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3月31日
1 ABRIL 2009
BIMILENARIO DE SAN PABLO (X)
SAN PABLO EN FILIPOS
ALLI SE LE ABRE LA PUERTA DE EUROPA
Fueron los primeros pasos del Evangelio en Europa,
de la que saltará el nombre de Jesús
a todo el mundo...
despacio, porque Dios no tiene prisa
Hay acontecimientos a veces muy sencillos que tienen una trascendencia enorme. Como el que nos toca ver hoy en la vida de Pablo con la primera Iglesia cristiana en Europa, aunque tal vez ya existiera una anterior en Roma.
Pablo se encuentra en el puerto de Tróade, preguntándose:
-¿Hacia dónde voy?...
El Espíritu del Señor Jesús le saca de dudas. Dormía Pablo -si es que podía dormir con tanta ilusión-, cuando ve delante de sí en visión a uno de aquellos hombres griegos que el amigo Lucas le señalaba con el dedo. La indumentaria del que se le aparecía no le engañaba. Y más, cuando el hombre se le planta delante y le suplica angustiado:
-¡Pasa a Macedonia, y ayúdanos!...
Se alejó el de la visión, y Pablo entusiasmaba después a todos:
-¡Vamos a Macedonia! Está sólo a dos días de navegación. No esperamos más…
El grupo lo forman al menos cuatro: Pablo, Silas, Timoteo y Lucas, que va ser en adelante cronista de Pablo y hablará en primera persona, como testigo presencial de todo.
Desembarcan los misioneros en Neápolis, y a quince kilómetros se encuentran dentro de Filipos, ciudad no muy grande, bella, colonia cargada de privilegios por Roma. Llegado el sábado se dirigen a la vera del río o a los pies de una de las famosas fuentes.
Allí se encuentran con un grupo de mujeres “piadosas”, es decir, creyentes y adoradoras del Dios de Israel, adheridas a la pequeña comunidad judía allí existente, que cada sábado hacen de aquel rincón su lugar de descanso, de reunión y de plegaria.
Una de estas mujeres se hará célebre: Lidia, natural de la Tiatira del Apocalipsis, comerciante de telas de púrpura, negocio de lujo y que daba dinero.
“Nos escuchaba atenta -dice Lucas-, y el Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo”.
Se prepara bien, se bautiza con todos los suyos, y Pablo tiene que luchar con ella, que quiere alojar en su casa a los misioneros:
-¡Gracias! Pero no aceptamos el hospedarnos en tu casa, que ofreces con tanta generosidad. Queremos vivir por nuestra cuenta, ganándonos la vida con nuestras propias manos.
Lidia se mantiene terca:
-Trabajen lo que quieran y siéntanse libres. Pero hospedarse, se hospedarán en mi casa…
No hubo remedio, pues “nos obligó”, añade Lucas, y aquella casa acomodada vino a ser la primera iglesia europea, cuidada por Lidia, la primera cristiana europea también.
Esta acogida y este primer paso del Evangelio en Filipos resultan una delicia. Aunque el siguiente hecho va a tener consecuencias desagradables. Al dirigirse los misioneros al lugar de oración que ya conocemos, les salía al encuentro en la calle una muchacha pitonisa, bruja que adivinaba las cosas.
Como era esclava, sus dueños, probablemente sacerdotes paganos, sacaban con ella buenas cantidades de dinero, como todos los adivinos, y más con ésta joven que estaba endemoniada. Así, que empezó a gritar:
“Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, que anuncian el camino de la salvación”.
Esto un día y otro día. Hasta que Pablo se hartó:
“En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella”.
El demonio abandonó a su víctima ante la voz imperiosa del Apóstol. Pero, ¿cuál fue la consecuencia?
Viendo los amos de la muchacha, liberada del demonio y hecha tal vez cristiana, que habían perdido con ella el negocio que tanto dinero les daba, amotinan a la ciudad, agarran a Pablo y a Silas, los llevan hasta el ágora y los presentan a los magistrados romanos:
“Estos judíos alborotan nuestra ciudad y predican unas costumbres que nosotros, romanos, no podemos aceptar”.
¿Judíos?... Esto han dicho los acusadores. Entonces las autoridades romanas toman una precipitada resolución, de la que se van a arrepentir:
-¡A azotarlos!...
Y después de una feroz flagelación aplicada por los lictores con varas, ordenan:
-Carcelero, guárdalos bien y con todo cuidado…
El carcelero lo hizo tan bien que los metió en el calabozo más hondo y con los pies sujetados en el cepo.
Seguimos contando, pero vale más que dejemos la palabra a Lucas:
“Hacia la media noche Pablo y Silas estaban en oración cantando himnos a Dios; los presos los escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que se conmovieron los mismos cimientos de la cárcel. Al momento quedaron abiertas todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos”.
Momento terrible para el pobre carcelero. Como tenía pena de muerte si dejaba escapar a los presos, y pensaba que todos habían huido aprovechado las puertas abiertas, toma su espada y la dirige a su pecho para matarse.
Pablo que lo ve, grita con todas sus fuerzas:
¡No lo hagas, que estamos todos aquí!...
Ahora vino la complicación a las autoridades romanas, cuando mandaron a los lictores:
-Vayan, y digan al carcelero que deje libres a los dos presos de ayer.
Al recibir la comunicación de la libertad, Pablo se planta:
-¿Cómo? Después de habernos azotado públicamente sin habernos juzgado, a pesar de ser nosotros ciudadanos romanos, nos echaron a la cárcel; ¿y ahora quieren mandarnos de aquí a escondidas? ¡Eso, no! Que vengan ellos a sacarnos.
Los lictores transmiten las palabras de Pablo a sus superiores:
-¿Ya saben que han azotado y metido en prisión a dos ciudadanos romanos?
-¿Quéee?...
Con el miedo que es de suponer, los pretores piden ahora muy mansitos, ante el grave castigo que les podía venir a ellos:
-¡Por favor, marchen, marchen!...
Los misioneros marcharon. En Filipos dejaban la Iglesia más querida de Pablo, como lo demuestra la carta que años más tarde les escribirá y que nosotros veremos en su momento.
Estos fueron los primeros pasos del Evangelio en Europa, de la que saltará el nombre de Jesús a todo el mundo. Despacio, porque Dios no tiene prisa. Formadas las naciones cristianas de Europa, de ellas surgirán innumerables apóstoles que oirán lo del macedonio.
-¡Ven a esta América recién descubierta, y ayúdanos!...
Javier escuchará: ¡Ven a la India, al Japón, a China!...
Daniel Comboni, igual: ¡Adéntrate en África!...
Pedro Luis Chanel, apegando los oídos al suelo, percibirá voces: ¡Ven a las islas perdidas de la Oceanía!…
Hoy oímos este grito en todas nuestras Iglesias, lo atendemos con la generosidad de Pablo, y el Evangelio corre, no se detiene y va llegando a todas las gentes.
Porque la Iglesia misionera responde siempre “¡Sí!” al Espíritu que la llama y la envía…
RAICES CRISTIANAS DE EUROPA
AQUELLOS HUELGUISTAS QUE HACÍAN FILA PARA CONFESAR
Para estos obreros, su fe católica no era “opio del pueblo”,
como sugería Marx,
sino el motor de su lucha por la libertad
El 1 de mayo de 2004
entraron como miembros de pleno derecho de la Unión Europea
varios países del antiguo bloque comunista:
Polonia, Chequía, Eslovaquia, Hungría, Lituania, Letonia, Estonia
y Eslovenia (que formaba parte de Yugoslavia).
Así, estos países han culminado su proceso de democratización
a partir de regímenes dictatoriales basados en la mentira
y en la negación de la dignidad del ser humano.
El símbolo de ese proceso
fue la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989.
Pero sin duda,
todo empezó con aquella huelga en los astilleros Lenin
de la ciudad polaca de Gdansk en agosto de 1980.
Los 17.000 obreros de los astilleros,
a los que se sumaron otros de la zona industrial del Báltico,
pidieron mejoras salariales, junto con la libertad sindical,
la libertad política y de expresión,
la efectiva libertad religiosa y de conciencia.
No las solicitaban como “migajas generosas de papá-Estado”,
sino como exigencia de esos derechos fundamentales
a los que ningún ser humano puede renunciar.
Además, querían honrar la memoria
de los cientos de obreros de ese mismo lugar,
muertos en 1970 en una revuelta similar.
El ejército soviético,
con la excusa de unas maniobras militares en la frontera ruso-polaca,
amenazó con aplastar la protesta invadiendo el país.
Mientras tanto, las televisiones de todo el mundo
asistían a un espectáculo nunca visto antes:
una imagen de la Virgen presidía la entrada de los astilleros rebeldes,
se celebraba diariamente la Misa ante la cruz
que recordaba a los obreros caídos en 1970,
y filas de obreros, vestidos con monos de trabajo y barba sin afeitar,
haciendo cola para confesar ante varios sacerdotes
vestidos con sotana, roquete y estola.
Para estos obreros, su fe católica no era “opio del pueblo”,
como sugería Marx,
sino el motor de su lucha por la libertad.
La huelga terminó con los acuerdos de Gdansk el 31 de agosto de 1980,
por los que el gobierno reconocía a “Solidaridad”,
el único sindicato libre del mundo comunista.
Su artífice fue Lech Walesa,
un electricista padre de siete hijos, católico practicante.
Estos hechos deben quedar en la memoria de la lucha de Europa por la libertad. Porque, no debemos olvidar,
que el Muro de Berlín no "cayó" por casualidad;
lo "tiraron" miles y miles de ciudadanos que dijeron "basta"
a la tiranía y la mentira. 3月29日
30 MARZO 2009
NO TENER CONFIANZA ES NO TENER PAZ
No queremos hablar con nadie
ni contarle a nadie nuestra pena,
nos han engañado
y hemos perdido la confianza
No tener confianza, desconfiar, es perder la calma, es no tener paz. Hoy en día los hombres y las mujeres desconfiamos de todo y por lo tanto no tenemos paz. Vivimos recelando, pensando en que todos nos pueden engañar.
Tal vez sea porque tampoco nosotros somos auténticos, tal vez sea por eso. Lo cierto es que vivimos en un mundo de engaño. Engaño en los negocios, engaño en los artículos que consumimos, comida, cremas, accesorios, contratos, etcétera; engaño en el amor y en la amistad. Y cuando somos sinceros, honestos, ¡cuánto nos duele que alguien nos traicione!
Creer en nuestros semejantes, en nuestros seres queridos, es necesidad vital para poder vivir. Creer plenamente, sin sombra de duda en el ser amado es condición necesaria para sublimarnos en toda nuestra integridad moral como el que alguien nos diga: - ¡Creo en ti!. Pero los seres humanos nos fallamos unos a otros y es ahí cuando aparece el dolor, los celos, la desconfianza.
Tal vez hoy tengamos eso, dolor, decepción, estamos heridos, nos han engañado... Tal vez aquel puesto de trabajo que nos prometieron fue un engaño, tal vez aquel juramento de amor no fue sincero, tal vez aquella amistad nos clavó un puñal por la espalda... Traición, mentira, desilusión, elementos y sensaciones que nos hacen estar tristes, muy tristes. No queremos hablar con nadie, no queremos contarle a nadie nuestra pena, ¡nos han engañado! y hemos perdido la confianza.
Por ese dolor, de la índole que sea, no nos dejemos aniquilar. Dios es nuestro Padre y nos está cuidando, un Padre todo amor y en El si podemos confiar. Fijémonos en los niños cuando juegan en el Parque. Andan corriendo un poco lejos de su madre, pero si tropiezan y caen, o algo los asusta, corren a refugiarse en los brazos de ella que los acoge solícita y el niño con un suspiro de llanto apoya su cabecita en el regazo materno porque allí se siente seguro y CONFIADO. Eso es lo que necesitamos cuando las cosas nos hacen sufrir, tener confianza en nuestro PADRE Dios pero también en los hombres. El niño no solo cuando cae o tiene miedo, sino cuando encuentra una florerilla corre gozoso a mostrársela al ser querido. Así nosotros en nuestras penas, pero también en nuestros acontecimientos gratos, en nuestros triunfos y alegrías vayamos a Él para mostrarle y agradecerle todo aquello que nos llena de dicha.
La falsedad, aunque en estos tiempos parece acosarnos para donde miremos, no es un mal de hoy. Ya lo podemos ver en el texto de (Jeremías, IX, 3 y 55) "Nada de fidelidad, solo el fraude predomina en la tierra. Amontonan iniquidad sobre iniquidad... recelan uno del otro, nadie confía en nadie todos engañan, todos difaman... no hay en ellos palabras de verdad. Tan avezadas están sus lenguas a la mentira, que ya no pueden sino mentir".
Nos engañamos, nos mentimos unos a otros porque no somos auténticos. Hemos de vivir nuestra existencia con autenticidad para poder confiar y dar confianza a nuestros semejantes.
Estamos llamados a hacer un mundo nuevo. Un mundo mejor. Un mundo verdad. Y LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES. Para eso tenemos que vivir nuestra propia vida con auténtica verdad. Una auténtica renovación en nuestras vidas, empezando por confiar en la Humanidad.
3月28日
DIA 29 MARZO DEL 2009
QUINTO DOMINGODE CUARESMA
REFLEXIÓN SOBRE EL SANTO EVANGELIO DEL DÍA
(Jn 12, 2º - 33)
En aquel tiempo, entre los que habían llegado a Jerusalén para dar culto a Dios con ocasión de la fiesta, había algunos griegos. Estos se acercaron a Felipe, que era natural de Betsaida de Galilea, y le dijeron. «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe se lo dijo a Andrés, y los dos juntos se lo hicieron saber a Jesús. Jesús contestó: «Ha llegado la hora en que Dios va a glorificar al Hijo del hombre. Yo les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere dará fruto abundante. Quien aprecia su vida terrena, la perderá; en cambio, quien sepa desprenderse de ella, la conservará para la vida eterna. Si alguien quiere servirme, que me siga; correrá la misma suerte que yo. Todo aquél que me sirva será honrado por mi Padre. Me encuentro profundamente angustiado; pero, ¿qué es lo que puedo decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? De ningún modo; porque he venido precisamente para aceptar esta hora. Padre, glorifica tu nombre».Entonces se oyó esta voz venida del cielo: Yo lo he glorificado y volveré a glorificarlo. De los que estaban presentes, unos creyeron que había sido un trueno; otros decían: Le ha hablado un ángel. Jesús explicó: Esta voz se ha dejado oír no por mí, sino por ustedes. Es ahora cuando el mundo va a ser juzgado; es ahora cuando el que tiraniza a este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo en vez que haya sido elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacía mí. Con esta afirmación, Jesús quiso dar a entender la forma en que iba a morir.
Reflexión
¿Has visto alguna vez cómo germina una semilla de trigo para que nazca una nueva espiga? Seguro que no. Porque eso nunca se ve. Todo sucede debajo de la tierra. Sólo podemos ver, si acaso, cuando el tallito de la nueva espiga comienza a despuntar en el campo. Pero todo el proceso de germinación permanece oculto a nuestros ojos. Primero tiene que caer el grano de trigo en el surco, morir y podrirse bajo tierra para luego dar origen a una nueva espiga.
En el Evangelio de este quinto domingo de Cuaresma, nuestro Señor nos habla del misterio de la vida y del secreto de la fecundidad espiritual: “Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”. Es la necesidad de morir para tener vida. Este tema nos introduce directamente en las celebraciones de la Pascua, que estamos ya para conmemorar y revivir dentro de una semana: el misterio de nuestra vida a través de la muerte de Cristo.
El domingo pasado escuchábamos decir a Jesús que como la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado también Él para darnos vida eterna. Y hoy vuelve a afirmarlo sin rodeos: “Y yo, cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”. Nuestro Señor tenía muy presente esta hora suprema de su vida, y sabía que había venido a la tierra precisamente para cumplir esta misión. Es más, siente una santa ansiedad por que llegue cuanto antes el momento de nuestra redención, como lo diría en otro lugar: “Yo he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero, sino que arda? Tengo que recibir un bautismo de sangre, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!” (Lc 12, 49-50). Pero, a pesar de su conciencia mesiánica, la sensibilidad humana de Jesús no deja de experimentar una profunda turbación interior en el duro trance de su pasión: “Ahora mi alma se siente turbada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? ¡Pero es para esta hora para la que yo he venido! Padre, glorifica tu nombre”.
Muchos teólogos han visto en estas palabras de Cristo, con gran razón, como una anticipación de lo que sería su agonía en el huerto de Getsemaní. Pero nuestro Señor no se echa para atrás. Él “ofrecerá su espalda a los que lo golpeaban y sus mejillas a los que le arrancaban la barba” –como diría el profeta Isaías, refiriéndose a los sufrimientos del Siervo de Yahvéh (Is 50,6)–. Y, contrariamente a lo que nosotros pudiéramos pensar –si juzgamos según los criterios del mundo– es en esta humillación suprema de su pasión y de su muerte en cruz cuando llega al culmen de su “glorificación”.
Ya había anticipado esta idea durante su transfiguración sobre el monte Tabor. Pero, paradójicamente, será en el Calvario en donde toque el ápice de su plena glorificación como Mesías y como Redentor: “He aquí que mi Siervo prosperará, será elevado, ensalzado y puesto muy alto”. Así introduce Isaías el cuarto cántico del Siervo de Yahvéh (Is 52,13). Y a continuación describe toda la ignominia de sus sufrimientos y humillaciones. ¡Así son los planes de Dios, tan contrarios –y contradictorios– a los pensamientos de los hombres! (Is 55,8). Su exaltación sobre la tierra se realizará en la cruz. Y de esta manera llevará a plenitud su obra mesiánica y redentora.
¡Sólo quien contempla este misterio con fe puede llegar a comprenderlo! De lo contrario, es un absurdo. Por eso la cruz fue piedra de escándalo para los judíos y locura para los paganos; pero poder, sabiduría de Dios y salvación para los cristianos (I Cor 1, 22-25). Si nosotros no queremos escandalizarnos ni rebelarnos cuando nos visite la cruz y el sufrimiento en nuestra vida –y todos tenemos nuestras horas de amargura y de dolor, ¡todos!– necesitamos la fe ante este misterio. Sólo si nos abrazamos con fe y con amor a Cristo Crucificado, seremos capaces de vivir con paz y serenidad nuestra propia existencia. Porque sólo la cruz, aceptada con fe, con humildad y dócil resignación, como Jesús y como María Santísima, dará sentido a nuestro dolor y a toda nuestra vida.
Éste es el misterio de la fecundidad y de la grandeza del cristianismo: por la muerte llegamos a la vida, por el sufrimiento al gozo, por la cruz a la resurrección. Es ésta la lección más importante que nos ha dado Jesucristo con su Pasión y la fuerza necesaria para seguir sus huellas, recorriendo su mismo camino. Éste es el poder de nuestra fe, el que vence al mundo y nos da vida eterna. ¡Te adoramos, oh santísimo Cristo y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo!
silencio
LA VIRGEN DEL SILENCIO CONTEMPLATIVO
Maria.
Lo más poderoso ante Dios,
lo más silencioso ante el mundo.
Cuantas veces calló María,
para que hablaran sus obras,
para que hablara Dios en Ella y en los demás
Decía san Juan Crisóstomo que “no sería necesario recurrir tanto a la palabra, si nuestras obras diesen auténtico testimonio”. Y con verdad, pues está claro que muchas veces los hechos son más elocuentes que los dichos.
También María, nuestra Madre, recurrió poco a la palabra. Era callada Ella. Realmente, cuántas palabras se ahorró. Pero, cuánto dejó dicho sin palabras. Cuánto dejó escrito con su vida. Cuánto testificó con sus obras.
María, la Virgen del Silencio, nos enseña el valor de un silencio fecundo y humilde, cuajado de obras y realizaciones. Nos alecciona magistralmente en el difícil arte de decir poco y hacer mucho.
Sí, cuántas veces calló María, para que hablasen sus obras, y para que hablase Dios en Ella y en los demás. Era el suyo un silencio hecho oración y acción. Un silencio lleno, no vació ni hueco. Un silencio colmado de Dios, de sus palabras, de sus maravillas. María “guardaba todas las cosas meditándolas en su corazón”, afirma el Evangelio. Porque sólo en silencio se pueden comprender las palabras de Dios y “sus cosas”.
No se trataba, por tanto, de una simple ausencia de palabras, de ruidos, de distracciones. El silencio de María fue un silencio contemplativo de la obra de Dios en su vida, en la de Jesús, en la de los demás. Un silencio de humildad, de discreción, de ocultamiento. Un silencio fecundo en buenos pensamientos, en proyectos de ayuda a los necesitados, en propósitos de entrega y donación.
El silencio de la Virgen durante su vida fue como un gran mosaico de pequeños silencios. Vamos a detenernos un momento a contemplar, desde la fe, algunos de ellos.
El silencio ante José.
Imaginemos aquella escena en la que, un buen día, María regresaba de la región montañosa tras visitar y ayudar a su prima Isabel. Ya habían pasado más de tres meses desde la Anunciación. A María ya se le notaba que estaba en cinta. Y cuando vio a José, que le salió al encuentro por el camino, le dio una gran alegría, pero a la vez un grande apuro. José notaría su estado. Y, de hecho, lo notó. Ambos estaban prometidos en matrimonio, pero aún no vivían juntos; y resulta que Ella ya esperaba un hijo.
Entonces María, ante el asombro de José, no comenzó a explicarle lo de la aparición del ángel, ni lo del mensaje del cielo, ni que el Niño era de Dios... No. María prefirió callar.
José estaba confundido. Y no era para menos. Sin embargo, miró a los ojos a María y los vio tan puros, tan limpios, tan inocentes, que creyó más a los ojos de María que a los suyos propios. José amaba a María y confiaba en Ella, pero no alcanzaba a comprender lo que ocurría.
La Virgen no estaba segura de la reacción de José. Por eso es conmovedor este silencio suyo. Ella intuyó que Dios se lo daría a entender a José mejor que Ella misma, como Él sabe y cuando Él lo juzgase oportuno.
María guardaba silencio sin culpa alguna. Callaba aun a costa de su propia honra. De hecho José, que era bueno y justo, decidió repudiarla en secreto.
La Santísima Virgen, al no excusarse, al no decir nada a José, a nosotros nos está diciendo mucho. Nos está diciendo que nos sobran muchas palabras y demasiadas veces. Nos sobran muchos “es que”, muchos “es que yo no tuve la culpa”, “es que yo no era el único”, “es que yo no tengo nada que ver”, ante nuestros fallos y deficiencias. Nos falta más silencio y resignación y nos sobran excusas. Y eso que la mayoría de las veces somos culpables de verdad...
María era inocente. Y no es fácil callarse ante la calumnia, ante la injusticia, ante la incomprensión cuando uno es inocente. Ella calló ante la posibilidad todo eso...
¡Qué admirable el largo silencio de María en Nazaret! Ella poseía el secreto más
grande de la historia: la llegada de Dios al Mundo. Y sin embargo, calla.
Ni una palabra, ni la más mínima alusión o referencia a su enorme secreto durante los treinta años en Nazaret. Treinta años de continua convivencia con los vecinos y vecinas del pueblo sin decirles nada al respecto.
Treinta años con algo tan grande entre manos y ni una palabra. Y vaya si habrá tenido mil ocasiones, durante todo ese tiempo, para hacerle saber a más de alguno o alguna quién era Ella y quién era su Jesús. Sin embargo no, no quiso decir nada. Se mantuvo callada.
¡Qué ejemplo de discreción de nuestra Madre! Ejemplo para nosotros que nos sentimos más cuando sabemos algo que otros no saben. Sobre todo si es algo bueno acerca de nosotros mismos... Ejemplo para nosotros que apenas logramos callar por unos minutos (no treinta años) el chismecillo que acabamos de escuchar entre los amigos o amigas en la tertulia. Ejemplo para nosotros que nos preocupamos tanto a veces de hacer ver a los demás a quién se están dirigiendo, a quién están molestando, a quién le están pidiendo un favor, a quién le están dando una indicación...
No. Ella no fue así. La Virgen escogió el silencio. María, la Madre de Dios, quiso pasar desapercibida. Sin decir nada teniendo al Hijo de Dios en casa. Durante treinta años...
El silencio ante la muerte de José.
También la muerte llegó un día a casa de María. Venía a llevarse a su esposo José. El pobrecito llevaba enfermo ya varios días. Empeoraba cada vez más. María empezó a temerse lo peor. Y así fue. José, sereno, entraba en su último trance. La Virgen, junto a la cabecera del lecho, en silencio, oraba. Su dolor callado era sostenido por su rezo transido de confianza.
Lo asombroso de este episodio es que estaba allí, con Ella, el mismo Dios Omnipotente, que en un instante podría haber curado a José y haber acabado con aquella pesadilla. Pero María no pidió nada a Jesús en esa ocasión. Volvió a guardar silencio. Quiso pasar el trago amargo de la muerte de su esposo, pidiendo a Dios, sin palabras, que se cumpliese su voluntad. Esto fue templando su delicada alma de mujer para poder sufrir, también en silencio y oración, algunos otros momentos terribles que llegarían...
El silencio durante la vida pública de Jesús.
¡Qué discreción la de María durante aquellos años! La fama de Jesús se extendía por doquier. Se hablaba de Él por todas partes. Sí, también en Nazaret. Y a María le llegarían diariamente muchos y muchas para hablarle de su Jesús y contarle lo que de Él se decía. Y Ella, ante todo eso, mantuvo silencio y discreción. Lo mantuvo en las buenas y en las malas. Lo mantuvo cuando veía y escuchaba los éxitos de Jesús, sus milagros, sus predicaciones irresistibles. No andaba diciendo a todo el mundo que Ella era la madre de ese Jesús. Y lo mantuvo también cuando a su Hijo Jesús le tildaban de loco, de endemoniado, de comilón y bebedor, de amigo de publicanos y pecadores... Todo eso llegaría a Nazaret puntualmente (como todos los chismes)... Y La Virgen también callaba entonces. No salió a su defensa gritando por las calles. No organizó manifestaciones con pancartas de protesta ante tales calumnias. Eso lo hubiéramos hecho nosotros. Ella volvió a preferir el silencio aun a costa de su humillación. María, además, seguía el derrotero de la vida de su Hijo, desde lejos, en segundo plano. Apoyando con sus oraciones y sacrificios la obra de su Hijo. Como tantas de nuestras madres. A las que sólo Dios sabe cuánto les debemos...
Sin duda a la que más debemos es a María. Ella sigue en silencio tan pendiente de nosotros como lo estuvo de Cristo.
El silencio después de Pentecostés.
Otro gran momento en la historia. El momento de la explosión expansiva de la Iglesia de Cristo por el mundo. Y María, de nuevo en silencio.
No la vemos en las plazas públicas predicando la Buena Nueva a grandes voces y en decenas de lenguas. No la sorprendemos haciendo milagros por las cercanías del templo ante el asombro de media Jerusalén.
Ella seguía callando y oraba. Oraba mucho. Y ese silencio-oración sostenía la Iglesia naciente y le daba pujanza y fecundidad. Precisamente por esa intercesión silenciosa, María era la Mediadora de todas las gracias. Sí, de todas esas gracias que estaba Dios concediendo a raudales a través de la predicación y milagros de los apóstoles.
3月26日
![[cristo+redentor.jpg]](http://4.bp.blogspot.com/_OolIlSL46IY/RpEQuQ-b98I/AAAAAAAAArA/k9VqaShjuBM/s1600/cristo%2Bredentor.jpg)
CRISTO ES REDENTOR
PORQUE ES EL HIJO DE DIOS
Cristo es por encima de todo,
el Hijo de Dios,
enviado al mundo para salvarnos
La liturgia de estos días nos va hablando de cómo Jesús se va encontrando cada vez más ante un juicio. Un juicio que Él hace sobre el mundo y, al mismo tiempo, un juicio que el mundo hace sobre Él. El juicio que el mundo hace sobre Él se define en la fe, y por eso dirá: “Si no creen que Yo soy”. Ese juicio, que se define en la fe, es el juicio del hombre que tiene que acabar por aceptar la presencia de Dios tal y como Él la quiere poner en su vida, porque mientras el hombre no acepte esto, Jesucristo no podrá verdaderamente salvarlo.
Cristo es acusado, y por eso dirá: “Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre conocerán lo que Yo soy”. Pero, al mismo tiempo es juez, y es Él mismo el que realiza el veredicto definitivo sobre nuestro pecado.
El juicio que nosotros hacemos sobre Cristo se resume en la cruz. Dios envía a su Hijo, y el mundo lo crucifica; Dios realiza la obra de la redención a través del juicio que el mundo hace de su Hijo, es decir de la cruz.
Esto es para nosotros un motivo de seria reflexión. El darnos cuenta de que nuestro juicio sobre Cristo es un juicio condenatorio, porque lo llevan a la cruz.
Nuestros pecados, nuestras debilidades, nuestras miserias, reconocidas o no, son las que juzgan a Cristo. Y lo juzgan haciéndolo que tenga que ser levantado y muerto por nosotros. Ésa es nuestra palabra sobre Cristo; pero, al mismo tiempo, tenemos que ver cuál es la palabra de Cristo sobre nosotros. Jesús dirá: “Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, entonces conocerán que Yo soy”. Ese “Yo soy”, no es simplemente un pronombre y un verbo, “Yo soy” es el nombre de Dios. Cuando Cristo está diciendo “Yo soy”, está diciendo Yo soy Dios.
La cruz es la que nos revela, en ese misterio tan profundo, la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, porque la cruz es el camino que Dios elige, que Dios busca, que Dios escoge para hacer que nuestro juicio sobre Él de ser condena, se transforme en redención. Ésa es la moneda con la que Dios regresa el comportamiento del hombre con su Hijo.
Hay situaciones en las que, por nuestros pecados y por nuestras debilidades, vivimos en la obscuridad y en la amargura. Parecería que la expulsión de la comunión con Dios, que produce todo pecado, sería la auténtica respuesta de Dios al hombre, y, sin embargo, no es así. La auténtica respuesta de Dios al hombre es la redención. Mientras que el hombre responde a Dios juzgando, condenando y crucificando a su Hijo, Dios responde al hombre con un juicio diferente: la redención, el perdón. Pero para eso nosotros necesitamos ponernos en manos de Dios nuestro Señor.
Cristo constantemente nos está diciendo que Él es redentor porque es Hijo de Dios. Es decir, Él es el redentor porque es igual al Padre. “Yo soy”, no me ha dejado solo, yo hago siempre lo que a Él le agrada. Ése es Cristo. Por eso es nuestro redentor. Cristo no es solamente alguien que se solidariza con nosotros, con nuestros pecados, con nuestras debilidades; Cristo es, por encima de todo, el Hijo de Dios, enviado al mundo para salvarnos.
Tenemos urgencia de descubrir esto para hacer de Cristo el primero. Único y fundamental punto de referencia; criterio, centro y modelo de toda nuestra vida cristiana, apostólica, espiritual y familiar, para que verdaderamente Él pueda redimir nuestra vida personal, para que Él pueda redimir la vida conyugal de los esposos cristianos, para que Él pueda redimir la vida familiar, para que Él pueda redimir la vida social de los seglares cristianos, porque si Cristo no se convierte en punto de referencia, no podrá redimirnos.
Se acerca la Semana Santa, que son momentos en los que podríamos quedarnos simplemente en una contemplación sentimental de los misterios de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor, cuando lo que está sucediendo en la Semana Santa es que Cristo se convierte en el juez y Señor de la historia, en el único que puede vencer a lo que destruye a la historia, que es la muerte. Cristo, vencedor de la muerte, se convierte así en el Señor de toda la historia y de toda la humanidad; en juez de toda la historia de la humanidad, y lo hace a través de la cruz, por lo que se transforma de condena en redención.
Seamos capaces de ir cristianizando cada vez más nuestros criterios, de ir cristianizando cada vez más nuestros comportamientos y de ir haciendo de nuestro Señor el punto de referencia de nuestra existencia. Que nuestra fe, nuestra adhesión, nuestro ponernos totalmente del lado de Cristo se conviertan en la garantía de que nosotros no muramos en nuestros pecados, sino que hagamos de la condena que sobre ellos tendría que cernirse, redención; y del castigo que sobre ellos tendría que caer en justicia, hagamos misericordia en nuestros corazones.

SALTAR AL VACIO
Hay quienes pasan la vida
buscando novedosos métodos de oración
y de todo tipo de actividad,
pero llegado el momento,
no hablan con Dios
Cada vez que veía fotos de hombres lanzándose desde un avión,
el joven sentía la necesidad interior de estar entre ellos.
Quería ser paracaidista.
-¿Por qué ellos sí y yo no? -se decía.
Lo primero que hizo fue conseguir un instructivo libro
sobre diversos tipos de paracaídas.
Después inició y concluyó
un estudio comparativo de aviones modernos.
Como se dio cuenta de que ignoraba muchas cosas,
decidió estudiar también un master en caída de cuerpos,
atracción de masas y fricción.
Concluyó su preparación con un año de estudios meteorológicos
y movimientos de corrientes de aire.
Por fin, cuando se sintió preparado,
eligió cuidadosamente el avión.
Era un bimotor que aún seguía en uso y tenía buen aspecto.
Al despegar le dijo al piloto
que se dirigiera al punto que, ya antes, le había señalado en el mapa con una regla y un compás.
El momento se acercaba y al elevarse el avión,
el joven sentía más y más el vértigo entusiasmante de volar.
Por fin, cuando se encontraban a la altura perfecta
se levantó del asiento,
abrió la escotilla y sintió el viento helado en la cara.
Permaneció allí unos instantes
llenando los pulmones con el puro azul del cielo...
Pero no saltó.
Cerró la escotilla y mandó aterrizar.
Había olvidado que para saltar hace falta una cosa más.
Ser un valiente.
Conozco a quienes pasan la vida preparándose para orar;
buscan métodos de oración novedosos
y consejeros de todo tipo pero, llegado el momento,
no hablan con Dios.
Y es que para hablar con Dios hay que ejercitar la fe
y olvidan que para vivir de fe hace falta...
ser un valiente; o sea, pedirla.
3月24日
DIA 25 DE MARZO DEL 2009
BIMILENARIO DE SAN PABLO
EN EL CONCILIO DE JERUSALÉN
EL TRIUNFO DE LA LIBERTAD CRISTIANA
Nosotros nos salvamos
por la gracia del Señor Jesucristo,
del mismo modo que se salvan los paganos
¿Le esperaba mucha paz a Pablo después del primer viaje apostólico por las regiones interiores del Asia Menor? Ahora se las va a ver con otras dificultades muy serias.
La alegría en la iglesia de Antioquía era muy grande cuando todos vieron cómo Dios abría las puertas de la fe a los paganos, tal como contaban Pablo y Bernabé al regresar de su primera misión. Todos se decían con gozo:
-¡Hay que ver la cosecha enorme de creyentes que se avecina!...
Así se pensaba en Antioquía. Pero en la iglesia madre de Jerusalén, en la que habían abrazado la fe muchos sacerdotes del Templo y gran cantidad de fariseos, cundía el temor, y se decían:
-¿Qué hacen los antioquenos al abrir las puertas a tantos paganos sin obligarles a recibir la circuncisión ni observar la Ley de Moisés?... La salvación, es cierto, está en la fe del Señor Jesús; pero junto con la Ley de Dios dada a nuestros padres y al pueblo elegido.
Los que así pensaban no se detuvieron en ideas y palabras solamente, sino que enviaron emisarios a Antioquía para imponer su verdad:
-Si esos convertidos del paganismo no se circuncidan y no observan la Ley de Moisés, no se pueden salvar.
La Iglesia de Antioquía, muy preocupada, y con toda razón, determinó enviar a Jerusalén emisarios que consultaran el asunto con los Apóstoles. El grupo expedicionario siguió la costa, y, al pasar por las comunidades cristianas de Fenicia y de Samaría, Pablo y Bernabé “narraban la conversión de los gentiles y causaban grande alegría a todos los hermanos” (Hch 15,1-35)
Llegados a Jerusalén, toda la Iglesia, con los ancianos y los apóstoles a la cabeza, los recibieron gozosos y escuchaban con pasmo a los dos grandes evangelizadores:
- ¡No se imaginan ustedes cuántas cosas ha hecho Dios por nosotros! ¡Cuántos paganos han abrazado la fe del Señor Jesús!...
Pablo nos cuenta muchos más detalles. (Ga 2,10) Reconociendo la autoridad de Pedro, de Santiago y de Juan, “que eran considerados como columnas”, les pregunta en privado con sinceridad:
- ¿He actuado bien? ¿Estoy salvaguardando la verdad del Evangelio?...
Ellos, los tres, emocionados, le tendieron la mano. Era un gesto de los persas cuando aceptaban y daban una palabra, gesto que se apropiaron los judíos.
Ahora los apóstoles le dicen a Pablo:
-¡Sigue, sigue predicando a los gentiles como lo haces, mientras que nosotros nos dedicamos aquí a los judíos. Únicamente, acuérdate de los muchos pobres de aquí…
Y añade Pablo: “Esto de los pobres lo he procurado cumplir”.
Cosa que nosotros veremos cuando realice la gran colecta que él mismo llevará años más adelante a Jerusalén.
Pero mientras Pablo y Bernabé entusiasmaban a todos, los judaizantes insistían: “Es necesario circuncidar a esos paganos convertidos y mandarles que guarden la ley de Moisés”.
No había manera… Y ante esto, se tomó la resolución: -¡Una asamblea general, a ver qué nos dice el Espíritu Santo!...
Y así se hizo. Sin pensar en lo que serían los Concilios en la Iglesia, éste venía a ser, improvisado, el Concilio primero. Se discutía larga y acaloradamente. Pedro, aceptado por todos como suprema autoridad, habló decidido, y recordando el bautismo del centurión Cornelio, sentenció:
-Dios, por medio mío, dio testimonio a favor de los paganos comunicándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros. ¿Por qué entonces se empeñan algunos en imponerles la Ley, un yugo que ni nosotros ni nuestros padres pudimos soportar?
Nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que se salvan ellos, esos paganos.
Pablo y Bernabé reventaban de alegría en medio del silencio que se produjo ante tales palabras de Pedro. E, invitados a hablar, contaban las maravillas que Dios había realizado por ellos entre los gentiles.
El golpe final, la estocada última, vino de quien menos se podía esperar: de Santiago, el judío riguroso y encargado u obispo de la Iglesia en Jerusalén, respetado de todos los judíos por su estricta observancia de la Ley a pesar de la fe en Jesús. Sus palabras fueron decisivas, aunque dichas sin la impetuosidad de Pedro o la energía de Pablo:
- ¡No se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios!
Y siguió el severo Santiago:
- Únicamente hay que aconsejarles, por respeto a los judíos que podrían ofenderse, que se abstengan de comer carnes sacrificadas por los paganos a sus ídolos, que no coman carne de animales estrangulados ni la sangre, y que eviten la fornicación. Convendría mandarles una carta aconsejándoles esto. De lo demás, ¡nada!... ¿A qué venían estas observaciones de Santiago? Eran normas prácticas prudentes.
Santiago pide atención a estas costumbres, aunque ya no obliguen para nada.
La cuestión quedaba zanjada para siempre. Triunfaba la libertad cristiana. Y esto, como anotaba claramente la carta sugerida por Santiago, lo expresaban con una frase que vale por todo un mundo: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”. Hay que aprenderlo bien: ¡El Espíritu Santo y nosotros!...
Esta será la norma invariable de la Iglesia a lo largo de los siglos: los Pastores unidos en Pedro - hoy los Obispos en comunión con el Papa- tienen la última palabra, asistida por el mismo Espíritu Santo.
¡Hay que ver la seguridad que nos dan cuando nos enseñan!...
La asamblea escribió la carta recomendada por Santiago y fue llevada personalmente por dos delegados, Judas y Silas, a las iglesias formadas por los creyentes venidos del paganismo.
¿Cómo reaccionaron los destinatarios?
Nos lo comentan los Hechos:
- En Antioquía reunieron la asamblea y entregaron la carta. La leyeron y todos se alegraron por los grandes alientos que con ella habían recibido.
Pablo había triunfado en toda la línea. Pero los judaizantes no habían muerto. Y continuarán siendo ellos la gran tortura del Apóstol.
Esta página de los Hechos sobre el Concilio de Jerusalén es de una gran importancia. ¡Y lo que debemos a Pablo! Si no hubiera sido por él, por la energía indomable con que defendió “su evangelio”, su doctrina sobre la fe en el Señor Jesús, ¡quién sabe las esclavitudes que estaríamos padeciendo en la Iglesia aún a estas horas! Que si sacrificios…, que si animales puros e impuros…, que si imágenes…, que si primogénitos de hombres y animales…, que si cuántos días de la mujer…, que si luna llena…, que si primicias…, que si mil cuentos más… “Lo que ni nosotros ni nuestros padres pudieron soportar”, dijo Pedro en la asamblea.
¡Gracias, Pablo! ¡Cuánto bien nos hiciste!...
LAS RAÍCES DE EUROPA
CUANDO EUROPA FUE A LA UNIVERSIDAD
La universidad fue un invento europeo
nacido de manos de la iglesia
La universidad es un “invento” europeo nacido de manos de la Iglesia.
El siglo XIII es el siglo de las universidades.
El desarrollo académico necesitaba proteger los intereses de profesores y alumnos,
y mantener su carácter de “cuerpo”.
Aunque hay universidades que nacen “de cero”,
las primeras en aparecer, y también las que alcanzaron más prestigio,
fueron las que surgieron a partir de las escuelas episcopales del siglo XII: París, Oxford y Bolonia.
El desarrollo académico necesitaba de una cierta autonomía
frente a los poderes municipales y episcopales.
El conflicto se dirimió acudiendo al Papa,
que asentó la independencia de la institución y sus privilegios.
De un total de 44 universidades europeas antes de 1400,
al menos 31 contaron con un documento fundacional pontificio,
lo que subraya su carácter internacional y su condición eclesiástica.
La Bula “Parens Scientiarum” (1231) de Gregorio IX
recordó la dependencia de las universidades de la Santa Sede.
La palabra “universidad” (“universitas”) en el siglo XIII significaba “asociación, consorcio”.
Así, el 1221 la Universidad de París habla de sí misma como
“Nos Universitas magistrorum et scholarium Parisiensium”
(“Nosotros, el consorcio de profesores y estudiantes de París”).
Además, del término “universidad”, se emplea también el de “Estudio General”,
definido en las Partidas de Alfonso X como “Ayuntamiento de maestros et de escolares,
que es fecho en algunt logar con voluntad et con entendimiento de aprender los saberes”.
Con el calificativo de “general” se indicaba la procedencia internacional de sus miembros,
y la validez universal de sus títulos para poder enseñar en cualquier lugar del mundo
(“licentia ubique terrarum” o “licentia ubique docendi”),
que sólo el Papa y, con el tiempo, también los emperadores y los reyes, podían conceder.
3月22日
HÉRCULES Y LA MONTAÑA
Cuando Hércules era un joven de delicado rostro que tenía la vida por delante, salió una mañana para cumplir con un encargo de su padrastro. Pero su corazón estaba lleno de amargos pensamientos, y renegaba porque otros, que no eran mejores que él, llevaban una vida cómoda y placentera, mientras que su vida estaba cargada de trabajo y dolor.
Mientras pensaba en esto, llegó a un lugar donde cruzaban dos caminos, y se detuvo sin saber cuál tomar. El camino de la derecha era accidentado y tosco. No tenía belleza, pero Hércules vio que conducía directamente hacia las azules montañas de la lejanía. El camino de la izquierda era ancho y despejado; a ambos lados tenía árboles donde cantaba un coro de aves, y serpeaba entre verdes vegas donde florecían las más bellas flores. Pero terminaba en la niebla y la bruma, sin llegar a las maravillosas y azules montañas.
Mientras el joven meditaba su decisión, vio que dos bellas mujeres se le acercaban, cada cual por un camino. La que venía por el camino florido llegó primero, y Hércules vio que era hermosa como un día de verano. Tenía mejillas sonrosadas y ojos resplandecientes, y hablaba con palabras cálidas y persuasivas.
-Oh noble joven –dijo-, no te sometas más al trabajo y los esfuerzos. Sígueme y te conduciré por sendas amenas donde no hay tormentas que te perturben ni problemas que te fastidien. Vivirás cómodamente, en una ronda incesante de música y alegría, y no te faltará nada que alegre la vida: ni chispeante vino, ni mullidos divanes, ni ricas túnicas, ni los adoradores ojos de bellas doncellas. Ven conmigo, y la vida será como una ensoñación.
Para entonces la otra mujer se había acercado, y también le habló.
-No tengo nada para prometerte -dijo-, salvo aquello que ganarás con tu propia fuerza. El camino por el cual te conduciré es irregular y escabroso, y trepa por muchas colinas y desciende en muchos valles y hondonadas. Los paisajes que verás desde las cimas a veces serán majestuosos e imponentes, pero los profundos valles son oscuros, y el ascenso desde ellos es trabajoso. No obstante, ese camino conduce hasta las azules montañas de inmortal fama, las cuales divisas a lo lejos. No puedes llegar a ellas sin esfuerzo; más aún, no hay nada que valga la pena tener que no se deba ganar mediante el trabajo. Si deseas flores y frutos, debes plantarlos y cuidarlos; si deseas el amor de tu prójimo, debes amarlo y sufrir por él; si deseas gozar del favor del cielo, debes hacerte digno de él; si ansías la fama eterna, no debes desdeñar el duro camino que a ella conduce.
Hércules vio que esta dama, aunque era tan bella como la otra, tenía un semblante puro y gentil, como el cielo en una cálida mañana de mayo.
-¿Cómo te llamas? –preguntó.
-Algunos me llaman Trabajo –respondió ella-, pero otros me llaman Virtud.
Hércules se volvió hacia la primera dama.
-¿Y cuál es tu nombre? –preguntó.
-Algunos me llaman Placer –dijo ella, con una sonrisa seductora-, pero prefiero hacerme llamar Dicha y Alegría.
-Virtud –dijo Hércules-, te escojo como guía. Mío será el camino del trabajo y del esfuerzo, y mi corazón ya no albergará amargura ni descontento. Y apoyó su mano en la mano de Virtud, y entró con ella en el recto y temible camino hacia las bellas montañas azules del lejano horizonte.
DIA 22 DE MARZO DEL 2009
DOMINGO IV DE CUARESMA
REFLEXIÓN SOBE EL SANTO EVANGELIO DE DIA
“Dijo Jesús a Nicodemo:
Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único, para que el mundo se salve.
Él no mandó a su Hijo para condenar al mundo”.
( San Juan, cap.3, 14-21)
¿Quien inf ormó al evangelista sobre ese encuentro allá en Jerusalén? Porque allí estaban solamente el Maestro y Nicodemo, bajo una noche arropada de sombras. Pero quizás este magistrado judío, que más tarde pidió el cuerpo del Señor para sepultarlo, pudo luego compartir su experiencia de Jesús con los discípulos del Resucitado.
El diálogo de aquellos dos rabinos se extendió sobre diversos temas, de los cuales san Juan nos presenta un resumen. Aunque resalta en su relato, una idea central que podemos llamar El Manifiesto de Jesús. Si el Señor lo hubiera proclamado ante la multitud que le seguía, nadie lo hubiera captado claramente. Si lo hubiera presentado a los Doce, algunos de ellos no hubieran comprendido.
Resolvió entonces explicarlo ante un hombre que además de honrado, era un judío ferviente: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que el mundo se salve por él. Él no mandó a su Hijo para condenar al mundo”. En tiempos de Jesús ciertos líderes habían convertido el judaísmo en una telaraña de preceptos, ante un Dios exigente y justiciero. Algo muy lejano de la intención de Moisés y los profetas. Pero el Maestro desbarata este esquema, señalando la razón fundamental por la cual Dios se hizo hombre. “Por nosotros y por nuestra salvación”, rezamos en el Credo. Fue enviado por Alguien al cual definirá luego san Juan como Amor sustancial. Y su tarea será hacernos sentir que Dios nos ama. Pero este amor no puede ser algo teórico. Ha de ser comprendido y vivido por cada hombre y mujer de cuantos pisamos el planeta.
Repasamos cómo insiste el Señor en el amor del Padre y en la salvación que Él nos trae. Basta leer las tres parábolas del capítulo 15 de san Lucas: La oveja perdida, la moneda extraviada y el padre misericordioso. Y las frecuentes expresiones de Jesús: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Alguna vez en la vida a cada mortal se le plantea el dilema de creer o no creer. Antes llamábamos ateos a quienes rechazaban todo ideario religioso y el estilo de vida consiguiente. Hoy, apoyados en el Manifiesto de Jesús, vale presentar al hombre contemporáneo otra disyuntiva más honda, más creativa, más conmovedora. Es necesario escoger entre dejarnos amar, o rechazar el amor infinito que Dios ha manifestado en su Hijo.
Alguien comentaba a sus amigos: “Yo hacía treinta y dos años que no pisaba una Iglesia. Pero me detectaron una enfermedad terminal. Entonces busqué a mi párroco, y entre los dos arreglamos la maleta. Ahora me paso las horas diciéndole al Señor que me perdone, pues he sido un gran pecador”. Otro sacerdote que lo escuchó le dijo: “No pierdas tiempo diciéndole al Señor lo que Él ya sabe. Aunque la memoria de Dios en relación con nuestras culpas, dicen que no es muy buena. Trata más bien de sentir todo el amor que Dios te tiene y así podrás aguardar sin angustia el día del encuentro”.
3月20日
LAS MANOS JUNTAS DE MARÍA
Al verlas me recuerdan
que su oficio más importante en el Cielo
es el de interceder por nosotros
En la mayoría de las imágenes de María,la encontramos con las manos juntas.
Por así decirlo, se refuerza esa esperanza, esa certeza en la protección materna de la Virgen. Esas manos juntas de la Virgen nos recuerdan permanentemente que el oficio más importante de Ella en lo más alto de los Cielos es interceder, es rezar. ¿A quién se acercan los hombres y mujeres? ¡A aquellos que saben que rezan por ellos! Como se dice en el Oficio de Pastores, en el responsorio: "¡Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo!".
Esas manos juntas de la Virgen nos recuerdan que Ella sigue cumpliendo en el Cielo ese oficio principal, que fue su oficio principal también aquí en la tierra, porque entre los muchos privilegios que tiene la Santísima Virgen hay un privilegio que hace que Ella sea el refugio de los pecadores; hace que Ella sea el imán que atrae a las multitudes, hace que Ella sea llamada bienaventurada por todas las generaciones, y a medida en que nos vayamos acercando al fin de los tiempos, más aún; de alguna manera, como vemos en la actualidad, los Santuarios que mayor número de peregrinos tienen son santuarios de la Virgen: Guadalupe, Lourdes, Fátima, Luján, etc.
Esas manos juntas nos recuerdan que un día en Caná de Galilea Jesús le dijo: "no ha llegado mi hora", porque se habían quedado sin vino. Sin embargo, la Santísima Virgen, con plena conciencia de que Ella es Madre del Hijo de Dios, va a imperarles a los servidores: «¡Haced lo que Él os diga!». El Hijo Único de Dios, Aquel que es consustancial al Padre y al Espíritu Santo, no pudo decir que no a esa intercesión, a ese pedido de la Santísima Virgen, y por así decirlo se vio obligado a realizar ese primer milagro, porque la Santísima Virgen es la "Omnipotencia suplicante". No es omnipotente como Dios es omnipotente. Como Dios es omnipotente, sólo Dios es omnipotente. La Virgen no tiene la omnipotencia por su naturaleza, que es una naturaleza humana, pero sí tiene una forma muy particular de omnipotencia: es la "Omnipotencia suplicante", es la omnipotencia de aquella que siempre alcanza lo que pide, porque así como su Hijo la escuchó en Caná de Galilea, así su Hijo en este mismo instante sigue escuchando todos y cada uno de los pedidos de la Santísima Virgen.
Por eso, por muy difíciles que sean los momentos para nosotros, Aquella que ha comenzado en nosotros la obra buena, Ella misma la llevará a feliz término.
Por eso hoy, con renovado fervor, nos encomendamos a María; le pedimos por nuestra familia, por nuestros trabajos, necesidades y enfermedades. Y le pedimos a Ella la gracia de poder aportar nuestro pequeño granito de arena para la construcción del Reino de Dios.
Esas manos juntas de María, nos invitan a la oración, las manos juntas de la Inmaculada de Lourdes, y las manos juntas de la Inmaculada de Fátima: "Rezad, rezad mucho, dijo con aire de tristeza, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno, por no tener quien se sacrifique y pida por ellas".
3月19日
JESÚS, LA MEJOR OPCIÓN EN LA VIDA
A veces nuestras decisiones nos llevan por otros caminos
La Escritura habla constantemente de la presencia de Dios como el único, como el primero en el corazón del pueblo de Israel, y usa la imagen del escuchar, del oír para indicar precisamente esta relación entre Dios y su pueblo.
Cuando a Jesús le preguntan ¿cuál es el primero de todos los mandamientos?, para responder Jesús emplea las palabras de una oración que los israelitas rezan todas las mañanas: “Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor, no tendrás otro Dios delante de ti”.
Dentro del camino de la Cuaresma —que es el camino de conversión del corazón—, la escucha, el llegar a oír, el ser capaces de recibir la Palabra de Dios en el corazón es un elemento fundamental que se mezcla en nuestro interior con el elemento central del juicio, que es nuestra conciencia.
El profeta Oseas decía: “Ya no tendré más ídolos en mí”. Es necesario aprender a no tener más ídolos en nosotros; hacer que nuestra conciencia se vea plena y solamente iluminada por Dios nuestro Señor, que ningún otro ídolo marque el camino de nuestra conciencia. Podría ser que en nuestra vida, en ese camino de aprendizaje personal, no tomásemos como criterio de comportamiento a Dios nuestro Señor, sino como dirá el Profeta Oseas: “a las obras de nuestras manos”. Y Dios dice: “No vuelvas a llamar Dios tuyo a las obras de tus manos; no vuelvas a hacer que tu Dios sean las obras de tus manos”. Abre tu conciencia, abre tu corazón a ese Dios que se convierte en tu alma en el único Señor.
Sin embargo, cada vez que entramos en nosotros mismos, cada vez que tenemos que tomar decisiones de tipo moral en nuestra vida, cada vez que tenemos que ilustrar nuestra existencia, nos encontramos como «dios nuestro» a la obras de nuestras manos: a nuestro juicio y a nuestro criterio. Cuántas veces no hacemos de nuestro criterio la única luz que ilumina nuestro comportamiento, y aunque sabemos que es posible que Dios piense de una forma diferente, continuamos actuando con las obras de nuestras manos como si fueran Dios, continuamos teniendo ídolos dentro de nuestro corazón.
La Cuaresma es este camino de preparación hacia el encuentro con Jesucristo nuestro Señor resucitado, que, vencedor del pecado y de la muerte, se nos presenta como el único Señor de nuestro corazón. La preparación cuaresmal nos tiene que llevar a hacer de nuestra conciencia un campo abierto, sometido, totalmente puesto a la luz de Dios.
A veces nuestras decisiones nos llevan por otros caminos, ¿qué podemos hacer para que nuestra conciencia realmente sea y se encuentre sólo con Dios en el propio interior? Recordemos el ejemplo tan sencillo de una cultura de tipo agrícola que nos da la Escritura: “Volverán a vivir bajo mi sombra”. Dios como la sombra que en los momentos de calor da serenidad, da paz, da sosiego al alma. Dios como el árbol a cuya sombra tenemos que vivir.
Tenemos que darnos cuenta de que esta ruptura interior, que se produce con todos los ídolos, con todas las obras de nuestras manos, con todos los criterios prefabricados, con todos los criterios que nosotros hemos construido para nuestra conveniencia personal, acaban chocando con el salmo: “Yo soy tu Dios, escúchame”. Él es nuestro Dios, ¿escuchamos a nuestro Dios? ¿Hasta qué punto realmente somos capaces de escuchar y no simplemente de oír? ¿Hasta qué punto hacemos de la palabra de Dios algo que se acoge en nuestro corazón, algo que se recibe en nuestro corazón? Nunca olvidemos que de la escucha se pasa al amor y de la acogida se pasa a la identificación.
Éste es el camino que tenemos que llevar si queremos estar viviendo según el primero de los mandamientos y si queremos escuchar de los labios de Jesús las palabras que le dice al escriba: “No estás lejos del reino de Dios”. Solamente cuando el hombre y la mujer son capaces de hacer de la palabra de Dios en su corazón la única luz, y cuando hacer la única luz se concreta a una escucha, a un amor identificado con nuestro Señor, es cuando realmente nuestra vida empieza a encontrarse próxima al reino de Dios. Mientras nosotros sigamos teniendo los ídolos de nuestras manos dentro del corazón, estaremos encontrarnos alejados del reino de Dios, aunque nosotros pensemos que estamos cerca.
En nuestra conciencia la voz de Dios tiene que ser la luz auténtica que nos acerca a su Reino. Siempre que recibamos la Eucaristía, no nos quedemos simplemente con el hermoso sentimiento de: “¡qué cerca estás de mí, Señor!”. Busquemos, pidamos que la Eucaristía se convierta en nuestro corazón en la luz que va transformando, que va rompiendo, que va separando del alma los ídolos, y que va haciendo de Dios el único criterio de juicio de nuestros comportamientos.
Solamente así podremos escuchar en nuestro corazón esas palabras tan prometedoras del profeta Oseas “Seré para Israel como el rocío; mi pueblo florecerá como el lirio, hundirá profundamente sus raíces. Como el álamo y sus renuevos se propagarán; su esplendor será como el del olivo y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano. Volverán a vivir bajo mi sombra.” Que la luz de Dios nuestro Señor sea la sombra a la cual toda nuestra vida crece, en la cual toda nuestra vida se realiza en plenitud.

DIA 19 DE MARZO
SAN JOSÉ
SAN JOSÉ ES EL ESPOSO VERDADERO DE LA VIRGEN MARÍA
Y, POR LO TANTO, PADRE LEGAL DE JESUCRISTO,
EL FUE EL ENCARGAD DE SU EDUCACIÓN Y SUSTENTO.
El Evangelio llama a José “hombre justo”,
que en el modo de hablar hebreo
significa “hombre santo”
San José vivió con la Santísima Virgen en perfecta castidad,
sin usar del matrimonio, como si fueran hermanos. Pero como era el verdadero esposo de María,
es también padre de Jesucristo;
aunque no según la carne, sino según la ley. Jesucristo no tuvo padre carnal.
Según un trabajo del P. Sebastián Bartina, S.I.,
Catedrático de Ciencias Bíblicas
publicado en la Revista de Estudios Josefinos,
San José era heredero legal del rey David. Por ser descendiente directo,
le correspondían los derechos reales. La familia real de José fue a esconderse a Nazaret,
huyendo de Herodes, el usurpador del trono,
que no era de raza judía, sino idumeo. Al ser Jesús hijo legal de José, era rey de Israel,
no sólo espiritualmente, sino también legalmente. «En el ambiente judío,
la genealogía de un niño se trazaba a través de su progenitor varón,
fuera o no su padre biológico.
Esto difiere sobremanera de nuestra idea de paternidad.
A los ojos de los modernos occidentales,
el padre biológico, no el adoptivo, es el verdadero padre.
Para el Antiguo Testamento, el padre legal era el verdadero padre,
hubiese procreado físicamente o no al hijo.
Providencialmente,
el letrero que Pilatos puso en la cruz expresaba una realidad:
«Jesús Nazareno Rey de los Judíos».
El Evangelio llama José «hombre justo,
que en el modo de hablar hebreo significa «hombre santo».
San José fue carpintero de Nazaret. Fue modelo de trabajador. Por eso la Iglesia lo ha nombrado Patrono de todos los obreros. Murió entre Jesús y María. Por eso también es el Patrono de la buena muerte.
Cuando fundes un hogar, escoge por Patrono a San José,
que también supo lo que significa la preocupación de mantener un hogar. Dice Santa Teresa
que nunca pidió una cosa a San José y que el Santo no se la concediera. Y a los que no lo crean, les dice que hagan la prueba...
Para conocer bien a San José te recomiendo la obra de Bonifacio Llamera, O.P.: Teología de San José104.. De esta obra dice el gran teólogo español Antonio Royo Marín, O.P.:
«Esta obra es, con mucho,
la mejor que se ha escrito hasta hoy de San José en el mundo entero».
3月17日
EN EL BIMILENARIO DE SAN PABLO
COMIENZA LA SEGUNDA MISIÓN
POR TIERRAS DE LA GALACIA
Pablo quería desplazarse por las ciudades costeras del Asia Menor.
Pero el Espíritu Santo no hacia más que ponerle dificultades
Había pasado el Concilio apostólico de Jerusalén. Pablo y Bernabé se hallaban de nuevo en Antioquía. Felices, como podemos suponer, con tanto cristiano venido del paganismo, y sin el acoso ya de los judaizantes que les exigían la circuncisión y la observancia de la Ley de Moisés. Así todo un año casi, hasta la primavera o tal vez el otoño del 49.
Pablo no aguantaba más la presión de su celo, de modo que un día soltó impetuoso:
-Oye, Bernabé, ¿por qué no emprendemos otro viaje hacia el Asia Menor, ya que la otra vez nos quedamos sólo por las ciudades del centro?
El bueno de Bernabé, humilde y condescendiente, acepta, aunque sabe que queda en un segundo plano, pues Pablo se ha convertido en el jefe indiscutible.
Por más que se suscitó un incidente doloroso, cuando Pablo no admitió en su compañía a Marcos, sobrino de Bernabé, por no considerarlo todavía maduro.
-¡No, Marcos no viene con nosotros! Sé lo mucho que te debo, Bernabé. Pero esta vez no cedo. Sin ti, yo no hubiera entrado en la comunidad de Jerusalén cuando todos me tenían miedo. Viniste a buscarme en Tarso y a ti te debe también todo la Iglesia de Antioquía. Pero Marcos no viene ahora con nosotros. Nos abandonó la primera vez cuando vio las montañas del Tauro, y ahora nos hará lo mismo.
Pablo y Bernabé se separaros amistosamente, porque ambos tenían un corazón muy grande. Pablo recordará siempre agradecido a Bernabé, y tendrá en Roma a Marcos, el futuro evangelista y secretario de Pedro, como un valioso y querido ayudante.
Pablo escogió entonces por compañero a Silas, un colaborador magnífico. Y los hermanos, como habían hecho la vez anterior, despidieron con emoción a los dos emprendedores mensajeros del Evangelio:
-¡Vayan! Aquí nos quedamos nosotros encomendándoles continuamente a la gracia de Dios y a la fuerza del Señor Jesús (Hch 15,40-41; 16,1-10)
El viaje va a estar lleno de alegrías y de incertidumbres, pues el Espíritu Santo no tiene los mismos planes que Pablo y le va a cortar los pasos más de una vez.
Empieza Pablo recorriendo unas iglesias bien conocidas, las más cercanas a Antioquía y las de Cilicia, como la de sus paisanos de Tarso. Para todas tiene palabras de aliento, pues “recorrió Siria y Cilicia consolidando las iglesias”:
-¡Animo! Ya ven cómo el Espíritu del Señor Jesús estuvo con ustedes en la reunión de los apóstoles de Jerusalén. Y ustedes, hermanos judíos, siéntanse felices con la libertad que les da el Señor.
Para internarse en el Asia Menor escoge Pablo ahora el camino más directo, pero mucho más duro que el del viaje anterior. Les esperan quebradas angostas de muy pocos metros entre paredes montañosas de hasta cien metros de altura; ríos que habían de vadear; soledades peligrosas, pobladas de fieras y siempre al acecho de bandoleros; sin una cueva donde pasar la noche, sino bajo la enramada de un árbol o en una hendidura de alguna roca; y sin más comida que las pequeñas provisiones que podían llevar consigo. Ocho o más días de un viajar heroico.
Grandes fatigas en esta expedición misionera, pero también grandes satisfacciones al encontrarse con cristianos fervorosos en las comunidades evangelizadas en el primer viaje. Como en Listra, donde fue Pablo lapidado hasta quedar medio muerto, y donde ahora se encuentra con el que sería su discípulo más querido: Timoteo, el mayor regalo que Dios le guardaba.
Pablo se dirige a Loida, abuela judía, y a Eunice, madre viuda del muchacho:
-¿Dejarían a su hijo y nieto Timoteo venirse con nosotros?...
Las dos, excelentes cristianas, responden generosas:
-¡Llévatelo, y que sea un gran colaborador tuyo en la obra del Señor!
Hecha la visita a las comunidades del viaje anterior, Pablo quiso evangelizar primero en las ciudades costeras como Éfeso y después en Bitinia, casi junto al Mar Negro, pero venía impedimento tras impedimento, de modo que los Hechos dicen por dos veces:
“El Espíritu Santo les impidió predicar en Asia…, no se lo permitió el Espíritu de Jesús”.
En estas idas y vueltas, Pablo, Silas y Timoteo se ven en la región de Galacia, y una circunstancia inesperada les da la oportunidad de predicar el Evangelio a sus gentes.
¿Cuál fue esta circunstancia inesperada?
Una enfermedad repentina y grave de Pablo.
Y aquí se encuentran con las gentes más simpáticas, descendientes de las tribus celtas que atravesaron la Galia, la Francia actual, y vinieron hasta estas tierras a las que dieron su nombre de Galacia. Gentes simpáticas, decimos, porque como reconocía el mismo Julio César, eran “ansiosos de saber, curiosos, despiertos”.
Además, son muy generosos, como lo demuestran con Pablo, que caía gravemente enfermo. Lo curaban, lo cuidaban, lo mimaban de tal modo, que años después les escribirá Pablo:
“Saben bien que una enfermedad corporal me dio ocasión para evangelizarles por primera vez; y no obstante la prueba que suponía para ustedes mi cuerpo, no me mostraron desprecio ni repugnancia, sino que me recibieron como a un mensajero de Dios, como al mismo Cristo Jesús”.
En estas palabras adivinamos todo lo que ocurrió (Ga 4,12-14)
Una pura casualidad, aunque muy providencial, detuvo a los misioneros en Galacia. Mientras Pablo está gravemente enfermo, pero tan cariñosamente cuidado por los habitantes del lugar, Silas y Timoteo evangelizan. Y Pablo, apenas restablecido lo suficiente, hace igual. Entre los tres, consiguen que el nombre de Jesús llene la región entera. No fue larga la estancia en Galacia, pero los frutos fueron muy grandes.
Ahora, ¿hacia dónde dirigirse?... ¡Al puerto de Tróade, cara al Mediterráneo! A ver qué querrá aquí el Espíritu del Señor Jesús.
Lo van a saber pronto. En Tróade, a sólo veinte kilómetros de la legendaria Troya, se encuentra Pablo con un médico antioqueno, bueno de verdad, que ya había abrazado la fe.
Lucas no sólo termina de curar a Pablo, sino que además le habla de lo que el competente médico ya conoce:
-Pablo, ¿no sabes nada de Macedonia? La tenemos muy cerca. Es la parte superior de Grecia. Mira a sus habitantes, que corren tanto por aquí. Gente magnífica, podrías hacer mucho en su tierra. Piénsalo.
Pablo quería desplegarse por las ciudades costeras del Asia Menor. Pero el Espíritu Santo no hacía más que poner estorbos. Y ahora viene este Lucas a clavarle la espina aguda de una grave inquietud:
-¿Por qué no pasas el mar?...
Pronto veremos cómo va a parar todo tan felizmente…
3月16日

“LAS RAÍCES DE EUROPA”
TRES IMPORTANTES PERSONAJES EUROPEOS
SE REUNEN EN UN MONASTERIO BENEDICTINO
A ORILLAS DEL RHIN
Fueron políticos
con un gran sentido de la responsabilidad histórica
ante sus pueblos y ante la historia
Parece el principio de un chiste, pero no:
así es como empezó la actual Unión Europea.
Efectivamente, en 1951,
antes de comenzar las difíciles negociaciones
que dieron lugar al Tratado de París,
(que a su vez dio origen a la Comunidad Europea
del Carbón y del Acero,
la primera de las Comunidades Europeas)
Konrad Adenauer (Canciller del gobierno alemán),
Robert Schuman (ministro de exteriores francés)
y Alcide De Gasperi (presidente del consejo de ministros italiano)
se reunieron en un monasterio benedictino a orillas del Rhin
para meditar y orar juntos.
Eran hombres de una profunda fe cristiana,
y al mismo tiempo políticos
con un gran sentido de la responsabilidad histórica
ante sus pueblos y ante la historia.
Europa acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial,
destrozada material y espiritualmente,
llena de refugiados, con odios todavía no curados,
con la amenaza de otra guerra
fruto de la guerra fría entre la URSS y los EEUU.
Europa se recuperó
de manos del humanismo de inspiración cristiana,
del que estos tres hombres, los “Padres de Europa”,
eran testigos ejemplares.
El Papa beatificará
al primer presidente del Parlamento Europeo
Se ha clausurado la fase diocesana del proceso de beatificación de Robert Schuman (1886-1963).
Schuman nació en Luxemburgo.
Fue ministro de Finanzas, de Exteriores
y de Justicia del gobierno francés,
y el primer presidente del Parlamento Europeo.
El 9 de mayo de 1950 hizo su famosa Declaración,
considerada la piedra angular de la moderna Europa.
En ella se decantaba por la creación de una Alta Autoridad europea,
origen de una Federación de estados europeos,
que lograra la deseada paz en Europa.
Al año siguiente se firmó el Tratado de París,
el primero de los Tratados europeos.
Schuman fue un católico convencido.
Su fe no se reducía a una tradición,
o una creencia privada, a un recuerdo del pasado,
sino una fuerza viva y actual capaz de contribuir a una Europa en paz.
Su vida es otra contribución del cristianismo
a la construcción de una Europa moderna y democrática. 3月15日
O P O R T U N I D A D
Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente camino a mi trabajo todos los días, de llegar a la casa y mi esposa servir lo mismo de comida para cenar, la cual no me gustó mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja por que quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño. Después, tomo mi revista para leerla placidamente en mi sillón y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis brazos, yo quiero leer mi revista y sale mi esposa con su:
- ¿que tal me veo?, me arreglé para ti - le digo que bien sin despegar mis ojos de mi revista.
Para variar, se enoja conmigo por que dice que no la comprendo y que nunca la escucho, no se por que se enoja si le pongo toda mi atención, es más, aún viendo la TV. Le pongo atención, bueno, siempre y cuando haya malos comerciales, a veces quisiera estar solo y no escuchar nada, yo solo quiero descansar; suficientes problemas tengo en el trabajo para escuchar los de mi casa. Mis Padres también me incomodan algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padres, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos. Es por eso que solo deseo mi tiempo de descanso.
- Hola, vengo por ti. - ¿Quién eres tú?, ¿Como entraste? - Me manda Dios por ti, dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar. - Eso no es posible, para eso tendría que estar ...... - Así es, si lo estas, ya no te preocuparas por ver a la misma gente, ni por caminar, ni de aguantar a tu esposa con sus guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, es mas, jamás escucharás los consejos de tu Padres. - Pero... ¿que va a pasar con todo? ¿con mi trabajo? - No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, está muy feliz por que no tenia trabajo. - ¿Y mi esposa¿ ¿y mi bebé? - A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades que tú nunca observaste en ella y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada, por que gracias a Dios y a ella, tiene algo que llevarse a la boca todos los días a diferencia de otras persona que no tienen nada que comer y pasan hambre hasta por meses y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella, son muy felices. - No, no puedo estar muerto. - Lo siento, la decisión ya fue tomada. - Pero... eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebe, ni a decirle Te amo a mi esposa, ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio, ni darle un brazo a mis padres, ya no volveré a vivir, ya no existiré mas, me enterraran en el panteón y ahí se quedara mi cuerpo cubierto de tierra. Nunca más volveré a escuchar las palabras que me decían: Hey amigo, eres el mejor; Hijo mío, estoy orgulloso de ti; cuanto amo a mi esposo; hermano mío, que bueno que viniste a mi casa; papito... - NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa y los míos, NO QUIERO MORIR TODAVIA.... - Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para SIEMPRE. - NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS....!!!! - ¿Que te pasa amor?, ¿tienes una pesadilla? dijo mi esposa despertándome. - No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebe, de mi familia, de todo lo que Dios me dio.
¿Sabes?, estando Muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo. Una vez cerrando tus ojos, nadie te garantiza volver a abrirlos. QUE BELLO ES VIVIR !!!! HOY LO LOGRE, MAÑANA ... MAÑANA DIOS DIRA.
Despertar a cada día es maravilloso aun que las cosas no vayan nada bien, Dios nos da la oportunidad de despertar.
Ojala valoremos realmente nuestra vida, todo lo bueno que tenemos y ver el lado positivo de lo negativo que nos pasa.
Hay que recordar que estamos de paso y que nuestra vida no depende de nosotros sino de Dios...
DIA 15 DE MARZO 2009
COMENTARIO AL SANTO EVANGELIO
DEL III DOMINGO DE CUARESMA
(Jn 2, 13 – 25)
Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado.» Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará. Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este Santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús. Mientras estuvo en Jerusalén, por la fiesta de la Pascua, creyeron muchos en su nombre al ver las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos porque los conocía a todos. y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre.
Reflexión
Ya tenemos un nuevo templo. ¿¡Otro!? Sí, pero no estamos hablando de la construcción de otro templo protestante o de los testigos de Jehová, gracias a Dios. Se trata de un templo muy especial. Verás.
En las dos semanas anteriores meditábamos en el significado existencial y espiritual del desierto y de la montaña. Ahora nos toca detenernos en el templo. Ésta es la tercera etapa de nuestro camino cuaresmal. Y éste es también el tema del Evangelio de este tercer domingo de Cuaresma. Si cuando hablamos del desierto y de la montaña, decíamos que eran lugares privilegiados para la oración, con mayor razón lo es el templo.
Pero Juan está para presentarnos una escena dramática e impresionante: Jesús, con una violencia insólita, va a expulsar a los mercaderes de ese lugar de oración, que es el templo. Y para comprender mejor este pasaje, tratemos de penetrar en las circunstancias históricas del relato.
Nos encontramos ya muy próximos a la Pascua. Las fiestas pascuales eran las celebraciones religiosas más importantes del año para todo judío. En ellas conmemoraban la liberación de Israel del yugo del faraón y de la esclavitud en Egipto. Recordaban con gran solemnidad y regocijo cómo Dios, aquella primera noche santa de Pascua, había pasado por las casas de los egipcios matando a todos los primogénitos, desde los hombres hasta los animales, tomándose venganza de los falsos dioses de Egipto sin que los israelitas sufrieran ningún daño. “Pascua” significa precisamente “paso” del Señor. Aquella noche inmolaron el cordero, símbolo de la liberación y del sacrificio ofrecido al Señor Yahvéh. Y eran tan importantes estas fechas que todo judío piadoso –incluso los de la diáspora– debían viajar a Jerusalén, al menos una vez en la vida, para dar gracias a Dios por estos gloriosos acontecimientos de salvación.
Por eso, con ocasión de las fiestas de Pascua, Jerusalén se atestaba de peregrinos venidos de todas las partes del mundo conocido. La ciudad santa contaba por entonces con unos 50.000 habitantes y se dice que para estas celebraciones llegaba a albergar incluso hasta medio millón de visitantes. Durante esos días, la gente se dirigía al templo a orar, a ofrecer limosnas y holocaustos, además de la inmolación solemne del cordero pascual. Pero todos estos animales debían ser ritualmente “puros” y los sacerdotes se encargaban de aprobarlos. Los que habían sido comprados fuera del templo eran considerados no aptos para el sacrificio. Por supuesto que eran los sacerdotes quienes disponían de esos animales “idóneos”, y los vendían a los peregrinos en el recinto del templo tres o cuatro veces más caros del costo ordinario. Y, por si fuera poco, tenían que comprarlos con moneda local. Por eso existían tantos puestos de cambiamonedas, y en cada cambio le robaban a la gente una buena tajada. Obviamente, los dueños de todo este comercio eran los saduceos y los sumos sacerdotes del templo, con Anás y Caifás a la cabeza. Así, en cuestión de dos semanas hacían su agosto y obtenían ganancias superlativas, más que durante el resto del año.
¿Cuál fue el espectáculo que contempló Jesús al entrar ese día al templo? Un griterío, la algarabía de la gente y las discusiones por los cambios de moneda, los pleitos por los abusos en la venta de animales, y el ir y venir de todo el mundo, buscando cada uno su interés particular: los mercaderes, los vendedores de animales, los guardias, los peregrinos. El templo de Dios, literalmente, convertido por sus propios ministros en un mercado, en una “cueva de ladrones”.
Es entonces cuando nuestro Señor, sin pronunciar palabra alguna, pero arrebatado por una santísima ira e indignación, cogió unos cordeles con los que formó un látigo, y con toda la furia de su santo celo comenzó a expulsar a los vendedores, a volcar las mesas de los cambistas con el dinero, a derribar las sillas y a sacar a todos los animales del templo. “Quitad todo esto de aquí –les mandó con toda la audacia de su autoridad– y no convirtáis la casa de mi Padre en una cueva de ladrones”.
El templo era la casa de su Padre y ellos, los sacerdotes, que se creían los puros, los perfectos, la habían profanado con sus robos, con su avaricia, con el tráfico de sus injusticias y de sus arbitrariedades.
¡Esos mismos, los jefes religiosos, quienes se supone que tenían que acercar a la gente a Dios! Por eso Jesús se rebela contra tanta hipocresía y falsedad, y viene a purificar el templo. Pero los intereses económicos de los sacerdotes eran demasiado elevados como para quedarse callados. Y una vez más se encaran con Jesús –como ya lo habían hecho tantas otras veces para tentarlo y ponerlo a prueba– y le preguntan con qué autoridad hace Él esas cosas. ¡Estaba pasando por encima de su poder y destruyendo sus intereses demasiado egoístas y mezquinos!
“Destruid este templo –les responde– y en tres días lo levantaré”. ¡Claro que ellos se burlan!: “Cuarenta y seis años se han tardado para construirlo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?” Ellos no entienden ni jota, como siempre. “Pero Jesús –nos dice el evangelista– hablaba del templo de su cuerpo”. Ha comenzado una nueva era, la edad mesiánica que ya había anunciado desde el inicio de su predicación, y que ellos nunca comprendieron. Jesús es el nuevo Templo. Con Él ha comenzado el nuevo Testamento, la nueva Alianza, el tiempo nuevo de la Iglesia. De hoy en adelante ya no va a importar tanto el edificio material de piedra y de madera, construido en Jerusalén, porque el Cuerpo del Señor es el verdadero templo, el Cuerpo místico de Cristo compuesto por todos los bautizados.
Jesús, con su pasión, muerte y resurrección, inició también la verdadera Pascua: Él es nuestra Pascua y nuestro Cordero pascual, inmolado por nuestra salvación. La verdadera liberación no es la de Egipto, sino la de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna.
Hemos llegado, pues, a la tercera etapa de nuestro itinerario cuaresmal, que nos va preparando para celebrar la Pascua del Señor. Vivamos ya desde ahora unidos a Jesucristo nuestro Señor con el corazón purificado por el amor a Él y a los hermanos. La autenticidad de nuestro culto cristiano y de nuestra devoción tiene que medirse por las obras y por la caridad hacia el prójimo.
3月13日
MARIA CUMPLE LA MISIÓN QUE DIOS LE DA
Pedirle a María que nos de la fuerza
para saber responder a Dios
cada día
Toda vida humana es una llamada no solamente a la existencia, sino que encierra en sí misma una misión determinada, aunque a veces escondida para nosotros. María es el ejemplo más noble de una creatura que recibe una misión de Dios y la lleva a término de modo acabado y perfecto.
Al nacer se nos da una misión. Nuestra vida comienza más auténticamente cuando recibimos la gracia del bautismo. ¿De qué nos hubiera valido nacer -dice S. Agustín- si no hubiéramos sido redimidos? Con el nacimiento de María quedó marcado, de modo singular, en la historia el plan de Dios, el misterio escondido desde todos los siglos. Ella, como todos nosotros, fue elegida antes de la creación del mundo para ser santa en el amor. Pero María tiene una misión muy particular y única: La de hacer posible la presencia del Verbo entre nosotros. Gracias a que María aceptó la misión de ser Madre del Salvador, pudo realizarse la redención del género humano.
Dios elige nuestra misión. No somos nosotros los que hemos decidido vivir, ni tampoco quienes escogimos las circunstancias de nuestro nacimiento. No nos define, por tanto, en primer lugar, la libertad, sino la dependencia de Dios. “El mundo y el hombre -nos dice el Catecismo de la Iglesia católica, n.34- atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin”. Hemos sido elegios en Cristo y “destinados de antemano según el designio de quien todo lo hace conforme al deseo de su voluntad” (Ef 1,11). Esta es la elección general. Dios providente nos presenta a cada cual el modo como tenemos que llevar adelante esa elección. En María se manifiesta de una forma muy patente: Dios envió a su ángel, a una ciudad de Nazaret, en el sexto mes, a una doncella llamada María. Dios sabe el cuando de cada una de nuestras vidas y de un modo u otro nos descubre la forma de llevar adelante nuestra vocación: Amarle en esta vida y gozar de El eternamente en el cielo.
Responsabilidad en el cumplimiento de la misión. Este plan de salvación de Dios para cada uno de nosotros exige una respuesta responsable y madura. En ella nos jugamos el destino de nuestras vidas. No es, por tanto, una cuestión de poco más o menos. Es la cuestión fundamental de la vida. “El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad, si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su creador” (Gaudium et Spes, n. 19). María escucha con atención el plan que el Señor le propone en el mensaje del ángel y con plena conciencia, confiando en la palabra de Dios, responde: “Aquí está la esclava del Señor, que me suceda según dices”.
Pedirle a María que nos conceda la fuerza para saber responder a Dios cada día con mayor autenticidad y responsabilidad.
M A Y U C A
Tengo un amigo de nombre Diego
que, cuando iba a empezar el pasado año 2008
me decía:
"Ya verás, este va a ser tu mejor año",
y no le faltaba razón...
En enero, a mi madre le diagnostican una depresión, por lo que era ingresada en mayo en una clínica, allí estuvo más de un mes. En febrero, a mi hermana le extirparon la tiroides al completo, pues estaba fuera de control. A mí, en los meses de marzo y abril me tuvieron que hacer algunas pruebas médicas para tratar de diagnosticar un asunto renal. En mayo tuve un accidente con mi coche, que no tenía ni tres meses, en el que casi vuelco. En junio mi padre fue ingresado con una conjuntivitis aguda en el único ojo en el que tiene visión, estuvo una semana en el hospital. También en junio, llevamos a urgencias a Mayuca, mi suegra, con una anemia. Mi mujer y yo veíamos que el año venía bien servido, y pensaba en lo poco afortunado del comentario de mi amigo.
Mayuca llevaba más de 13 años sobre una silla de ruedas por un coche que la atropelló, y entre los distintos aspectos que esta situación suponía, estaba el hecho de llevar dentro de su cuerpo un pequeño depósito con baclofeno para reducirle la espasticidad. Pues bien, en julio hubo que ir al Hospital de Parapléjicos de Toledo pues, como cada 5 años, tocaba el cambio de dicha bomba.
Esa, y otras aventuras similares, formaban parte de su vida cotidiana, como ocurre a todas las persona en tales circunstancias y también a sus familiares, por lo que podríamos decir que aquel día fue uno más, con la salvedad de que a su marido, en una resonancia magnética, le descubrieron un tumor en el cerebro.
Lo que parecía un atisbo de demencia senil resultó, a las dos semanas, en la extirpación parcial de un tumor maligno. Rápidamente intensificamos nuestras oraciones y comenzamos a acompañarle en el hospital diciéndole que se recuperaría de 'una lesión', todos, preocupados, sólo deseábamos terminar felizmente este episodio cuanto antes.
No habían pasado diez días cuando a Mayuca le diagnostican otro tumor maligno, en este caso encío-mandibular. Esto nos dejó bloqueados. No había lugar a dudas, Dios nos estaba poniendo a prueba, estaba llamando a nuestra puerta y nos quería coger de la mano para acompañarle en el dolor.
Hacía relativamente poco que habíamos ido juntos a ver la película de "La Pasión de Cristo", y resultaba fácil imaginar que con esta noticia, Jesús, cargando con la Cruz, se había parado delante de nosotros y nos invitaba a seguirle. Cada uno asimilamos como pudimos este encuentro inopinado con la Cruz y le seguimos, no podíamos hacer otra cosa.
Mayuca, especialmente por el papel que le había tocado vivir en los últimos años, era el centro del hogar, sobre el que giraba todo, pues el atenderla en su incapacidad requería la coordinación de todos. Y ella, desde ese singular 'trono' era quien llevaba las riendas, esto implícitamente hacía de ella el nexo de unión entre todos.
Por lo tanto, la noticia de su tumor fue demoledora, excepto para ella, que además al mismo tiempo se enteró de que su marido también tenía uno. Ella, acostumbrada a sufrir, si es que a eso se puede acostumbrar uno, reconoció al instante que sus días de purificación en la tierra habrían sido muchos, pero ya se le estaban terminando. Tuvo una serenidad admirable. Tenía muy claro que no hay motivo para estar tristes: somos hijos de Dios.
Y siguiendo con la cronología, a primeros de agosto, mi hermana tuvo un accidente de tráfico en el cual de las tres personas que iban, una salió despedida del vehículo, pero ella resultó ilesa. El coche fue declarado siniestro total.
No había terminado el mes de agosto, cuando mi suegro sufre una parada cardio-respiratoria y a los tres días fallece.
Recuerdo perfectamente cuando Mayuca iba a verlo al hospital, lo miraba con cariño, y le hablaba con el corazón, sin ruido de palabras, imagino que contándole lo de su tumor, y muchas cosas más que todos sabemos y al pensarlas se nos hace un nudo en la garganta, y nos llenan de envidia porque sabemos había mucho amor sincero. Un amor auténtico, gracias al cual era posible sobrellevar todas las cosas con calma, y hasta con sentido del humor.
Por su parte, Mayuca era operada del tumor de la mandíbula a principios de octubre, colocándole un trozo de hueso que le habían extraído de la cadera. En dicha estancia hospitalaria coge una neumonía. Ocho días más tarde, en vista de que el hueso no está siendo aceptado, en una nueva operación le quitan el injerto de la cara. Su cuerpo, cada vez más débil, pasa 3 semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos, luchando por sobrevivir a las complicaciones de la neumonía.
A mediados de noviembre, la abertura de la cadera no ha cicatrizado y se la tienen que coser. Poco después le dan el alta. La llegada al hogar es dura, pues no vuelve ni la sombra de lo que fue. Su cuerpo está machacado por las múltiples intervenciones; y su aspecto, desfigurado, hasta el punto que tiene serias dificultades para alimentarse e incluso para tragar saliva. Todo ello provoca que a la debilidad del cuerpo, se una la debilidad anímica. Ella, sencilla, nos cuenta que está cansada, pero sigue luchando.
Es un ejemplo incontestable de amor a la vida, cada día, con sus matices, pequeños unos y otros no, siguiendo adelante, agradeciendo las visitas, las flores, siendo paciente ante nuestras faltas de paciencia, satisfecha de estar, de saber que la queremos con nosotros. Un tesoro de riqueza que se te escurre entre los dedos cuando aún no has empezado a valorarlo.
A finales de mes vuelve al hospital con infección, y en una semana vuelve a casa, pero a la semana siguiente de nuevo al hospital. Con docilidad, sin perder la paz, sabiendo que todo formaba parte de los planes de Dios, Mayuca dejaba hacer. Hasta el último día rezando el rosario y llenándose de su fuerza. Mientras, nosotros, inquietos, reconociendo que nos estaba poniendo a prueba, cada uno vivía su combate, a solas con Dios, tratando de entender sus designios.
Finalmente Mayuca nos dejó, no pudimos estar con ella el día de Navidad, pero su marido sí, y le habrá podido contar cómo fue la fiesta de cumpleaños de su nieta, a la que ella asistió a finales de noviembre.
Con estas letras, a las que nos animó su confesor, quiero agradecer a Mayuca la oportunidad que me ha brindado de aprender muchas cosas, entre ellas a sobrellevar la adversidad. Estoy alegre de haber compartido con ella esos momentos de dolor y sufrimiento, de haberla tenido entre mis preocupaciones y en mis oraciones.
Gracias, Mayuca, porque al final he entendido que sí, que este ha sido mi mejor año. Y gracias a Dios, porque ha habido momentos en los que hemos cogido junto a Él la Cruz y en otros Él ha sido quien nos ha cogido en brazos.
También estamos muy agradecidos a todos los hospitales por el buen trato que hemos recibido en todos los casos: Clínica Universitaria de Navarra (Pamplona), Hospital Clínico(Valladolid), Hospital Pío del Río Hortega (Valladolid), Hospital Nacional de Parapléjicos (Toledo), Hospital Gregorio Marañón (Madrid).
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