, 1: "Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza". Los padres fundadores de la nueva unidad europea (todos convencidos católicos, no se olvide: Jean Monnet, Robert Schuman -éste último en proceso de beatificación-, Alcide De Gasperi y Konrad Adenauer) tomaron modelo de la corona cerrada de doce estrellas sobre la cabeza de María que se puede contemplar en los vitrales de la catedral de Estrasburgo -de increíble parecido con la que hoy luce la enseña-, y la llevaron a la bandera del Consejo de Europa, que hoy es también la bandera de Europa.

¿Dónde se encuentran las raíces de Europa? ¡Los padres ideólogos de la actual unión europea lo tuvieron así de claro! La cuestión está en que ellos entendían de historia...


7月13日

DIOS Y EL HOMBRE EN JESUCRISTO

 

 

 

14 JULIO 2009

DIOS Y EL HOMBRE EN JESUCRISTO

 

Adentrarse en el misterio insondable

del amor de Dios

 

Actualmente se nos hace caer en la cuenta de que hablamos bastante del amor que nosotros debemos tener a Dios -- es el primer mandamiento suyo-- y se nos habla mucho menos del amor que Dios nos ha tenido y nos tiene a los hombres. Y tendría que ser al revés. Cuando se conoce bien y se tiene metida muy adentro la convicción de que Dios nos ha amado primero y que desde un principio nos ha llamado al amor, entonces es cuando empezamos a sentir el amor de Dios en nuestros corazones y nos entregamos sin reservas al Dios que es amor, que se nos ha dado por amor y que nos llama al amor eterno.

Nuestra reflexión de hoy quiere adentrarse en el misterio insondable del amor de Dios que, en Jesucristo, se ha hecho hombre para que el hombre llegue a ser Dios.

¿Es posible que la historia de Dios se haga historia del hombre? ¿Es posible que la historia del hombre llegue a ser historia de Dios? En otras palabras, ¿es posible que Dios se meta de tal manera en el hombre, que Dios sea hombre realmente? ¿Es posible que el hombre se meta en Dios hasta llegar a ser Dios?

Cualquiera diría que hoy nos subimos hacia las alturas más de la cuenta, cuando en realidad lo que hacemos no es otra cosa que comentar la Biblia en lo que tiene de más grande, de más profundo, de más misterioso, de más consolador, de más tierno, de más hermoso.

Toda la Biblia no nos dice otra cosa sino que ese Dios tan grande y tan inmenso se ha hecho un hombre, y que un hombre se ha hecho nada menos que Dios.

El Dios grande se ha hecho hombre muy pequeño. Y el hombre tan pequeño ha llegado --como quien no dice nada-- a ser esto: Dios.

Éste es el misterio de Jesucristo. Dios se hace hombre en Jesucristo. Y el hombre se hace Dios --participante de la vida de Dios-- cuando se inserta en Jesucristo.

Dios, por Jesucristo --nacido de una Mujer conocida, una Mujer de nuestra raza--, se ha metido en nuestra historia de hombres, nacido en un lugar concreto, en un tiempo determinado, hecho hombre perfecto en todo.

El hombre, en Jesucristo, se ha hecho Dios, y todos los hombres hemos llegado a ser Dios porque Jesucristo nos ha metido con Él en la misma vida de Dios.

Con una afirmación semejante, tenemos para volvernos locos de admiración y de felicidad. ¿Tan pequeño es Dios, que es como yo? ¿Tan grande soy yo, que soy como Dios?...

Esto no lo entiende ningún pagano, ni tan siquiera algunos otros creyentes que adoran al verdadero Dios, como un judío o un musulmán. Sólo el cristiano entiende la Palabra de Dios en toda su dimensión, y se atreve a decir:
- ¡Dios vive en mí, escondido en mi corazón! ¡Yo vivo en Dios, hecho partícipe de su misma vida divina dentro de mí!

Jesucristo ha sido quien ha unido estas dos cosas tan imposibles de anexionar: Dios y el hombre. Los dos, como el estaño y el cobre, se han hecho una pieza de bronce irrompible, porque Dios será siempre hombre, y el hombre será siempre Dios...

Esta es la maravilla de la Encarnación del Hijo de Dios. El Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de una Mujer, para que el hombre llegara a ser Dios.

Ante este misterio, caemos de rodillas adorando pasmados el amor de Dios. ¿Qué necesidad tenía Dios de llegar a esto? Ninguna. Sólo el amor ha podido llevar a Dios a semejante condescendencia. Y entonces viene el preguntarse:
- ¿Quién no amará a semejante amador?...

Metido Dios en nuestra historia, en nuestra vida de cada día, cambia del todo nuestra manera de ser y de comportarnos. Jesucristo, el Dios hecho hombre, nos ha hecho a nosotros capaces de llevar una existencia como la de Dios.

Vivimos, trabajamos, comemos, dormimos, gozamos y sufrimos como el mismo Dios, que se empeñó en llevar nuestra misma manera de vivir.

Morimos como murió el mismo Dios.
Resucitamos a una vida nueva como resucitó el mismo Dios después de muerto.

Llevamos en nosotros el mismo Espíritu Santo, como lo llevaba y nos lo dio Jesucristo el Resucitado.

Reinaremos en la gloria de Dios como reina Jesucristo, inmortales por una eternidad inacabable.

En Jesucristo nos hemos encontrado Dios y los hombres a fin de llevar Dios nuestra vida y nosotros la vida de Dios.

El cristiano, que sabe esto, ¿puede tomarse la libertad de llevar una vida que no sea digna de Dios?...
El cristiano, que sabe que tiene el mismo destino de Dios, es decir, la misma gloria y felicidad de Dios, ¿puede jugar con su salvación?...

Señor Dios, tu grandeza es inmensa. Tu poder no tiene límites. Tus días son incontables. Tu hermosura es inimaginable.

Pero tu amor sobrepasa toda medida y toda comprensión. ¿Tú tan pequeño como yo, para hacerme yo en ti tan grande como Tú?...
Si me faltases Tú, ¿qué sería para mí todo lo demás? Si te poseo a ti, ¿todo lo demás qué me importa, si me sobra todo?...

 

 

 

7月12日

LA PERSEVERANCIA


 

 

13 julio 2009

 

LA PERSEVERANCIA UN DON ESPECIAL

 

A veces nos viene como un cansancio, una flojera,

como una desgana espiritual,

y entonces tenemos que pedir este don

 

Dice el refrán: "El que persevera alcanza".

 De nada nos sirve empezar con mucho afán algo que queremos lograr

 si no tenemos perseverancia.

 La mitad de los anhelos en nuestra vida se nos quedan en eso,

 en anhelos, en deseos, en sueños no realizados...

 y si analizamos bien el por qué no se hicieron realidad

fue porque nos faltó perseverancia.

La perseverancia es la firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos

 y en las resoluciones del ánimo.

Cuantas cosas emprendamos en la vida tienen que tener perseverancia

 pues sin ella, todo lo emprendido se irá diluyendo como agua en nuestras manos,

 como humo en el azul del cielo.

 El ánimo resuelto ante una cosa que emprendemos y la voluntad firme nos llevará al éxito.

Cuando fracasamos no solemos reconocer

que generalmente fueron la falta de esos factores, tan importantes y necesarios,

 lo que hizo que no llegáramos a obtener los resultados que esperábamos.

Siempre encontramos otras causas para

"echarle la culpa" a nuestras derrotas, a nuestras frustraciones.

 Nada podemos lograr sin disciplina y perseverancia,

 en lo físico, en lo intelectual como en lo espiritual.

 Nadie logrará tener un cuerpo bien modelado

o poderosamente musculoso sin hacer ejercicio día a día,

no le va a bastar correr y sudar,

 o pasarse todo un día en el gimnasio si es tan solo por una sola vez.

No le va a bastar al que quiere cultivar su mente

 leer todo un día cuanto libro tenga a su alcance

si no lo vuelve a repetir, si no impone una vida de constante lectura y estudio

 y no adelantaremos en nuestra vida espiritual

 sin tan solo nos dejamos llevar por arrebatos místicos,

 con promesas a Dios de rezar más,

 de amar más a nuestro prójimo

y tener una vida más apegada a los sacramentos,

de ir más a la iglesia si todo esto es como "llamarada de petate",

como algo que empezamos con mucho ímpetu y ardor

 y enseguida nos cansamos

y pronto olvidamos todo ese entusiasmo porque eso cuesta,

 porque nos está pidiendo un gran esfuerzo,

 porque esos proyectos nos piden disciplina y perseverancia.

En el aspecto espiritual tal vez haya personas que al mirar su vida pasada

encuentren una trayectoria directa con Dios a pesar de las caídas

 y miserias naturales de la debilidad humana,

 pero... ¿y la perseverancia final?

A veces con los años se viene como un cansancio,

 como una flojera, como una desgana espiritual.

 Ya no hay el ardor juvenil,

 se fueron los días en que el alma ponía en juego toda su fuerza para los sacrificios

 y la voluntad estaba al servicio de la fogosidad del espíritu

para agradar a Dios.

 Es el momento del peligro.

 Peligro de abandonar el estar en pie de lucha.

El enemigo, el demonio ha esperado mucho tiempo, muchos años ese momento,

este atardecer de nuestra vida,

 este estado de pereza espiritual.

 Ha esperado y ya saborea su triunfo al vernos flaquear,

 al ver nuestra tibieza,

 como poco a poco vamos dejando a un lado el sentido de nuestra fe

 y llenándonos de dudas acabamos por permanecer indolentes

a todo lo referente a nuestra vida espiritual.

Ante esta circunstancia,

pidamos como un don especial,

 que nos acompañe hasta nuestro último día la perseverancia final.

7月11日

LA MISIÓN DE LOS APÓSTOLES

 

 

 

DIA 12  JULIO 2009

 

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

 

REFLEXIÓN SOBRE EL SANTO EVANGELIO DEL DÍA

 

LA MISIÓN DE LOS APÓSTOLES

 

(Mc 6, 7-13)

En aquel tiempo Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que tomasen para el camino, un bastón y nada más pero ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos.

Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Reflexión:

Dicen que el recuerdo de los buenos profesores

queda marcado en el alma de todo estudiante.

Uno de mis profesores de ética, solía decir:

 “Crean descaradamente en el bien.

 Tengan confianza en que a la larga terminará siempre por imponerse.

 No se angustien si otros avanzan aparentemente más rápido

 por caminos torcidos.

Crean también en la lenta eficacia del amor.

 Sepan esperar”.

Jesús envía a los doce a evangelizar.

 Esta palabra significa que hay que predicar a los hombres el Evangelio,

 es decir, un mensaje de alegría,

 el anuncio de la salvación traída por Jesucristo.

 No se trata de un fardo insoportable de ideas o de nociones,

 sino de lo que Dios ha hecho por nosotros.

 Al evangelizado le llega un mensaje,

 una carta recomendada, personal y urgente;

 un telegrama dirigido de hermano a hermano:

 “Ábrelo rápido, lee.

 Te interesa.

Aprovéchalo y da una respuesta inmediata”.

 Pero no basta sólo con poseer el contenido del mensaje.

 Se añade: “Déjate poseer por este mensaje.

 Él quiere guiarte hacia alturas insospechadas en tu vida.

 Quiere hacerte feliz de verdad”.

 Todos como cristianos estamos llamados a esta misión.

La eficacia y el éxito de este envío depende de Dios.

 Es Él quien da los frutos si nosotros colaboramos y nos prestamos.

Hay que confiar y mucho con esa fe

 de la que hablaba mi profesor de adolescencia.

 Sí, el bien tiene la última palabra.

 Tarde o temprano vencerá.

Jesús nos pide también a nosotros que vayamos.

 No hace falta hacer un largo viaje a una tierra desconocida.

 El anuncio de la Buena Nueva sin alforja, ni calderilla, ni túnica...,

 debe llegar al seno de mi familia,

 a la oficina de trabajo,

a todas y cada una de las personas

con las que a diario me cruzo por el camino.

 

 Con mi testimonio de alegría y de fidelidad estaré evangelizando

 y experimentaré una felicidad incomparable.

 

 

 

7月10日

LA PRIMERA CRISTIANA

 

 

 

11 JULIO 2009

 

LA VIRGEN MARIA FUE LA PRIMERA CRISTIANA

 

Precursora de nuestra Iglesia,

Reina del Cielo y de la tierra.

¡María es la Madre la Iglesia!

 

El primer cristiano, cuando el mundo todavía no conocía el misterio de la Redención,

 fue la joven y sorprendida Virgen María.

 El Ángel le reveló ese día el mayor misterio de la historia del mundo,

 y Ella no podía salir de su asombro.

 ¡Ella!. ¡Madre de Dios!.

 Y en ese mismo instante en que se unieron para siempre la Criatura y Su Creador,

 dio comienzo la mayor historia de Amor que jamás existió ni existirá:

  la historia de Dios hecho Hombre y entregado por nosotros.

 María fue ese día testigo de la unión del hombre con la Divinidad.

 Dios hizo Su Nido en la Criatura, y la Criatura se transformó en la casa de Dios.

 María, que siempre había tenido al Espíritu Santo viviendo a pleno dentro de Ella,

tuvo desde ese momento al Hombre-Dios creciendo y tomando su humanidad,

 para caminar en el sendero de la Vida de Cristo desde la primera fila, desde su origen.

 La Virgen fue la primera cristiana,

 la primera pieza humana del Cuerpo Místico de Cristo.

 Y fue de este modo también punto de partida de otro prodigio de Dios:

 en la unión de María con el Redentor se inicia el proceso que culmina en el nacimiento de la Iglesia.

 La Mujer Perfecta en el amor y la humildad recibió en su seno a Dios hecho Hombre,

 y así cumplió la misión que el mismo Dios le confió.

 De esta manera surgió la Nueva Jerusalén,

 el Nuevo Templo que iba a albergar al Santo de los Santos,

 Jesucristo, por los tiempos de los tiempos.

 ¡Maria es la Madre de le Iglesia!.

 ¡Qué perfección!

 ¡Que maravilloso es el Plan de Dios!.

En la humilde Nazaret, en esa pequeña y desconocida Mujer

se formó, con la intervención del Espíritu Santo,

la mayor Obra Divina que el Cielo legó al hombre.

 En el mismo acto y en la presencia del Angel Gabriel y del Cielo todo,

 que admirado contemplaba,

 se encarnó Dios y se hizo Hombre, y surgió el primer cristiano.

 Y este primer cristiano

  fue luego elevado a la figura de Madre de todos los hombres, y Madre de la Iglesia.

Todo ocurrió en ese instante, en esa fracción de segundo,

 en la Palestina de hace dos mil años.

 El antiguo pueblo de Dios y Su Templo dieron paso al nuevo pueblo, el pueblo cristiano,

  y al nuevo Templo, la Santa Iglesia.

 Virgen María, precursora de nuestra Iglesia,

 Reina del Cielo y de la tierra,

 puente entre la Divinidad y la criatura,

 alcánzanos con tu infinita Gracia

los dones que nos hagan ser dignos integrantes del Pueblo del que Tu Hijo es Cabeza,

 Tu Padre es Creador

 y tu Esposo es el soplo que le da Vida.

7月9日

JESÚS: MI MODELO


 

 

10 JULIO 2009

 

JESÚS: MI MODELO

 

CARTA A JESÚS

 

Gracias, Señor, por darme esa luz que inunda todo mi ser.

Enséñame a dar gratuitamente

aquello que gratuitamente he recibido

 

He analizado mis rasgos y me he dado cuenta que éstos son muy diferentes a los tuyos. Por eso he levantado la mirada hacia Ti, para que motive mi fe y la lleve a la perfección (Hb 12,2). Yo soy uno de aquellos que no te han visto y, sin embargo, te aman y creen en Ti. Por eso siento ¡una tremenda alegría! (1Pe 1,8), la cual no podría expresar con palabras.

Aquí estoy Señor, dispuesto a seguirte, para ir a anunciarte a otros (Jn 1,40). Dame la fuerza necesaria para poder proclamar tu Buena Noticia a los pobres, como Tú dijiste de Ti mismo (Lc 4, 18).

Aunque no he estado contigo desde el principio, quiero hablar en tu favor. “Lo que he visto y oído” sobre Ti quiero darlo a conocer a los demás (1Jn 1,3).

Dame la oportunidad de tener tu pensamiento (1 Cor 2, 16). Dame la gracia de sentir con tus sentimientos (Rom 15,3), de actuar con los sentimientos de tu corazón, para amar como Tú amas al Padre (Jn 14,31) y así como nos amas a cada uno de nosotros, hasta el extremo (Jn 13,1).

Nadie más ha tenido mayor amor que Tú. Tú mismo dijiste: “No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos” (Jn 15, 13) y Tu diste la vida por tus amigos, muriendo en una cruz (Fil 2,8). Dame las fuerzas necesarias para entregar mi vida, en el día a día (Lc 9,23), actuando en lo posible, con tu misma disposición, tomando la condición de servidor (Fil 2,7). No haciendo las cosas para recibir alabanzas o por vanagloria, porque esto no me serviría de nada (1 Cor 13,3), sino estimando y tratando a los demás como superiores a mí (Fil 2,3-4).

Enséñame el modo de tratar a los amigos, como Tú trataste a los discípulos, yo quiero tratar a mis amigos con la delicadeza que Tú trataste a los tuyos (Jn 21,14-15), por ejemplo: preparándoles comida en el lago de Tiberíades (Jn 21,9-13) o lavándoles los pies (Jn 13,4.5). Enséñame a amar, para poder poner en práctica tu mandamiento sobre el amor (Jn 15,17), porque si yo no tengo amor, nada soy (cfr. 1 Cor 13). Yo quiero estar afianzado en el amor (Col 2,2).

En el trato con los demás quiero estar lleno de bondad y amor y deseos de servirles siempre (Mc 10,43), siguiendo tu ejemplo, que viniste para servir (Mt 20,28). Quiero ser atento y acogedor con los demás (Rom 15,7; Lc 9,10).

Permíteme un amplio conocimiento sobre la vida humana, para que mis prédicas, mis discursos y mis escritos estén al alcance de los humildes y sencillos, aquellos que Tú tanto amas. Dame esa vida abundante que Tú viniste a traer (Jn 10, 10) y dame la gracia para yo poderla compartir con los demás.

Que yo pueda ser como Tú, que vas sembrando amistad con todos (Jn 15,15), especialmente con tus amigos predilectos (Jn 13,23) o aquella familia de Betania (Lázaro, Marta y María) que Tu querías mucho (Jn 11,5) y llenando de alegría con tu presencia una fiesta familiar (Jn 2, 1-11).

Te pido, Señor Jesús, que me enseñes a mirar con cariño y ternura, como Tú miraste a Pedro cuando lo llamaste (Jn 1,42; Mt 16,18; Mc 1,17) o para levantarlo (Lc 22,61) o la mirada que le diste al joven rico, aquel que no quiso seguirte (Mc 21,10) o como levantaste los ojos para fijarte compasivamente en aquella muchedumbre que venía hacia Ti (Mc 3,34; 5,31; 10,23; 6,34; Mt 14,14; Jn 6,5). También enojado y con ira cuando miras a los insinceros (Mc 3,5) o cuando pronunciaste las maldiciones sobre los ricos, los poderosos y los satisfechos (Lc 6,24-26). Quiero aprender de Ti, siguiendo tu ejemplo, de total entrega de amor al Padre y a los seres humanos, especialmente a los pobres, sintiéndome puesto contigo, cerca de Ti y enviado por Ti (Mc 3,14).

Si, Señor, llamado por ti para estar contigo y para enviarme a predicar con poder. Quiero ser enviado para ir y producir mucho fruto que permanezca, porque “en esto ha sido glorificado mi Padre: en que den fruto y sean mis discípulos” (Jn 15, 16).

Señor, enséñame a orar, como Juan enseñó a sus discípulos (Mc 11, 1), porque estoy conciente como nos enseño nuestro fundador: “Hay que orar, orar más, orar mejor, orar siempre y no cansarse nunca de orar”.

Dame esa gracia, también a mi Congregación, la gracia de tener tu mismo pensamiento y sentimientos, para poder proceder de acuerdo a tu espíritu.

Quiero identificarme contigo, con tu Evangelio, tus bienaventuranzas (Mt 5, 2-12; Lc 6, 20-26), tu servicio a los pobres y necesitados, como lo soñó nuestro fundador, Alfonso María de Ligorio: Vivir la alegría de la pobreza. “Les recomiendo, la alegría de la pobreza –decía San Alfonso-, para que cada uno se contente con lo necesario, como limosna recibida del Creador”.

Ayúdame a tener respeto absoluto a la grandeza del pobre, como nos dijo San Alfonso: “En las misiones procuremos por todos los medios ser corteses con quienes nos acogen. Hablemos con gran respeto y sin herir a nadie, pues a todos hay que tratar con amor y mansedumbre, pero más todavía a la gente popular”.

Te estoy pidiendo mucho, no te me vayas a cansar, esta es la última petición, enséñame a dar gratuitamente aquello que gratuitamente yo he recibido (Mt 10,8).



7月8日

LA HIPOCRESÍA INTOLERABLE

 

 

 

 9 JULIO 2009

 

LA HIPOCRESÍA INTOLERABLE

 

REFLEXIÓN SOBRE LA VERDAD Y LA HIPOCRESÍA

 

Al leer el Evangelio nos encontramos con un Jesús todo bondad, que acoge a todos los pecadores, y que, sin embargo no tolera a unos hombres con los cuales está en lucha frontal.

Son los fariseos y los escribas, a los que llama con una palabra que, desde Jesús, se ha convertido en uno de los vocablos más odiosos del diccionario, como es la palabra ¡Hipócrita!...

Llamar a uno ¡hipócrita! ha venido a ser un baldón y la mayor vergüenza.

La hipocresía es la mentira utilizada para aparecer ante los demás bueno y noble escondiendo toda la maldad que se lleva dentro.

Pero, para empezar de una manera más amable y positiva, se me ocurre el caso bonito, que leí no hace mucho, sobre un papá que quiso formar a su niño en la sinceridad que nos pide Jesús.
El pequeño fue sorprendido en una mentira, y el papá le dio una lección que no olvidaría nunca, de modo que después el joven y el hombre ya no dijo jamás una falsedad.
Tomó el papá al hijito mentiroso, lo llevó delante del Crucifijo, y le dictó despacio esta oración que el niño iba repitiendo: Jesús, yo te he ofendido. Mis labios se han ensuciado con una mentira. Ven, y límpiamelos.
Las lágrimas le empezaron a correr al niño por las mejillas. Pero el papá, sin inmutarse, tomó un trozo de algodón que aplicó a los labios de la imagen de Jesús, lo empapó después con alcohol, se lo pasó bien por los labios a su hijo, y le hizo seguir con la oración:
Señor, purifícame y perdóname. Haz mi corazón sincero, y que nunca salga de mí otra mentira.

Todos estaremos conformes en dar a ese papá una cátedra de sicología y de pedagogía en la universidad...

Jesús se encontró en su predicación de buenas a primeras con una oposición terrible de parte de los que dominaban al pueblo: los escribas y los fariseos.

Los fariseos, de gran influencia en el pueblo, formaban un partido religioso-político que oprimía a la gente humilde con capa de santidad y de fidelidad a la ley de Dios, mientras que ellos se las sabían arreglar de mil maneras para librarse de lo que les exigía esa misma ley dada por Moisés.

Los escribas eran los intérpretes de la ley y brazo derecho de los fariseos. Unos y otros vivían en la mentira, procedían con doblez, y exigían con rigor insoportable la observancia de una ley que ellos no querían guardar.

La mejor definición de los escribas y fariseos la dio el mismo Jesús cuando los llamó sepulcros blanqueados, muy bonitos por fuera pero por dentro llenos de podredumbre...

Pronto vino el enfrentamiento de los escribas y fariseos con Jesús. Era imposible entenderse la mentira con la verdad, el rigor con la mansedumbre, la justicia despiadada con el perdón misericordioso... Y Jesús, al denunciarlos ante el pueblo, usó siempre la expresión ¡Hipócritas!

Jesús no soportaba la hipocresía porque ésta es la falsificación de la vida, la perversión del pensamiento, la profanación de la palabra. Al mentir, el hipócrita quiere pensar como habla, y vivir después como piensa, es decir, siempre en contradicción con la verdad.

El mentiroso e hipócrita se encuentra muy pronto con el rechazo total, como le pasaba en los tiempos de Jesús al personaje más importante del mundo, a Tiberio, el emperador de Roma. Era el dueño de todo el mundo conocido, pero al mismo tiempo era tan mentiroso, que, como dice un escritor romano de sus días, ya nos se le creía aunque dijera la verdad...

Aquella antipatía de Jesús con los fariseos, es la misma que sentimos también nosotros con cualquier persona que procede con dolo. Aguantamos toda clase de defectos en los demás, porque todos nos sentimos débiles y sabemos ser generosos con el que cae.

Pero usamos una medida diversa con el que nos miente. No lo soportamos, y le aplicamos la sentencia de la Biblia:
La esperanza del impío hipócrita se desvanecerá.

El hipócrita y mentiroso no puede esperar nada de nadie, porque se le rechazará del todo.

Todo lo contrario le ocurre a la persona sincera. Quien dice la verdad siempre, aunque le haya de costar un disgusto, se gana el aprecio de todos y todos confían en ella. Es el premio del sentir, vivir y decir la verdad.

Jesucristo nos lo dijo con una sentencia bella y profunda, cargada de mucha sicología: La verdad os hará libres.

Quien nunca dice una mentira y confiesa siempre la verdad, y vive conforme a sus convicciones, es la persona más libre que existe. No oculta nada. Es transparente como el cristal. Y de ella dice Jesús como de Natanael: Un israelita en quien no hay engaño. Un cristiano o una cristiana sin doblez...

Sentimos todo lo contrario por aquel que dice y vive siempre la verdad. Ante él nos inclinamos reverentes. Porque es todo un hombre o toda una mujer. Nos fiamos de su palabra. Le tenemos por el ser más valiente y digno de respeto.

La verdad, como dice Jesús, le hace libre, y nos demuestra tener un corazón y unos labios tan limpios como el niño que aún no ha dicho la primera mentira....

 

 

7月7日

EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO

 

 

8 JULIO 2009

EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO

 

EL SEÑOR VOLVERÁ.

OTRA MISIVA A TESALÓNICA

 

Nadie sabe cuando será.

Lo que interesa es estar preparados

para cuando el Señor llame a cada uno

 

Pablo, mientras evangelizaba en Corinto, les pidió con urgencia a Timoteo y Silas:

- ¡Pronto! Necesito más papel, tinta y plumas. Y ustedes, prepárense para otra carta que les tengo que dictar.

Se inició un diálogo nervioso entre los tres, al preguntar Timoteo:

- Pablo, ¿qué pasa pues?

- Nada malo. Pero quiero tranquilizar a los de Tesalónica. Como tú me decías, Timoteo, no entendieron eso de la resurrección de los muertos. Por una parte están llenos de esperanza, pero por otra han sacado malas consecuencias. Me han informado algunos hermanos llegados de allí, que bastantes discípulos se han dicho: Si el Señor está cerca, ¿para qué molestarse en lo poco que nos queda de vida aquí?...
- O sea, ahora a vivir tranquilos, a mariposear por el ágora, a no trabajar y a dedicarse al ocio, en el que los griegos son tan especialistas.
- Dices muy bien, Silas. Por eso, es tan importante aclararles este punto sin dejarles dudas. Al acabar el trabajo en el taller, y después de predicar al Señor Jesús en el grupo que nos viene cada día, hemos de escribir de nuevo.

Silas y Timoteo se dieron cuenta del trabajo que les venía otra vez encima.
Pablo, discurriendo mientras daba vueltas por la estancia, les iba a dictar a los dos las ideas que le llenaban la cabeza. Sentados uno y otro en el suelo ─con los papiros egipcios en la mano, y turnándose, pues el escribano difícilmente aguantaba más de dos horas─, irían escribiendo la segunda carta a los de Tesalónica. Más breve ésta que la anterior, pero también llena de enseñanzas y de cariño.

No habían pasado más que unos dos meses desde la primera carta, y viene esta segunda como una emergencia, originada por la cuestión de los difuntos.
Algunos tesalonicenses, interpretando mal lo que Pablo les había escrito, sacaron una mala consecuencia:
- Si el Señor está cerca, si va a venir pronto para el Juicio, ¿vale la pena preocuparse por el porvenir?, ¿vale incluso la pena trabajar?...

Pablo reprende. Con cariño, pero amonesta como debe:

- A los haraganes, que viven entre ustedes “sin trabajar nada, pero metiéndose en todo”, les aviso en serio: “si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (3,10-11)

Y se pone como ejemplo:

- Ustedes saben cómo deben vivir para imitarnos: no hemos vivido entre ustedes sin trabajar; no pedimos a nadie un pan sin haberlo ganado, sino que trabajamos y nos fatigamos día y noche a fin de no ser carga para ninguno de ustedes. Y no es que no tuviéramos derecho para pedir; pero quisimos darles un ejemplo que imitar. (3,7-9)

Vemos cómo no dice “yo”, sino que la carta pone bien claro “nosotros”. Los compañeros de Pablo trabajaban, cada uno en su oficio, igual que el maestro.
Como se dice vulgarmente, hemos empezado por el tejado, por la consecuencia que Pablo quería extraer de la doctrina sobre la Segunda Venida del Señor, llamada técnicamente “La Parusía”. ¿Queremos saber ante todo el significado de esta palabra?
“Parusía” era una palabra griega que designaba la visita que el emperador o un legado suyo hacía a alguna provincia o ciudad de su dominio.
Iba siempre, como es de suponer, acompañado de todo su séquito, desplegando magnificencia, y era recibido por el pueblo, con las autoridades a la cabeza, en medio de grandes festejos. Así era en la antigüedad, en los pueblos orientales como en la misma Roma.

Y de ahí vino el término de la comparación:

- ¿Les gusta esa pompa, esa grandiosidad, ese despliegue de fuerzas del emperador o del rey?... Pues esto es lo que va a acontecer cuando vuelva el Señor Jesús al final de los tiempos. ¡Aquello sí que será espectacular!
Todos recordaban con esta palabra lo que había dicho Jesús, y que Pablo les había expuesto: “Verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad” (Mt 24,30)
La Vuelta del Señor lleva consigo aparejada la resurrección de todos los muertos y la comparecencia ante el tribunal de Jesucristo de todos los ángeles, los del cielo y los del infierno, conforme a la palabra del mismo Pablo:

- ¿No saben que nosotros vamos a juzgar a los ángeles? (1Co 6,3)

Es decir, la Parusía, o Día del Señor, reunirá ante Jesús a todas las gentes de todos los tiempos, con la comparecencia también de todos los ángeles del cielo y todos los demonios del infierno.
Los muertos resucitarán aquel día, pero, ¿y los que vivan cuando el Señor venga? ¿qué ocurrirá con ellos?... Esta era la cuestión que preocupaba a los tesalonicenses.
Pablo es también muy claro: “No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al último sonido de trompeta que tocará, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados” (1Co 15,51-52)
Parece que en la primitiva Iglesia se pensó que la vuelta del Señor estaba inminente. Cuestión de años. Pero pronto se convencieron de que la cosa iba para largo.
Los años se podían convertir en siglos y en bastantes milenios. Como así ha sido. Es muy posible que estemos en la aurora de la salvación, en el puro amanecer, y que falten aún muchas horas del día.
En esta carta segunda a los de Tesalónica Pablo apunta un signo de la venida del Señor: la apostasía general y la aparición del Anticristo. Venía a decir lo mismo que Jesús:

“Y cuando yo vuelva, ¿encontraré fe en la tierra?” (Lc 18,8)

Esta cuestión de la Vuelta del Señor había suscitado en Tesalónica muchos falsos profetas, que iban proclamando, de viva voz y por cartas falsificadas, como escritas por Pablo:

- ¡El Señor está por llegar!... Prepárense, porque el Señor viene!...

Tanto San Pablo, como antes Jesús, desengañan a todos los falsarios, que hasta señalan fechas concretas:
- Nadie sabe cuándo será. Lo que interesa es estar preparados para cuando el Señor llame a cada uno.
Aquel ¡Volverá! de la Ascensión lo tenemos muy metido en la mente y en el corazón.
El día grandioso del final de los tiempos les hace exclamar de continuo a los hijos de la Iglesia con el Apocalipsis:

 ¡Ven, Señor Jesús!” (Ap 22,20)

Con esta carta volvió la paz a la Iglesia de Tesalónica.

Y qué paz da también hoy el seguir repitiendo con fe:

¡Volverá!... ¡Ven, Señor Jesús!...



7月6日

RAÍCES CRISTIANAS DE EUROPA

 

 

 

 

7 JULIO 2009

 

RAICES CRISTIANAS DE EUROPA

 

EL ARTE QUE NACE DE LA FE

 

El arte es una de las huellas más claras

de la cultura de un pueblo

 

No sólo de pan vive el hombre.

 También de poesía, y pintura, y música, y ciudades y casas habitables.

 Esta asombrosa especie animal que es el ser humano ha intentado,

 desde los más remotos tiempos prehistóricos,

 hacer su entorno más agradable,

 y dejar la huella de su espíritu en las cosas que tiene alrededor.

 Así surgió el arte, desde Altamira hasta el Guggenheim.

 El arte es una de las expresiones más altas

 de la gran creatividad del ser humano.

 Es una de las huellas más claras de la cultura de un pueblo.

En todos los lugares por donde el ser humano ha pisado hay cultura artística.

 El continente europeo ha sido escenario de grandes ensayos artísticos.

 No hay otro lugar en todo el planeta en el que,

 en ese espacio tan reducido de terreno,

 se hayan generado tantos y tan variados estilos artísticos.

 La creatividad artística del hombre europeo

ha ido acompañando sus avances en otros campos,

 como la ciencia, la técnica, o el derecho.

No todo el arte generado en Europa es “cristiano”,

 pero sí gran parte del que ha llegado hasta nosotros

está inspirado en la fe cristiana que dio origen a los pueblos de Europa.

La Anunciación de Fra Angelico,

 o la Piedad de Miguel Ángel,

 o el Mesías de Haendel,

 o el Réquiem de Mozart;

 Santa María in Fiore deFlorencia,

 o el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela.

 Y, en el arte contemporáneo, la Sagrada Familia de Gaudí,

 la Última Cena de Dalí,

 el “José y sus hermanos” de Thomas Mann,

 o la Pasión de Mel Gibson.

Incluso en obras de arte que no son estrictamente religiosas,

 resuena el trasfondo cultural cristiano europeo.

Ciertamente, un estudioso de arte que ignore el evangelio

 y la tradición cristiana

no podrá entender casi nada del arte europeo.

 Y quien no entiende el arte de su propia tierra,

 no se puede entender a sí mismo.